Opinión

¿Cómo podemos ayudar?

Qué tienen en común la serie "New Amsterdam" y el sistema de salud argentino. La mirada del secretario de Salud de la Municipalidad, Leonardo Caruana

Miércoles 14 de Julio de 2021

Entre muchas ficciones vinculadas a la salud, las enfermedades o la medicina “New Amsterdam” se destaca por su éxito: tiene mucha difusión, muy buena crítica y convoca a un público muy nutrido. Su protagonista es el director médico de un hospital, con gran compromiso con la práctica profesional, un héroe sensible y atento a las necesidades de quienes más lo necesitan, en una sociedad en la que las lógicas mercantiles invaden toda la organización sanitaria. Es un médico atípico, director de un hospital que también es atípico, considerando que se ubica en la meca del capitalismo. El New Amsterdam es algo así como una estructura residual que sobrevive atrapada en un país donde la salud se ha privatizado hace tiempo y por eso en ausencia de un Estado fuerte son las compañías aseguradoras las que gobiernan las decisiones profesionales. Así, tensionando al máximo los límites que devienen de la ausencia de un presupuesto estatal, el New Amsterdam resiste, no quiere resignar esa esencia de lo público, de lo que es de todos.

A través de estas historias singulares del hospital y su director, la serie coloca en el centro de la escena las desigualdades en salud, inspirando sentimientos de compasión y empatía, pero evitando discutir acerca de las raíces estructurales de esas mismas desigualdades. En la procura de fondos para asegurar equidad y poder atender por igual a quienes menos tienen, los protagonistas construyen una suerte de filantropía para garantizar la cobertura de las necesidades de los pacientes más vulnerables y evitar tener que priorizar a las personas con capacidad de pago. En esta original construcción, el director y el equipo que lo acompaña se dirimen entre propuestas mercantiles como ofrecer publicidad, vender servicios especiales, realizar investigaciones poco éticas o apelar a la beneficencia. La observación de ese cotidiano remite a escenas frecuentes en nuestro país, las que se producen en el sistema de autogestión hospitalaria donde trabajadores de salud y referentes de la sociedad civil aparecen buscando fondos, mientras el Estado asume un rol subsidiario en la garantía de servicios.

Lo que la serie no muestra con claridad, solo insinúa a veces depositando la responsabilidad en la familia, es la pregunta: ¿qué pasa el día después? ¿Qué pasa con esas personas cuando abandonan el hospital, cuando regresan a los escenarios en los que surgieron las raíces de los problemas que los llevaron a buscar ayuda? Lo que se omite problematizar es cuál es la responsabilidad del Estado frente al Derecho a la Salud.

Tal vez sea interesante a través de "New Amsterdam" reflexionar más allá de sus argumentos, no para buscar respuestas en un escenario que no es el nuestro, sino pensando que pueden ser disparadores para ampliar la base de las discusiones sobre el sistema de salud en Argentina, tan recurrentes como necesarias. En este sentido, pensar que la gran y compleja institución hospitalaria, aún necesaria para abordar los procesos de enfermedad-atención-cuidado, es insuficiente por sí sola. Es cierto que el hospital es el escenario en el que predomina la técnica más dura, más especializada, donde se resuelven problemas muy graves. Pero el mejor hospital no alcanza si no forma parte de un sistema escalonado, integrado, completo y fundamentalmente regulado por el Estado que es quien debe velar por la equidad, por una distribución justa de bienes y servicios. La tarea de cuidado es incompleta si no podemos acompañar a las personas cuando regresan a sus casas o si no se trabaja para evitar que lleguen al hospital. Cuestiones como la gratuidad, la universalidad, la continuidad de los proyectos terapéuticos o la integralidad de los abordajes solo son posibles en otro espacio, el de la definición de políticas de salud.

Que nuestro sistema de salud sea un sistema cada vez más ajustado a las necesidades y orientado en los derechos dependerá de la posibilidad de implementar políticas de Estado acordes, involucrando además de expertos y actores con intereses en el campo salud, a la ciudadanía en general. En otras palabras, desandar la fragmentación del sistema y de los procesos de cuidado requiere de un Estado fuerte como actor clave en la definición y regulación de procesos. Un Estado cuya presencia sea parte significativa en cada una de las historias de vida quienes cuidan y de quienes necesitan recibir cuidado y atención. No solo un borroso telón de fondo en una escena fugaz de atención súper especializada de un gran hospital.

Desde hace más de treinta años, nuestros equipos de salud, al igual que los del New Amsterdam, vienen dando sobradas muestras de capacidad y creatividad para sortear las determinaciones que restringen derechos. Centros de salud cercanos a la vivienda de cada persona, un trabajo interdisciplinario habitual, redes que atraviesan las instituciones y garantizan una intervención domiciliaria, acciones de promoción y prevención. Intervenciones, instituciones todas estas que solo pueden ser parte de las lógicas que encarna un sistema público de salud que no se proyecta sobre servicios para atender enfermedades, sino sobre equipos responsables de la salud de una colectividad. Eso demuestra que solo es cuestión de trabajar duro para construir democráticamente el marco general para hacer posible que estas experiencias se multipliquen exponencialmente a lo largo y lo ancho del país hasta consolidar otra realidad más justa.

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