Maximiliano Pullaro inició su mandato como gobernador de Santa Fe del mismo modo que la campaña que le siguió a su victoria en las Paso: con mesura verbal y pura acción.

Por Javier Felcaro
Foto: Archivo / La Capital.
Maximiliano Pullaro, nuevo jefe de la Casa Gris.
Maximiliano Pullaro inició su mandato como gobernador de Santa Fe del mismo modo que la campaña que le siguió a su victoria en las Paso: con mesura verbal y pura acción.
Es que, si bien goza de una suma de poder histórica en la provincia, abonada por la supremacía legislativa de la coalición Unidos, las garantías se diluyen frente al signo de los tiempos en la Argentina: el agotamiento y la angustia crecientes en una sociedad que recela del Estado por su acumulación de múltiples déficits.
Frente a la Asamblea Legislativa, el primer radical en retornar a la Casa Gris después de 60 años dejó en claro que no perderá el tiempo: pronto convocará a sesiones extraordinarias (presumiblemente para mediados de enero) con el fin de avanzar con reformas clave como la adhesión a la ley de narcomenudeo u otras iniciativas ligadas al funcionamiento de la policía provincial. La Justicia también será prioridad vía renovación de la Corte Suprema y un reordenamiento del Ministerio Público de la Acusación (MPA).
Un combo destinado a cumplir el contrato electoral nutrido por la urgencia que impone ser contundente frente al avance del delito, principalmente en Rosario —dispuso un refuerzo extraordinario de patrullajes—. De hecho, el intendente Pablo Javkin, presente en la asunción, reveló que ambos ya mantuvieron reuniones para obrar en sintonía.
La misma inseguridad que prometió combatir Omar Perotti cuatro años atrás y que, en gran medida por la ausencia de plan y liderazgo, tornó irreversible la eyección del peronismo de la Gobernación.
Con una gestión prácticamente activa tras imponerse en las generales, Pullaro no desperdició demasiados minutos en el repaso de la herencia perottista. “No es momento de aumentar tensiones. Maxi habló en el mismo tono que utilizamos durante la transición. Hay que mirar hacia adelante”, deslizaron a La Capital en el entorno del radical.
Nacido en Melincué y criado en Hughes, Pullaro diseñó temprano un gabinete que, además de garantizar (en base al diálogo y la escucha) la unidad del variopinto frente ahora oficialista, ordenó el debut de su gestión.
Una decisión no menor a la luz de los indicadores alarmantes que Javier Milei blandió en su primer discurso como presidente y de cara a la puja por los recursos que la provincia necesitará a partir de enero.
Sin vacaciones para nadie en el primer año de gestión, Pullaro vislumbra un 2024 problemático y febril. Por eso, además de reivindicar la figura de Miguel Lifschitz y su gobierno del Frente Progresista, el reflotar los planes Abre y Nueva Oportunidad, o los anuncios destinados a apuntalar la educación, buscarán amortiguar del mejor modo posible el impacto de una crisis ineludible y con final abierto.



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