"El dólar está planchado". La frase se repite una y otra vez en los análisis de especialistas acerca del tipo de cambio argentino en el último año. El mercado cambiario presenta un estado bastante poco habitual: estabilidad. Sin embargo, otras variables como la inflación, más baja pero persistente, siguen siendo un motivo de preocupación. El valor de compra del dólar oficial se mantiene en torno a los $1300 desde agosto del año pasado, con picos apenas por encima de los 1400. Este es el escenario en el que el sector corporativo toma sus decisiones administrativas, ¿quiénes tienen más para ganar o para perder con estas condiciones?
El diagnóstico
Miguel Arrigoni es fundador de la firma First Capital Group, una de las empresas locales del mercado financiero especializada en reestructuraciones corporativas, fusiones y adquisiciones. "Argentina es un país netamente exportador y suele tener balanza comercial positiva, es decir que entran más dólares de los que salen, por lo tanto, el valor de la divisa más ofrecida tiende a bajar. Entonces, el valor actual del dólar es una consecuencia de lo que se está haciendo en materia de política económica, no una causa", explica.
Por su parte, el economista Agustín Arca, responsable comercial en ACA Valores, comenta: "El dólar estuvo, en los primeros meses del año, muy bien posicionado a nivel internacional, siendo una de las monedas con mejor performance en el mundo. En Argentina tenemos varios factores que están alentando esto. Hay buenas expectativas con respecto a la cosecha nueva, lo cual implica un buen ingreso de dólares. El gobierno aprovecha esta instancia para comprar divisas y eso normalmente hace que el tipo de cambio se mantenga tranquilo".
Arca aporta datos concretos para ilustrar el fenómeno. En abril, la liquidación del agro alcanzó los u$s2.494 millones, apenas 1% por debajo del mismo mes de 2025, pese a que la cosecha de este año es mayor en promedio. En los meses previos, los ingresos también fueron significativos: 1.800 millones en enero, cerca de 1.300 millones en febrero y 2.000 millones en marzo. A esto se suma el posicionamiento de Argentina como exportadora de energía —con Vaca Muerta como eje— en un contexto internacional marcado por el conflicto con Irán, lo que le dio a la divisa local una performance destacada respecto al resto de las monedas de la región. "Argentina logra posicionarse con una tendencia muy buena de exportaciones y divisas, y sin saltos en el precio de la energía, que es lo que está sufriendo el resto de los vecinos", apunta Arca.
Ganadores y perdedores
En el lado favorable del balance que ofrece el mercado cambiario argentino se encuentra, según la mirada de Arrigoni, el sector energético. "Toda la actividad minera está en alza, la actividad extractiva energética también", sostiene. En este marco, entran otras industrias como la minería de cobre entre las de mayor potencial. Según estima, "Chile exporta entre el 80 y 90% de su producción de ese mineral" y ha sabido capturar la demanda global, mientras que Argentina tiene reservas comparables en la Cordillera, pero todavía no pudo subirse al negocio.
Por otro lado, el agro tiene una lectura más compleja. Según Arrigoni, el sector viene golpeado del ciclo anterior, con problemas de cobro y caída en las ventas, lo cual afecta a toda la cadena de valor. Sin embargo, la campaña actual debería traer algo de alivio. Arca, por su parte, señala que los ingresos para exportadores agroindustriales dependen de precios internacionales que no controlan, mientras que sus costos en dólares crecen con la apreciación de tipo de cambio: "Si tu costo en dólares se incrementa, necesitás ver cómo ser más eficiente", dice.
En lo que respecta a la industria manufacturera orientada al mercado interno, el panorama es posiblemente el más sombrío. "La industria no la está pasando bien", exclama Arrigoni, trayendo a colación el problema de la competencia desigual con las importaciones. Su argumento se centra en el ingreso irrestricto de productos mayormente chinos, con costos laborales ostensiblemente más bajos que los de la industria local. "El Estado ajustó mucho más rápido que los privados, algo que no pasó nunca en Argentina", observa. A esto suma la ausencia de alivios impositivos o inversiones en infraestructura que ayuden a mejorar la competitividad.
Conforme agrega Arca, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) confirma el panorama: la economía cayó 0,2% en el primer tramo de 2026, luego de haber crecido 4% en 2025. La industria y la construcción acumulan caídas del 8,7% y 0,6% respectivamente, las ventas minoristas cayeron un 2%, las ventas en shoppings retrocedieron 10%, y las ventas en supermercados subieron un 24%, pero mostrando un ritmo inferior al año pasado. La producción de autos nacionales bajó 19% en el acumulado del año. En contraste, las exportaciones del sector automotriz subieron casi 10%, este último dato ilustra bastante bien el panorama actual respecto a la situación del mercado de divisas.
El financiamiento en este contexto
Una de las preguntas más frecuentes es como financiarse en este contexto. Arrigoni advierte contra el endeudamiento en dólares para quienes no tienen ingresos en esa moneda. "Si vendés, por ejemplo, medias en el mercado local, tus ingresos serán en pesos. Entonces tomar deuda en dólares es muy difícil, porque si mañana viene un evento cambiario dramático a nivel mundial y el tipo de cambio sube, te quedás con el problema", explica. Para él, esa alternativa es la última opción, solo válida cuando no hay otra salida, y con plena conciencia del riesgo que implica.
Arca matiza la foto desde la perspectiva del mercado financiero. En la historia reciente, el endeudamiento en dólares resultó más conveniente para quienes apostaron a la estabilidad cambiaria: la tasa fue inferior a la que ofrecieron los créditos en pesos, y sin devaluación de por medio, el resultado fue favorable. Las tasas en dólares hoy rondan entre el 3% y el 5% anual, lo que las hace atractivas "siempre y cuando el dólar se mantenga planchado". Las tasas en pesos, por su parte, presentan una dispersión notable: desde el 18% hasta el 30-35%, según el tipo de crédito. En este sentido, Arca agrega: "Estas tasas parecen menos atractivas, pero hay que analizarlas con respecto a la inflación. Tasas de hasta 35% pueden ser bastante razonables, mientras que créditos de 40 o 50% en pesos lucen demasiado caros".
Un dato que Arca menciona como señal de época: la demanda de instrumentos dólar linked, que meses atrás era casi inexistente, volvió a crecer. Las tasas de estos bonos —que en algún momento ofrecían a precio dólar más 7 o 10 puntos— se comprimieron hasta dólar más 3 o 4%, lo que refleja mayor interés del mercado por cubrirse ante una eventual suba del tipo de cambio a medida que se acercan las elecciones.
El cuadro que pintan ambos economistas delimita condiciones dispares para los diferentes sectores, pero el hilo conductor es el de una economía en transición y un futuro más volátil de cara al segundo semestre. Los perfiles exportadores o importadores de cada rubro son claves en la separación de ganadores y perdedores.
La recomendación de Arrigoni para el sector privado es asumir que el nivel de actividad no va a subir significativamente en el corto plazo, monitorear de cerca la tendencia del negocio y moverse rápido si los números muestran deterioro. "Hay empresas endeudadas que esperan y deciden concursar, pero esos procesos son difíciles", advierte. En este sentido, concluye, deben considerar que los bancos están mostrando una actitud más colaborativa con las empresas en dificultades, ofreciendo plazos, refinanciaciones y diálogo antes de llegar a instancias más extremas.