"Trazando Puentes nació para volver a ser solidarios"
-¿Cómo surgió Trazando Puentes?
-Trazando Puentes tuvo un inicio muy general entre 2018 y 2019, cuando empezamos a hablar y a juntarnos con diferentes vecinos de Acequias del Aire y de toda la ciudad en merenderos y en comedores por las consecuencias que sufríamos por el plan económico del macrismo. Era una época para hacer una militancia social más que política, entonces hicimos un convocatoria abierta, que trascendiera a los militantes porque era una etapa para participar más allá de la política, era una época para volver a ser solidarios en las organizaciones sociales, entonces seguimos un poco el modelo de los mormones, en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días.
-¿Cómo nació el nombre?
-El grupo se armó con vecinos de toda la ciudad que ayudaban en espacios solidarios. Nos juntamos en una choripaneada en mi casa y decidimos hacer una ONG. Con los mormones -que repartían equipos de útiles escolares y fueron un apoyo institucional inicial importante-, con peronistas y otros vecinos de toda la ciudad con participación social. Y el representante de la iglesia nos dijo: “Ustedes están trazando puentes”.
-¿Son la primera ONG de Roldán que trabaja con adicciones?
-Sí, en adicciones sí, pero hay otra anterior que trabaja con discapacitados. Somos una propuesta innovadora, con un grado de participación en un plano más horizontal. Hicimos una ordenanza, que fue aprobabada por unanimidad, y esta semana se abrió un Centro de Día en la Municipalidad.
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Martín Gallastegui, Majo Duarte y Matías Colazo en la sede de la ONG Trazando Puentes, en Roldán
Marcelo Bustamante / La Capital
-¿Cuáles son las principales problemáticas que abordan?
-La primera problemática que aparece es la violencia de género y la segunda son los consumos problemáticos de sustancias, y el impacto que ambas tienen en lo laboral, lo familar, la salud y la educación. El objetivo primario es la promoción y la protección de las infancias y de las mujeres. Pudimos interpretar dónde estaba la problemática en la que trabajamos.
-¿Cómo trabajan con jóvenes con consumos problemáticos de sustancias?
-Tenemos cursos de capacitación en oficios. No creemos en la máxima que dice que “no hay que darle el pescado sino enseñarle a pescar”. Hay distintas situaciones: creemos que hay que hacer las dos cosas. Darle el pescado durante un tiempo, mientras aprende a pescar.
-¿Qué alternativas ofrecen?
-Ahora hay talleres gratuitos y psicólogos pagos. Tenemos talleres culturales y de oficios y proyectos sociales sobre consumos problemáticos, salud integral y uno de acompañamiento educativo para adultos con el secundario inconcluso, que es virtual, y otro para ocio de las infancias, que es un taller de arte para niños mientras su madre trabaja o estudia y no tiene quién los cuide. Y hay talleres de pastelería, decoración de tortas, panificación, textil, herramientas para emprendedores, crochet, barbería y arte, entre otros.
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-¿Hay niños y niñas de nueve o 10 años consumidores de sustancias y no ya que se inician, como denunció el padre Fabián Belay, en una nota del cronista y diputado Carlos Del Frade?
-Sí, Belay dice que el espectro de consumo se corrió mucho en las infancias y que hay un hueco por falta de atención del Estado entre los 13 y los 17 años. Acuerdo con eso: antes el inicio en las adicciones a consumos problemáticos se daba entre los 11 y los 12 años, aunque este es un fenómeno que se da más en los barrios populares de Rosario.
-¿Esos niños consumidores de sustancias necesitan atención en el ámbito de la salud mental, como sostiene Belay?
-Está probado que las sustancias que consumen son psicoactivas y que las adicciones no tienen edad. Pero no todo es lo mismo porque algunos equiparan otros consumos como la ludopatía. China, por ejemplo, prohibió el uso de las redes sociales a lo niños. Aquí, en cambio, el lobby de las apuestas impidió aprobar la ley del juego. En cambio, con las adicciones hay una indolencia. ¿Cómo quedan esa familia y esa persona. La adicción es mucho más compleja porque destroza los vínculos y afecta la salud mental del adicto y del entorno.
-¿Hay en nuestra sociedad una tercera generación de adictos?
-Sí. Los adictos tienen hijos y un niño que se cría con padres adictos termina consumiendo, y en esos lugares consumen porquerías como la pasta base, que estiran con el polvillo del vidrio de los tubos fluorescentes. Son sustancias psicoactivas como el alcohol y el tabaco. Hay contextos que ayudan a caer en una adicción, hay jóvenes que no tienen estudio ni trabajo ni un proyecto de vida. Las internaciones de adictos son momentáneas. Si internás a un adicto hay que pensar en cómo puede salir de esa situación y la salida es con un proyecto de vida, que puede ser cualquiera: un trabajo, un estudio, tener un hijo. Si no tiene un sentido para vivir es imposible. Algunos adictos dicen que quieren ayudar a la madre, pero les decimos que si no se recuperan no pueden ayudar a nadie.
