El peso se licúa con la inflación, pero los tradicionales dólares en el colchón dejan de ser una opción atractiva para quienes saben mirar las señales del extranjero. En un contexto de "dólar débil", cada vez más argentinos abren una cuenta en un broker e intentan maniobrar a través de las criptomonedas. Cuál es el panorama de la economía que se viene.
¿Cuáles son las señales de debilidad del dólar en los mercados internacionales?
Según datos publicados por Bloomberg en diciembre, el índice que mide el desempeño del dólar contra una canasta de monedas lleva una caída del 8% en el año, lo que lo encamina a su peor desempeño anual desde 2017.
Para los operadores, el dato marca un "cambio de clima" en torno a la moneda que durante décadas funcionó como refugio de valor para millones de ahorristas en todo el globo.
Como muchos fenómenos de la economía, este retroceso no se explica por un único factor. Por un lado, el mercado descuenta que el ciclo de endurecimiento monetario en Estados Unidos ya quedó atrás, de la misma manera que varias economías desarrolladas muestran señales de resiliencia.
Ese factor relativiza la situación "excepcional" de Estados Unidos. Las tensiones fiscales, un escenario político cargado de incertidumbre y la "fiebre del oro" también aportan a la situación del dólar debilitado frente a otras monedas como el euro o el dólar australiano.
De acuerdo al análisis del medio internacional, no es una corrección puntual, sino una expectativa extendida en el tiempo. De hecho, muchos vaticinan que el dólar todavía "no tocó fondo".
¿Qué efecto podría tener la baja de tasas?
Si el dólar ya está golpeado, una baja de tasas podría darle el golpe de gracia. Si el costo del dinero en Estados Unidos baja, el atractivo del dólar como activo financiero también se reduciría en el extranjero.
Unas tasas más bajas implican menores rendimientos para quienes mantienen posiciones en dólares, lo que incentiva la salida de capitales hacia otros mercados y debilita al billete verde en el tablero global.
Sin embargo, los propios analistas advierten que este proceso no está exento de volatilidad. Un rebote puntual del dólar podría darse si los datos de actividad sorprenden al alza o si la inflación obliga a la Fed a recalibrar sus planes. Aun así, el consenso apunta a un 2026 con un dólar más débil que fuerte.
Mientras tanto, en Rosario supera la barrera de los $1.500
Mientras el dólar pierde brillo afuera, en Argentina la película es completamente distinta. En Rosario, el dólar blue superó los $1.500, por motivos totalmente distintos a los que se han mencionado hasta ahora en este artículo.
En el país operan otras preocupaciones, como las tensiones políticas, las redefiniciones del esquema cambiario y una persistente desconfianza en el peso argentino. El contraste es tan evidente que es casi como revelar una fotógrafía que muestra que el problema sigue siendo la moneda local, no la extranjera.
Aunque el esquema de bandas cambiarias busca ordenar expectativas y reducir la volatilidad, no logra disipar del todo la demanda de cobertura. El mercado mira de reojo el calendario de vencimientos de deuda, la necesidad de financiamiento y la velocidad a la que se licúa el poder adquisitivo.
En ese contexto, hasta un dólar "débil", como el que se ha visto a finales de 2025 y el que se espera para 2026, sube en el país. Así, sigue funcionando como termómetro del riesgo argentino.
Una "tormenta perfecta" para los ahorristas argentinos
En Argentina, al cierre del tercer trimestre del 2025, el INDEC calcula que hay 253 mil millones de dólares atesorados fuera del sistema financiero, en colchones, alacenas o cajas privadas en los bancos.
Semejante cifra, equivalente a casi la mitad del PBI argentino, solamente se explica por una profunda desconfianza de los ahorristas en el sistema bancario y en los gobiernos.
Eso que durante años fue una práctica recurrente de la clase media, la acumulación de dólares informales para el ahorro, ahora pierde atractivo por la situación de inflación y pérdida de valor de la moneda del norte.
Un dólar globalmente débil reduce el atractivo de guardar billetes como única forma de resguardo, especialmente si la inflación internacional y la baja de tasas erosionan su poder de compra.
Para los ahorristas argentinos más atentos, el escenario obliga a repensar decisiones, ya que no es suficiente con dolarizarse. También importa qué dólar y dónde. La coyuntura exige interesarse por alternativas que permitan diversificar riesgos, generar rendimiento y no quedar atrapados entre un peso frágil y una divisa que, afuera, ya no ofrece las certezas de antes.
De cara a 2026, el panorama sigue siendo desafiante. El dólar no muestra buenas perspectivas en el plano internacional, pero en Argentina continúa subiendo porque cumple una función que va más allá de su valor externo. Al final, es un refugio, pero también está dando algunas señales de alerta.