Opinión

El amigo de las malas palabras

La reunión del elenco de "Friends", 17 años después del final de la serie, reveló las diferencias entre las ideas estadounidense y argentina de la amistad.

Viernes 11 de Junio de 2021

Si Pol-ka o Axel Kutchevasky tuvieran los verdes para comparar los derechos y se animaran a hacer una versión criolla de “Friends” el título está cantado: “Boludos”. Seguramente no pasaría la censura, la peor de todas, la que cada uno se impone a sí mismo. Porque la “palabrita” no solo es la más usada del castellano que se habla en Argentina de Perón, Maradona y el dulce de leche sino que además está, como Dios manda, aceptada por la Real Academia Española, la RAE, como llaman los pibes que no saben buscar en otro lugar que no sea Google, pero que, cuando tienen una duda ortográfica -eso no pasa nunca, lo sé, pero sería genial que pasara-, tipean a la velocidad de la luz las tres letras R, A y E, una pegadita a la otra, y, ¡zas!, le dan Enter. Que va a llegar uno más papista que el Papá que va a decir que no es un título para un programa de televisión, que es muy fuerte, que no es “para toda la familia”, no cabe ninguna duda, pero, ante de la duda de estar a las puertas de un éxito, algo que la televisión extraña más que un abrazo un enfermo de covid, el OK está asegurado y que sea lo que Dios quiera.

¿Qué dice la RAE sobre la dichos “palabrita” que, según la entonación, el lugar, la hora, las circunstancias, y lo más importante, el destinatario, puede ser tanto una invocación amistosa, tierna, amable, o el peor de los agravios, disparada entre dientes, con el ceño fruncido, los ojos inyectados en sangre, suena como la peor de las maldiciones? Lo dejó bien en claro el Negro Fontanarrosa cuando en el Congreso de la Lengua hizo su encendida y legendaria defensa de las malas palabras. “Hay palabras de las denominadas malas palabras, que son irremplazables: por sonoridad, por fuerza y por contextura física”, explicó ante un teatro El Círculo sumido en un silencio expectante, acaso cómplice, seguro estupefacto. Y se animó a dar un ejemplo: “No es lo mismo decir que una persona es tonta, a decir que es un pelotudo. Tonto puede incluir un problema de disminución neurológico realmente agresivo. El secreto de la palabra “pelotudo”- que no sé si está en el Diccionario de Dudas – está en la letra T. Analicémoslo. Anoten las maestras…”

Claro, hablaba de la prima hermana de la “palabrita”, que suena más robusta, más hiriente, más cruel. La RAE, fiel a su estilo tan pulcro y elegante, asegura que se trata de un “adjetivo malsonante” que en el lenguaje coloquial de la Argentina significa “necio o estúpido”, que no son lo mismo, pero que hay que admitir que a la muchachada de “Friends” tanto lo uno como lo otro le caen como anillo al dedo. Y después se quejan de la adolescencia tardía de los millennials, que se quedan atornillados en la casa de los padres hasta los treinta y pico y más allá sin que se les caiga la cara de vergüenza, si los padres se criaron con la nariz pegada en la pantalla del televisor viendo las andanzas de Monica, Rachel, Phoebe, Chandler, Joey y Ross, el sexteto de Nueva York, que se la pasa yendo de la cama al living y a tomar café al Central Perk, como si no hubiera nada mejor que hacer en la vida que el “dolce far niente”, trabajar en una tienda Ralph Lauren, conseguir un papel en un culebrón insufrible, dar clases sin leer un libro, tocar la guitarra todo el día y otras zonceras que le pondrían los pelos de punta a Jauretche y a su enceguecida legión de seguidores, militantes incansables de la argentinidad al palo.

Son como los pibes de “La banda del Golden Rocket”, pero con el pelo corto; como Carlín Calvo y Pablito Rago, los “Amigos son los amigos”, pero sin la picardía, el viejo fletero ni el “vos fumá”, “es una lucha”, tan argentos, tan propios, tan autóctonos como el mate, la desgracia, el Martín Fierro y las enseñanzas del Viejo Vizcacha, ¿se acuerdan?, aquello de “hacete amigo del juez”, que en los últimos años enamoró a la política, y hace caso omiso a la esencia del legendario poema gauchesco de José Hernández, que asegura sin medias tintas que “siempre el amigo más fiel es una conducta honrada”. Pero cada uno es cada cual y toma de cada cosa lo que más le conviene. Al fin y al cabo los chicos de “Friends”, quedó clarísimo en su soporífera reunión 17 años después…, mienten descaradamente, se esconden cosas, espían a los vecinos, duermen con el enemigo y aún así son los héroes de una generación. Como el Diego y la mano de Dios y Marcelo y la televisión machirula. Como los 90, la era de la boludez.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario