Eduardo Marshall tenía una costumbre que le daba grandes resultados. En una agenda de escritorio, tipo taco, escribía todos los cumpleaños y aniversarios de sus clientes y amigos. Entonces, cuando llegaba a la empresa lo primero que hacía era mirarlo. Llamaba a quien correspondía y le enviaba un rogel, una torta o productos de pastelería para que tuviera con qué festejar. Y ese gesto, por supuesto, también fidelizaba su cartera. La anécdota la cuenta a Negocios de La Capital uno de sus hijos, Marcelo, quien junto a sus hermanos Guillermo y Santiago están festejando este mes nada menos que los 50 años de Marshall Catering CO, una marca gastronómica de peso en la ciudad.
“Mi papá tenía una personalidad muy particular, por la cual logró todo lo que logró. Él iba a una boda a servir, pero se sentaba en la mesa, era centro. Me acuerdo que lo he hablado con amigos que eran clientes y ellos me decían, tu papá siempre está invitado a la mesa”, recuerda Guillermo y Marcelo añade: “Él era una bestia de las relaciones públicas, iba a saludar, recibir, brindar hospitalidad, le gustaba estar en el salón y saludar a medio mundo”. Hoy ese legado les queda a sus hijos, quienes de su padre tomaron la seriedad a la hora de hacer negocios y la responsabilidad de seguir haciendo crecer a la marca con la calidad que los identificó históricamente.
Del Sanatorio Británico a la Confitería Imperial
El origen de la empresa gastronómica fue en 1976. Por aquellos años Eduardo trabajaba como contador en el Sanatorio Británico y allí conoció a dos de sus futuros socios: los jugadores de Newell’s Mario Zanabria y Armando Capurro. El primero estaba en el sanatorio porque estaba evaluando una posible cirugía. Cuenta Marcelo que su padre fue a conocerlo “casi de cholulo”, y gracias a sus dotes en las relaciones públicas en algún momento surgió la idea de invertir juntos y sumar a Capurro. Evaluaron dos opciones: un criadero de cerdos o comprar la céntrica Confitería Imperial. Se lanzaron a la segunda opción y ese fue el gen de este largo camino de los Marshall en el universo gastronómico.
Tras varios años juntos, Eduardo siguió su camino sólo y formó la empresa familiar. De hecho, hasta su padre iba a atender los fines de semana la caja de la Confitería Imperial. El negocio fue escalando y rápidamente comenzaron con el servicio gastronómico fuera de la confitería. Eduardo, con sólo 28 años, logró llegar a clientes importantes, como por ejemplo el Arzobispado. Eso le permitió brindar el servicio nada menos que al Papa Juan Pablo II en su visita a Rosario en abril de 1987. De aquel momento Guillermo recuerda una anécdota peculiar: “Ese día necesitaban un sillón con determinadas características para el Papa. Debía tener, por ejemplo, respaldo alto y apoyabrazos. Ellos no tenían y como nosotros vivíamos a media cuadra llevamos uno de mi casa. Ahí se sentó el Papa... todavía lo tenemos”, cuenta al tiempo que muestra a Negocios la foto donde se ve a la familia Marshall junto con el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica.
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El entonces Rey Juan Carlos I junto a Eduardo Marshall en el Parque España, el día que brindó el servicio para la corona española.
Foto gentileza familia Marshall
La lista de algunos hitos entre los clientes de los Marshall sigue: dieron el servicio en el Mundial 78 en los partidos que se hicieron en la cancha de Rosario Central. Muchos años después atenderían al Príncipe Carlos en una corta visita a la región, así como a los Reyes de España, Juan Carlos I y Sofía de Grecia, en el evento que se realizó en la explanada del Parque España en el marco del Congreso de la Lengua. “De ese evento recuerdo que mi papá se puso en la fila y fue a saludar al Rey, no tenía problemas en hacer eso”, dice Guillermo al tiempo que suma que no sólo hicieron ese evento sino que tenían la atención del bar del Teatro El Círculo durante todo el congreso.
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Guillermo Marshall, de niño, junto a sus padres saludando en Rosario al Papa Juan Pablo II.
Foto gentileza familia Marshall.
Los cambios en el negocio
Los hermanos Marshall llevan ya varias décadas en la gastronomía por lo cual han ido acompañando los cambios y tendencias del sector. En otras épocas la atención en fiestas y eventos se hacían en numerosos salones, porque esos espacios se alquilaban sin servicio. “Había veces que se atendían más de diez eventos simultáneos y había que recorrerlos a todos”, puntualiza Marcelo. Hoy la mayoría de los salones tiene su propio servicio, y los Marshall fueron también en esa dirección abrochando uno de los salones más interesantes del centro rosarino. Tienen la concesión de Vista Río, el espacio ubicado sobre el río frente a Flora donde hacen bodas, fiestas de quince y eventos corporativos. Otro salón clave para ellos es Parada 1, ubicado estratégicamente sobre la Ruta 9, desde donde atienden a la creciente demanda de Fisherton y Funes.
En lo que respecta al posicionamiento de la marca, Guillermo explica “tenemos una cuestión de vinculación histórica en una porción del mercado, que te contrata porque te conocen y te siguen. Pero hoy los eventos los ganan los espacios. Por eso hay que tenerlos”. En esa línea, vale recordar otra parte de la historia de la empresa. Ellos tuvieron la concesión del salón del Jockey Club durante más de una década, en épocas donde se hacían las grandes fiestas de casamiento de los socios del club. Eso les permitió también un gran crecimiento en aquellos años, Marcelo agrega que: “ya la gente te conoce. Hoy casamos a los hijos de los que casó mi papá. Por suerte nos ha ido bien, es un negocio interesante”.
El segmento corporativo es clave
Otro servicio que da la empresa es el de catering diario, tanto para ejecutivos como para toda la planta permanente. Santiago es quien lleva los números y puntualiza: “Ese segmento representa un 40% de la facturación”, por lo cual es un punto fuerte para los Marshall. Hoy están presentes en el edificio Núcleo de La Segunda, donde muchas veces no sólo atienden a unas 300 personas en el comedor sino también a los eventos simultáneos que se realizan en el predio. Trabajan también con otras empresas o industrias, como Bambi, Briket, Bunge, entre otras.
Guillermo añade que este segmento lo cuidan porque les da tranquilidad y estabilidad, por lo cual la estrategia es seguir escalando. “En general en las empresas entramos por algún evento puntual y una vez que te conocen empezás a sumar servicios”, explica al tiempo que Marcelo agrega: “Hoy desde la empresa podemos cubrir todas las necesidades de un cliente, porque tenemos salones para charlas chicas o grandes, espacios para eventos, atención en el catering diario o lo que se requiera”.
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La empresa familiar está diversificada en sus unidades: atienden las clásicas bodas, fiestas de quince y eventos corporativos, pero además brindan el servicio diario de catering a empresas e industrias.
Foto: Sebastián Suarez Meccia / La Capital
A su vez entraron en el nicho de los bares, ya que tienen junto a un socio la concesión del bar Patagonia en la Casa del Tango. Surgió como una posibilidad de diversificación post pandemia y hoy lo siguen operando.
Una marca con sello propio
A la hora de pensar en la consolidación y la imagen de la marca, Guillermo analiza que “ante todo nos ven serios, después de tanto tiempo, creo que siempre hicimos las cosas como se tenían que hacer. Papá nos enseñó que el mejor contrato entre malas personas no sirve, pero el peor contrato entre buenas personas sí sirve. Eso aprendimos”. Y, junto a él, Marcelo y Santiago concluyen: “En este negocio no hay secretos. Es estar. Venis acá y nosotros estamos siempre y es un rubro donde no se puede fallar, si alguien se casa determinado día y horario tiene que estar todo. Papá lo decía siempre, no se puede fallar porque son hechos trascendentales en la vida de la gente”. Así, con todo este bagaje por detrás, los Marshall festejan sus 50 años en el mercado rosarino y ahora van juntos por más.