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Marcelo Bustamante / La Capital
-¿El Estado en todos sus niveles carece de programas de asistencia y de reducción de daños a los consumidores de sustancias?
-En realidad hay una tercerización del servicio social del Estado en la atención de las adicciones. El Estado financia, pero hace muchos años que sufrimos la privatización del Estado. Salvo el (Hospital) Agudo Avila y (la Colonia Psiquiátrica de) Oliveros, no hay centros de atención de adicciones estatales, son todos privados. Ahora hicieron algunos convenios con municipios en Roldán y en El Trébol. El Estado terceriza la atención, algo que no es lo ideal.
-¿Y qué es lo ideal?
-La atención primaria, por un lado, y el tratamiento y el seguimiento, por el otro. Son dos eslabones separados. Acá hay algo de atención primaria estatal, pero después es todo privado, no hay nada estatal. En Portugal, por ejemplo, el Estado hace las dos cosas: la atención primaria y el tratamiento prolongado con posibilidad de una internación momentánea.
"El adicto sufre apatía porque no tiene un proyecto de vida"
-La psicóloga Sandra Suárez declaró en su entrevista con este diario que para que el consumo se torne problemático depende de la subjetividad y del contexto. ¿Qué opinás?
-Hay contextos que ayudan a caer en una adicción, hay jóvenes que no tienen un estudio ni un trabajo ni un proyecto de vida. Primero hay consumos problemáticos en los barrios populares y luego se expande a la clase media porque el consumo es una problemática transversal, que atraviesa a todas las clases sociales. El problema es que no es lo mismo consumir paco que una droga de máxima pureza. El tema del consumo está invisibilizado: se lo toma más como una consecuencia que como una causa, cuando en realidad el adicto tiene apatía porque no tiene un proyecto de vida y después se transforma en un consumidor.
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-Sandra Suárez también planteó en su entrevista que hay casos de adictos que derivan en cuadros psiquiátricos. ¿Qué ven ustedes?
-Hay evidencia científica de sustancias psicoactivas que causan lesiones cerebrales. La marihuana tiene THC y es adictiva: si fumás uno no te va a hacer nada, pero si te fumás 35 porros te va a afectar. Lo mismo pasa con el polvillo de los tubos fluorescentes: te metés vidrio molido en el cerebro. También tuvimos un caso de un chico con problemas psicóticos compatibles con el consumo.
-¿Cuándo un consumo es problemático?
-Cuando afecta la vida. Yo acuerdo con la posición de Gastón Pauls como exadicto cuando declaró en Diputados que “hay que respetar la voluntad del adicto y no hay que someterlo a un tratamiento forzozo” porque en realidad lo primero que pierde el adicto es la voluntad. Un pibe que está todo el día drogado pierde la voluntad. Si le preguntás a un adicto si quiere internarse te va a decir que “no”.
-¿En casos graves el adicto no está en condiciones de decidir?
-La ley de salud mental y adicciones está basada en trabajar sobre la voluntad del usuario, pero en los casos de adicciones graves el adicto no tiene voluntad, es lo primero que pierde, y ahí es cuando es necesario otro tipo de abordaje porque con esa falta de voluntad no sólo arruina su vida sino la del entorno. No es que no quiere, no puede, no está en condiciones de manejarse bajo la autonomía y la voluntad. En realidad, Gastón Pauls hacía referencia a eso: que el adicto lo primero que pierde es la voluntad. Al no haber un proyecto de vida, no hay voluntad de mejorar ni de tratarse ni de sanar. No hay voluntad de vivir.
-El padre Belay advierte que “esto es una pandemia de 20 años que nos lleva puestos”. ¿Esto es así?
-Sí. Las dos problemáticas más graves que enfrentamos con las adicciones y la violencia de género. Cuando empezamos a golpear puertas conseguimos algo de apoyo para trabajar con los consumos problemáticos y después con la violencia de género. Armamos una ONG para darle transparencia a la movida y nos agarró la pandemia. Nació como una necesidad de ayudar solidariamente al que la está pasando mal. Todo esto está presente y buscamos la salida colectiva. Hay que construir una comunidad organizada, pero no sólo como una ideología sino por una cuestión humana y solidaria, con forma institucional y participativa. El consumo del adicto afecta a toda la familia porque se rompe el vínculo con el hijo.