Opinión

El aborto sale del closet

La mayor parte de la sociedad es consciente de que una porte importante de las personas con capacidad de gestar han tomado la decisión de llevar a cabo un aborto.

Sábado 31 de Marzo de 2018

Durante los próximos dos meses la Cámara de Diputados (y especialmente quienes firmamos y apoyamos el proyecto de reconocimiento del derecho al aborto legal, seguro y gratuito impulsado por el movimiento de mujeres argentinas) estaremos frente a un desafío trascendente: el de sostener el escenario de debate que nutra de contundencia y visibilidad al bagaje de argumentos que justifican la conquista de un nuevo derecho, y la cristalización del mismo en la discusión y posterior votación de este proyecto de ley.

La mayor parte de la sociedad es consciente de que una porte importante de las personas con capacidad de gestar han tomado la decisión de llevar a cabo un aborto, y hasta las encuestas dicen que entre un 40 por ciento y un 60 por ciento de la población aprueba la despenalización de esta práctica y la necesidad de que el Estado asuma la responsabilidad de garantizar las condiciones de seguridad para realizarla. Parece que al romper el tabú en torno a la discusión de la interrupción voluntaria del embarazo, la política (lxs politicxs) hubieran despertado a una realidad que se les escapaba o que elegían no mirar.

Sucede entonces que al poner sobre la mesa los datos de la realidad (cantidad de abortos anuales, cantidad internaciones y muertes por abortos inseguros), la perspectiva del derecho y la vasta experiencia internacional que avala la meta de mejores estándares sanitarios en los países donde el aborto es legal, quienes hasta ayer sostenían una posición negadora frente a la posibilidad mínima de debatir, hoy están aprendiendo que en Argentina hay una realidad sobre la cual es imperioso legislar y que hablar de eso no representa ningún pecado. Desde que el aborto dejó de ser un tema tabú hay cada día más voluntades que acuerdan en la necesidad de legislarlo.

El desafío que tenemos, entonces, es el de llevar estos argumentos al contexto de la institucionalidad que representa el debate parlamentario. Llevarlo a través de las mejores voces, que no son las nuestras, sino las de cientos de personas que durante tantos años han construido saber y conocimiento desde la práctica concreta, desde el estudio de la norma y la creación de nuevas normas posible que expresen la ampliación de derechos, desde el lugar de haber asumido la responsabilidad de hacerle frente a una realidad que efectivamente existe.

Sobre esas voces nos sostendremos, pero después sí es nuestra hora como legisladores. La de sentarse en la banca y apretar el botón en una fecha próxima que no trascienda el plazo acordado. Porque los argumentos existen y la premura también, así como también existe la convicción de conquistar este derecho y no permitir que quienes nunca fueron defensores de los derechos de las mujeres, usen nuestra agenda de demandas para evadir la atención pública de problemáticas igual de fundamentales para el país.

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