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Cuáles son los problemas sexuales de los rosarinos

Adultos y jóvenes se animan a hablar mucho más con los especialistas. Los varones consultan por eyaculación precoz y disfunción eréctil. Las mujeres, en especial las de más de 40, porque su deseo disminuyó. El hecho de no llegar al orgasmo es otro tema que preocupa.

Domingo 03 de Febrero de 2019

Las actrices Carmen Barbieri y Catherine Fulop, ambas de más de 50 años, expusieron el tema tiempo atrás cuando confesaron que se habían colocado un "chip sexual" para aumentar el deseo a la hora de la intimidad.

Este verano se sumó el ex arquero Sergio Goycochea: "Me lo puse porque mejora la calidad muscular, el ánimo y también la libido. Después de cierta edad se pierde testosterona". Las revelaciones pusieron el tema en agenda: ¿cuáles son los problemas sexuales que aparecen después de cierta edad? ¿Qué importancia tiene el placer para los adultos? ¿Se animan a plantear sus inquietudes con los especialistas?

Aunque estemos en el siglo XXI y los estímulos sexuales aparezcan día y noche en la televisión o en las redes sociales. Aunque haya mucha más libertad para mostrar el cuerpo, y menos censura en general, la sexualidad es un tema que les cuesta abordar a las personas adultas.

Más consultó a sexólogos, terapeutas y urólogos sobre cuáles son los problemas "de cama" que plantean los rosarinos que se acercan a un consultorio. Si bien el pudor persiste, queda claro que hombres y mujeres exponen sus frustraciones o malestares mucho más que hace 10 o 15 años. Los varones, en su mayoría, preguntan por problemas de eyaculación precoz (en primer lugar) y disfunción eréctil (lo que antes se conocía como impotencia). Las mujeres, sobre todo las que ya pasaron las cuatro décadas, quieren saber por qué tienen menos deseo sexual o directamente lo han perdido. La imposibilidad de llegar al orgasmo en el contexto de una relación sexual también es motivo de preocupación para ellas.

También aparece como planteo frecuente la insatisfacción en el marco de una pareja. Es que la rutina, las múltiples obligaciones, el cansancio, la situación socioeconómica, la crianza de los hijos, suelen ser baldazos de agua fría que apagan las ganas de tener intimidad sexual.

Justamente, el deseo parece ser el gran tema. "Sólo los humanos lo experimentamos. Es la primera fase de la respuesta sexual humana. Lo cierto es que no existe un estímulo ni un satisfactor predeterminado para el impulso sexual sino que lo que provoca nuestras «ganas de» o nuestro interés sexual depende de la configuración del mapa de amor que hayamos construido durante nuestra vida", dice la psicóloga, sexóloga y profesora universitaria Silvana Savoini.

"El deseo sexual puede entenderse como pensamientos espontáneos o fantasías de contenido sexual tanto como la receptividad de una persona a la iniciativa de otra, para participar de una actividad erótica", comenta.

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La especialista menciona que así como otras motivaciones nos impulsan a distintas actividades y proyectos, el deseo es fluctuante y sufre variaciones a lo largo de la vida. Y si bien se mantiene en todo el ciclo vital hay diferencias entre las personas porque es totalmente subjetivo.

"Las crisis vitales (los cambios, aunque sean para bien) suelen tener gran impacto sobre el deseo sexual. De hecho, siempre digo que es como un fusible: muchas veces es lo primero que salta cuando algo no está funcionando bien en alguna esfera de nuestra vida".

Savoini detalla que la menopausia es "un tema" en las mujeres como lo es la mediana edad lo es para los varones. "Hay una declinación progresiva de los niveles de hormonas sexuales", detalla. Pero independientemente del aspecto biológico el deseo no está atado a lo hormonal. No es su esclavo, de ninguna manera.

Los condicionamientos externos, el tipo de vínculo establecido con la pareja (si la hay), la propia historia, la falta de educación sexual integral a edades tempranas, las presiones y modelos culturales actúan sobre el deseo. De allí su enorme complejidad.

"Vivimos en una sociedad en la cual la sexualidad ha estado muy ligada a la reproducción. Particularmente a la mujer se la conminó a la función reproductiva, y la expresión de deseo o el goce sexual han sido sancionados desde un discurso de doble moral que dividía a las mujeres en mujeres/madres/esposas y por lo tanto "decentes", y las otras, deseantes y deseables pero cuestionadas socialmente para la conformación del imperativo proyecto familiar", comenta. Ese sistema de creencias sigue ejerciendo su poder. "La mujer que logra sentirse habilitada para el placer sexual más allá de la reproducción, en realidad puede experimentar el cese del período fértil como una oportunidad de disfrutar más libremente su erotismo".

