La conmemoración del Combate de San Lorenzo se transformó en una postal nacional que combinó memoria, emoción y participación popular. El Campo de la Gloria volvió a ser escenario central de una ceremonia multitudinaria.
Entre el 3 y el 7 de febrero, San Lorenzo volvió a ocupar un lugar central en la escena nacional. No sólo por la presencia del presidente de la Nación y del gobernador de Santa Fe, sino porque la ciudad supo convertir una conmemoración histórica en una experiencia colectiva, atravesada por el clima, la emoción y el orgullo de pertenecer a un territorio donde la historia no es un recuerdo lejano, sino una presencia viva.
El fin de semana encontró a la ciudad en movimiento desde temprano. Familias enteras caminaron hacia el Campo de la Gloria con banderas, reposeras y mate; agrupaciones gauchas llegaron desde distintos puntos de la región; escuelas, instituciones y fuerzas se acomodaron en un paisaje que, por unos días, se transformó en una gran escena compartida. San Lorenzo funcionó como anfitriona de una postal que fue recorrida, filmada y transmitida a todo el país.
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La ciudad, el río y una tarde que acompañó
La tarde fue cálida, de esas que invitan a quedarse. El sol empezó a caer lentamente sobre la ribera del Paraná, tiñendo de tonos dorados el horizonte mientras el viento suave traía desde la costa el rumor del agua. El Campo de la Gloria, abierto y amplio, se volvió un anfiteatro natural donde historia y presente se mezclaron sin esfuerzo.
Desde las gradas y los márgenes del predio, la gente observaba cómo el escenario se iba poblando de uniformes históricos, caballos, estandartes y sonidos de trompetas. No había apuro: había expectativa. La sensación era la de estar participando de algo que excedía el acto formal, algo más cercano a una ceremonia compartida, casi íntima, aun en medio de la multitud.
San Lorenzo, una ciudad que se organiza y se muestra
Nada de eso fue improvisado. Durante varios días, San Lorenzo desplegó un operativo integral que combinó logística, orden y hospitalidad. Accesos organizados, tránsito controlado, dispositivos de seguridad y un predio preparado para recibir a miles de personas fueron parte de un engranaje silencioso que permitió que todo ocurriera con fluidez.
Esa capacidad organizativa es parte del ADN sanlorencino cuando llega febrero. La ciudad se reconoce en esta fecha y la asume como propia. No sólo recuerda el Combate de San Lorenzo de 1813: lo pone en escena, lo explica, lo comparte y lo proyecta hacia quienes llegan por primera vez.
El Campo de la Gloria, corazón de la memoria
El acto central tuvo como eje al Campo de la Gloria, que recuperó una centralidad simbólica pocas veces vista en los últimos años. La recreación histórica del combate, la carga de caballería atravesando el predio y la lectura del parte que el general José de San Martín escribió tras la batalla construyeron una secuencia solemne y emotiva.
El silencio respetuoso del público contrastaba con el galope de los caballos y el sonido de las marchas. Cada escena dialogaba con el paisaje: el convento, el río, los árboles históricos. Todo estaba allí, en el mismo lugar donde, hace más de dos siglos, se inició la gesta libertadora.
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Foto: AP Photo/Rodrigo Abd
El Presidente y la palabra en clave histórica
En ese marco, el presidente Javier Milei encabezó la ceremonia y centró su discurso en la reivindicación de San Martín y los Granaderos. Recordó que el Combate de San Lorenzo fue el punto de partida de la campaña libertadora y destacó el sacrificio de quienes protagonizaron aquella acción decisiva.
Planteó que esa gesta permitió romper con un orden colonial opresivo y sostuvo que la Revolución “enderezó un mundo invertido”. En su lectura, ese proceso abrió el camino para que la Argentina se convirtiera, en pocas décadas, en una Nación próspera y respetada.
El presidente trazó un puente entre pasado y presente, afirmando que el espíritu de libertad que animó a San Martín debe seguir siendo guía en las decisiones actuales.
El sable corvo, símbolo que vuelve al lugar de origen
Uno de los momentos más cargados de simbolismo fue la restitución del sable corvo del general José de San Martín al Regimiento de Granaderos a Caballo. Milei definió la decisión como un acto de justicia histórica y describió al sable como una reliquia nacional, portadora del espíritu de independencia y soberanía.
Subrayó que el sable será exhibido al público y que su restitución busca reivindicar el rol histórico del Regimiento, reforzando su carácter simbólico y educativo.
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Matías Ottonelli / La Capital
Raimundo y Pullaro: orgullo local y mirada provincial
El intendente Leonardo Raimundo destacó que la conmemoración cerró una semana histórica para la ciudad y remarcó el orgullo sanlorencino por haber sido escenario de un acontecimiento de relevancia nacional.
El gobernador Maximiliano Pullaro, en tanto, sostuvo que los valores de coraje, compromiso y entrega que encarnaron San Martín y los granaderos deben servir de inspiración para los desafíos del presente.
Una postal que quedó en la memoria
Cuando el sol terminó de esconderse y la Marcha San Lorenzo marcó el cierre del acto, el Campo de la Gloria quedó envuelto en una sensación difícil de describir: la de haber sido, por unas horas, el centro simbólico del país.
San Lorenzo volvió a mostrarse como algo más que un escenario histórico. Fue ciudad, fue comunidad, fue memoria activa. Un lugar donde la historia no se limita a ser contada, sino que se vive, se camina y se transmite. Y esa, quizás, sea su mayor fortaleza.