Miradas

Antonella vive

Antonella Trivisonno murió el 29 de agosto de 1999, a los 6 años, y sus padres, Silvia y Alejandro, la convirtieron en un símbolo de la donación de órganos.

Domingo 30 de Agosto de 2020

Antonella Trivisonno tendría hoy 27 años. Escribo la frase y pienso en alguien de esa edad: en mi sobrina Belén, por ejemplo, que vive feliz, es madre y regala sonrisas y afecto a todos los que la conocemos. Pero Antonella sólo vivió seis años. Hasta el 29 de agosto de 1999, un domingo soleado y de mucho calor para ser invierno.

Ese día los Trivisonno (Silvia, Alejandro y sus cuatro hijos) almorzaron en su casa de Arroyito. Después Silvia quiso visitar al padre con tres de los chicos. Iba por Ovidio Lagos cuando a las 15.30 un auto embistió al suyo. El coche tumbó, impactó contra un puesto de diarios y volcó de costado. Antonella salió despedida y quedó debajo.

En el Hospital Vilela sobrevivió cuatro horas. Médicos y paramédicos perdieron la angustiante batalla para salvarla. La vida es así de frágil: en ocasiones no hay ciencia, ni talento, ni voluntad que pueda garantizar que perdure.

Pero Antonella nunca murió del todo. Ese domingo terrible, aun abrumados por la desesperación, Silvia y Alejandro decidieron donar los órganos de su hija. Sintieron que así contribuirían a salvar otras vidas. Incluso del vacío que deja la muerte es posible extraer algo positivo. Su pequeña ahora viviría en otras personas.

>> Leer más: "La donación de órganos significa dar lo que otro necesita", el mensaje de Silvia Trivisonno en el arranque de la campaña 2020

Fueron horas dramáticas. "Ella todavía vivía y nosotros pensábamos: ¿"A quién le vamos a pedir un órgano si llegara a necesitarlo?". Cuando la vida de la nena se apagó no dudaron: ahora serían sus órganos los que podrían darles esperanzas a otras personas. La donación todavía era algo infrecuente y tuvieron que convencer a los médicos. No les resultó nada fácil.

Le pregunto a Silvia cómo imagina a Antonella si viviera. "Sería feliz. En seis años nada empañó su alegría", responde. Dice que era una nena inteligente y que a los 4 años sabía leer, escribir, sumar y restar porque hacía las tareas con la hermana mayor.

Pasaron los años y la donación de órganos se hizo más habitual. Muchas personas pudieron seguir viviendo gracias al gesto generoso y solidario de otras que no pudieron. En Rosario, Silvia y Alejandro hicieron mucho para eso. Convirtieron a Antonella en un símbolo y hoy pueden sentir que ella nunca murió del todo. Aunque se haya ido hace 21 años.

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