En ese sentido, Savoini espera que sobrevengan cambios positivos y que se vaya desarmando esa creencia cultural que nos indica que luego de cierta edad no hay lugar para la dimensión erótica. "La construcción de una nueva cultura de la adultez mayor, incluye revisar esos conceptos y habilitar el deseo y el placer sin límites de edad".

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De a dos ¿es más fácil?

La experta no deja de mencionar que el deseo es muy susceptible a los conflictos de la relación de pareja. "Algunos y algunas esperan que el deseo sexual permanezca intacto en un vínculo que es notablemente disfuncional. Consultan por falta de deseo cuando lo que están necesitando no es una terapia sexual sino una terapia de pareja", enfatiza.

Respecto de las diferencias entre géneros, en cuanto a las necesidades sexuales o las ganas, Savoini dice: "Quién nos atrae, qué nos estimula o cuáles son nuestras fantasías son cuestiones absolutamente singulares y subjetivas, más allá del género".

La sexóloga Carina Garnica se anima a plantear ciertas diferencias que observa en su consultorio. Para ella se pueden trazar algunas particularidades entre hombres y mujeres. "En general se puede decir que el varón es más focal, cree que la mujer está esperando su pene erecto y avanza sin muchas vueltas cuando quiere tener relaciones, mientras que la mayoría de las mujeres (al menos las que lo plantean a un profesional) hablan de un deseo sexual más ligado a cierta valoración por parte del otro (sea o no una pareja estable) y plantean que precisan más tiempo, más caricias, más atención previa para tener ganas".

"El cerebro es un órgano sexual muy importante. Y en ese sentido las palabras, las propuestas y hasta los mensajes que el marido, el novio o el amante le envío o no durante el día juegan un rol clave", comenta Garnica.

"A mi consultorio llegan muchos varones de 50 años o más, con 20 años de pareja, que se enteran allí, en la terapia, de los tiempos que precisa la mujer, por ejemplo. ¡Se sorprenden! También veo hombres y mujeres con poco autoconocimiento", dice. Sin dudas, la exploración personal en materia de sexualidad es una deuda para muchas personas. Saber qué nos gusta y qué no, qué queremos y qué no, en el marco de una relación sexual es muy importante. "También ahondar en las fantasías, tan relevantes, sea solos o acompañados, y esto es algo que frecuentemente se olvida", agrega la terapeuta.

"A muchos la rutina los pasa por encima. Tienen relaciones como si fuera un trámite, a última hora del día, cuando están agotados. Se descuidan los detalles, la mirada entre uno y otro, las caricias, los besos. Esto es muy común en parejas de muchos años y sobre todo cuando hay hijos", destaca.

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En ocasiones, comenta Garnica, una pareja llega a la terapia pensando que tiene algún tipo de disfunción sexual cuando en realidad "hay un mal vínculo, se pasan facturas, se acumulan enojos, reclamos. Están alejados. Entonces lo que se sugiere ahí es que se empiece por una terapia de pareja para luego mejorar el vínculo sexual".

Garnica admite que el goce mutuo en un encuentro sexual no es tan simple como muchos creen: "Encajar en ese aspecto no es algo que se de así, tan naturalmente como vemos en las películas, no pasa tan a menudo ni en la relación larga de pareja ni en un encuentro casual. Lo que sí puedo decir es que si hay intención de ambas partes de que este aspecto mejore, con la orientación adecuada puede cambiar, pero insisto: siempre que ambos lo propongan".


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Imposiciones

Savoini señala que la monogamia es social, no natural. "El deseo sexual humano, al no tener un objeto determinado de antemano, es en esencia promiscuo. Pero en nuestra cultura nos toca domesticarlo para poder desarrollar el proyecto monógamo que la sociedad impone. Para ello muchas veces se sofoca el interés sexual por otras personas, las fantasías que no son compatibles con nuestras creencias y demás. Lo que ocurre es que en ese sofocamiento se termina disminuyendo o adormeciendo el deseo en general. No disponemos de un switch para activarlo selectivamente con la persona correcta y apagarlo con las demás. Eso explica que cada vez tomen más protagonismo otras formas de relación no monogámicas, incluso para el proyecto de pareja estable".

La especialista ahonda en los modelos culturales que se meten en la cama. "Los mandatos sociales condicionan muchísimo nuestras vivencias sexuales. Los modelos culturales de regulación de la sexualidad no son ingenuos sino que tienen que ver con la circulación del poder. Quien controla la sexualidad de una sociedad, detenta poder sobre ella. Si no, veamos el poder de las religiones o de las políticas de estado. Detrás de todo lineamiento que paute el comportamiento sexual subyace una cuestión de poder. Por eso es importante pensar las relaciones desde una perspectiva de género. El enfoque de género analiza las relaciones de poder entre los géneros, y permite cuestionarlas orientándonos a una mayor equidad. Los cambios en el entramado social implican necesariamente cambios en el modo de vincularnos".

