En distintas selecciones que compiten en el Mundial 2026 hay diversos jugadores con historias de vida impactantes, llamativas y de un tinte de superación notable. No sólo de lucha y sacrificio para convertirse en jugadores y/o estrellas de sus países, sino con una infancia temerosa, miedos y necesidades extremas. Y hay algunos casos puntuales que tienen un denominador común porque lograron superarse a pesar de provenir de familias refugiadas que huyeron de la violencia, guerras o persecuciones. Son verdaderos sobrevivientes. Resiliencia ciento por ciento.
Alphonso Davies, quien nació en Ghana y defiende la camiseta de Canadá; Antonio Rüdiger, de padres africanos y juega en Alemania; Ermedin Demirovi, jugador de Bosnia y Herzegovina, y Ali Al-Hamadi, figura de Irak, comparten una historia de vida familiar como millones de personas que debieron escaparse de las guerras con el fin de seguir vivos.
Fútbol y Mundial
En la actualidad se los observa disfrutando del juego, del espectáculo que se genera en torno al fútbol y particularmente en un Mundial, más aún defendiendo los colores de la camiseta de un país. Atrás dejaron las peripecias vividas de padecimientos, necesidades y miedos que invadieron sus almas en diferentes momentos para mirar hacia adelante y forjar una carrera que les permitió reconstruir sus vidas. Tanto ellos como miles de personas también recibieron el apoyo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), la agencia de la ONU que los acompañó para modificar un futuro que pintaba devastador. Algo que lograron con creces.
Superación y vida plena
Alphonso Davies (Canadá)
El capitán de Canadá (jugador de Bayern Múnich), uno de los países organizadores del Mundial, transitó una infancia difícil porque nació en un campamento de personas refugiadas en Ghana. Apenas tenía cinco años cuando junto a su familia se instaló en el país del norte con el acompañamiento de la agencia para los refugiados. El cambio de país, alejado de los conflictos, le permitió desandar una vida totalmente diferente y convertirse en futbolista reconocido.
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Antonio Rüdiger (Alemania)
Hijo de padres que escaparon de la guerra civil en Sierra Leona y se establecieron en Alemania, Antonio Rüdiger creció en ese país y llegó a convertirse en uno de sus principales referentes futbolísticos. Pero vivió situaciones complejas. Su madre escapó de la cruenta guerra civil de Sierra Leona para buscar asilo. Antonio se crió en Neukölln, una zona marginal de inmigrantes y plagada de violencia. Dentro de este contexto tuvo que aprender a defenderse y forjó el carácter aguerrido que lo define en Real Madrid y en la selección alemana.
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• Ermedin Demirovi (Bosnia y Herzegovina)
Su padre huyó de Bosnia al comenzar la guerra de los Balcanes y reconstruyó su vida en Alemania, donde Ermedin nació y creció. En el seno familiar sólo se hablaba bosnio porque sus padres priorizaron que tanto él como sus hermanos crecieran de forma bilingüe para que nunca olvidaran de dónde venían y entendieran el significado de su verdadero "hogar". Con el paso del tiempo y a pesar de triunfar en Alemania, Ermedin (futbolista de VfB Stuttgart) decidió jugar para la selección de Bosnia. "Fue una decisión impulsada puramente por el corazón", dijo en alguna ocasión.
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Ali Al-Hamadi (Irak)
Su familia huyó de la guerra de Irak en 2003 cuando él apenas tenía un año de vida y se estableció como refugiado en Liverpool (Inglaterra). Con el paso del tiempo y al abrazar el fútbol con pasión se convirtió en el primer futbolista iraquí en jugar en la Premier League. Actualmente representa a la selección de Irak y fue una de las piezas clave en la clasificación del país a su primer Mundial en más de cuatro décadas. Actualmente se desempeña en Luton Town F C (Inglaterra).