Babel es la denominación bíblica de Babilonia. Esta antigua ciudad de la Baja Mesopotamia fue una potencia que el tiempo olvidó hasta quedar abandonada. El Génesis asegura que fue fundada por Nimrod, poderoso tirano bisnieto de Noé que se oponía al mismísimo Dios. La ciudad quedó en la historia y en la memoria a causa de una torre gigantesca que pretendía alcanzar el cielo. Dios, al ver que las personas trabajaban con ese objetivo, tomó la decisión de confundirlas y creó los diferentes idiomas. El proyecto, al no poder entenderse entre los hombres, acabó defectuoso y finalmente no prosperó. Desde entonces Babel, ese acto de ambición y soberbia por querer pasar sobre su dios es sinónimo de desconcierto, desorden o desbarajuste. Fue un gran fracaso que dejó a todos mirándose y sin entender nada de nada. El tirano que los confundió a todos hasta desunirlos más de lo que estaban con actitud irresponsable, tuvo sus motivos egoístas. Hablar lenguas distintas los llevó a acabar dispersos. Quizá uno de los grandes desafíos pendientes, uno más, está allí. Volver a encontrar un lenguaje común. Para la investigadora Betancourt Arango hay que devolver a la palabra su poder entendiendo que con ella se pueden desde realizar encomiables acciones hasta las más viles, como la mentira. Las palabras comunican. Uno se comunica con alguien con el afán de ser interlocutor, de ser tenido en cuenta. Y de escuchar a todos. Claro que del mismo modo nació alguna vez el pacto de conquista de América. Tenebroso plan que no deja de reciclarse, como hoy sangra entre nosotros. Escucha al torpe y al ignorante dice el lenguaje popular en una canción, pues ellos también tienen su propia verdad. La sociedad cada vez más globalizada, nos hace más cercanos pero no más humanos. Y es más que evidente que ya no queda margen para una transición desordenada. Para lo cual se debería poner fin al saqueo impune que no dejará ni pelusas en la alfombra. Tal vez se pecó hasta ahora de inocente republicano. Antes de un justificado estallido forzado debe ponerse todo el esfuerzo en el bien común, que afecta a la vida de todos y recuerda que debe estar orientada hacia el progreso de las personas, la libertad y el respeto. De todos modos, no se puede, aflojar porque la Torre de Babel es mucho más que una simple leyenda.






