¿Cuestión de piel?

¿Por qué se dice que con algunas personas uno tiene piel y con otras no? ¿Qué hay de cierto en eso? Savoini comenta: "En la sensación de conexión con otra persona, cuando decimos que hay piel, o química, estamos diciendo muchas cosas a la vez de las cuales no somos conscientes pero que operan para que se produzca eso tan particular. Es muy complejo, pero podemos decir que en el humano coexisten tres niveles de desarrollo encefálico. El nivel más arcaico, llamado reptiliano, que se rige por la información genética, lo innato. Una segunda estructura, que es el sistema límbico, en el cual tiene su sede física la memoria y por lo tanto allí se procesan las emociones. Y finalmente (última adquisición filogenética) la neocorteza, exclusivamente humana (las otras estructuras las compartimos con reptiles y mamíferos). En el neocortex se procesa cognitivamente la información y eso nos permite la abstracción, la capacidad simbólica, ¡el erotismo! y el manejo del tiempo futuro. Es lo que llamamos racionalidad. Ahora bien, Mc Lean, quien postuló esta debatida teoría del cerebro triuno, dejó claro que no existe una subordinación entre esos sistemas sino una interacción. ¿Qué significa esto? Que aunque tengamos capacidad de razonamiento no somos seres racionales, no hay un gobierno de la razón por sobre la emoción y lo instintivo sino que hay una complejísima interacción entre todos esos niveles de procesamiento de las experiencias".

"La genética y las hormonas se juegan en el nivel más arcaico pero no debemos olvidar que la razón y la emoción hacen lo suyo. Por lo tanto, ¿qué es lo que hace que tengamos piel con alguien?: la resultante de la delicada y complejísima interacción entre la información que percibimos a través de los sentidos con toda la carga genética, lo hormonal que nos pega como un imán o nos repele, las emociones que ponen en juego la información biográfica, lo experimentado, lo que aprendimos de nuestra propia y singular historia, que nos da lo que llamaría la intuición experta para acercarnos a lo que nos hace sentir bien y alejarnos de lo que percibimos como peligro".


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Preguntas que incomodan

Todavía cuesta llevar las "dificultades" sexuales a una consulta y hay mucha gente que padece en silencio. Por suerte, dicen las terapeutas, se nota una apertura mayor en las personas de más edad y los jóvenes comienzan a consultar mucho antes que en décadas pasadas. Carina Garnica menciona que "la posibilidad de dialogar más con los padres, la información, la buena educación sexual, logran que, por ejemplo, varones de 17, 18 o 20 años saquen un turno porque tienen problemas de eyaculación precoz, la consulta más común entre los hombres. Eso es muy bueno, porque puede revertirse con la orientación sexológica. Generalmente allí no hay ningún problema físico o biológico sino que tiene que ver con la imposibilidad de retener la eyaculación, algo que se arrastra desde la adolescencia, por no acceder a una buena educación sexual. ¡Qué decir si se trata de varones de más de 40, 50 o 60 años! Algunos hace toda la vida que lo padecen y no se animaban a hablar del tema".

Lo mismo pasa con las mujeres y su deseo sexual o su imposibilidad de llegar al orgasmo. "Se sostienen creencias antiguas. Muchas mujeres aún le escapan, por vergüenza, a la autosatisfacción, no conocen su cuerpo o no se animan a plantear cómo les gusta que estimulen su clítoris, y creen que sólo con la penetración se logra el orgasmo cuando en realidad es lo más difícil. No se animan a hablar ni con su pareja. Y llevan años y años pasándola muy mal. Hay mucho que aprender al respecto. Y hablar de ello es primordial", agrega.

Respecto de las diferentes identidades de género, Garnica señala que por su experiencia, las personas homosexuales, heterosexuales, transexuales, plantean al especialista problemas similares. "La eyaculación precoz, la disfunción eréctil, el no poder tener un orgasmo, el hastío y la rutina en las parejas de larga data se dan entre los humanos más allá de la diversidad", comenta.

Aunque ambas aseguran que se ha avanzado mucho y hoy es más sencillo hablar de goce, de placer y de deseo, el camino que queda por recorrer es largo. Se nota en las resistencias de ciertos sectores de la sociedad a la implementación de la educación sexual integral. En el control sobre el cuerpo que insisten en ejercer determinados poderes. Lo notan los profesionales que observan que a las personas adultas les resulta difícil hasta llamar a las cosas por su nombre, sean a las partes del cuerpo o las prácticas sexuales.

Vencer temores, prejuicios. Poner en palabras. La sexualidad saludable y placentera tiene sus pilares ahí.


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