La Región

San Lorenzo marcha cada mes por el crimen de Rodrigo Gigena

Familiares, amigos y vecinos claman por el esclarecimiento del asesinato del joven que, en agosto, fue ultimado a balazos por error.

Domingo 15 de Diciembre de 2019

"Era un día normal y a la noche se vino el mundo abajo", es el primer recuerdo de Mariana sobre el 6 de agosto pasado. Su sobrino "Rodri" estaba parado en la puerta de la casa cuando dispararon desde un auto, supuestamente contra una casa vecina, y el joven de 25 años fue alcanzado por un par de balazos en el abdomen. Tres días después Rodrigo Gigena murió y desde entonces los días 9 de cada mes sus familiares y amigos lo recuerdan marchando desde su casa de la zona norte de San Lorenzo hasta la llamada "esquina de los bancos", en Urquiza y San Martín, considerada por los vecinos el centro de esa ciudad.

Con esas movilizaciones los familiares de "Rodri" reclaman por el esclarecimiento de un crimen que sacudió a un barrio que por esos días venía muy golpeado por la actividad de búnkeres de droga en la zona y la violencia que suelen acarrear. La investigación quedó en manos de la Agencia Fiscal de Crimen Organizado y Delitos Complejos que enmarcó la pesquisa con otros tres homicidios que ocurrieron esa semana en aquella zona limítrofe entre San Lorenzo y Puerto San Martín. En ese marco, se ejecutaron hace dos meses una veintena de allanamientos en Rosario y todas las ciudades del Cordón Industrial, pero hasta el momento los indicios recabados no alcanzan la solidez de una evidencia contra los sospechosos.

En Clemente Albelo al 3600 de San Lorenzo, detrás de la refinería de YPF, vive gran parte de la familia Gigena. En esa cuadra, además, hay dos negocios que pertenecen a la mamá y a una tía de Rodrigo. Eran cerca de las 22 del martes 6 de agosto y el joven se aprestaba a cenar con su pareja cuando fue por una Pepsi a uno de los negocios.

"Ese era su vicio, y los Fantoche de chocolate", recuerda su tía Mariana sobre el muchacho que era muy querido, entre otras cosas, como uno de los referentes de "La fuerza de la cumbia", un grupo de baile que competía a nivel local y nacional y que también integraban muchos de sus parientes.

"Parece que había un auto estacionado, como si tuviera algún problema mecánico, y justo arrancó. No sé si vieron a mi sobrino en la puerta de su casa, pero tiraron un montón de tiros. En la casa de al lado quedaron como 14 balazos y dos fueron contra la casa de mi sobrino, uno le pegó a él", recordó Mariana en diálogo con LaCapital.

A partir de datos que escuchó en el vecindario, la mujer indicó que todo se debió a una confusión relacionada con un búnker de drogas que estaba a la vuelta y que al día siguiente de este ataque fue derribado por los vecinos. "Ese búnker era una casa con un portón de rejas negras igual a una casa de la cuadra. Y afuera había un auto parecido al del transa que estaba a la vuelta. Deben haber pensado que ahí vivía el transa, dispararon y lamentablemente nos pasó a nosotros".

Dos parientes cargaron a Rodrigo en un auto y lo llevaron al Hospital Granaderos a Caballo. Como estaba muy grave, lo derivaron al Eva Perón de Granadero Baigorria. Tres días después murió de un shock séptico. Pero antes los vecinos derribaron a palazos la casa de Juanario Luna al 1200 donde se vendía drogas. Es que el ataque a tiros que terminaría en la muerte de "Rodri" fue demasiado para los habitantes de esa cuadra. "Se la pegaron a él pero pudo ser a cualquiera de nosotros. Y hasta un par de horas antes la cuadra estaba llena de chicos", contaban los vecinos por esos días.

Tercero en discordia

La investigación del crimen de Gigena se enmarcó en una saga iniciada la noche del 31 de julio en el centro de Puerto San Martín cuando mataron a Eduardo Luis Carlos Villegas. El joven de 28 años estaba en su Chevrolet Corsa Classic gris con su pareja cuando fue emboscado por los ocupantes de un auto que les salió al cruce y del que bajó un hombre armado que lo ejecutó sin más.

Tres días más tarde mataron a Jorge Acosta, un hombre de 30 años que estaba en el patio de una casa de Fournier al 1200, a unos 150 metros de donde mataron a "Rodri". Por ese hecho, en el que fue herido otro pibe de 19 años que estaba con la víctima fatal, fueron imputados dos jóvenes y quedó involucrado otro adolescente.

Las pesquisas por los tres crímenes se centralizaron en la Agencia Fiscal de Crimen Organizado y Delitos Complejos a cargo de Matías Edery. El 10 de octubre, tal como diera cuenta este diario al día siguiente, se practicaron 20 allanamientos en Rosario, Fray Luis Beltrán, Puerto San Martín, San Lorenzo y Capitán Bermúdez. Ocho resultaron negativos pero en los otros doce se secuestraron armas, teléfonos celulares, un auto, una moto, una camioneta y droga fraccionada para la venta. También hubo detenidos. Sin embargo hasta el momento, señalaron fuentes judiciales a este diario, no se recabaron evidencias para situar a los sospechosos en las escenas de los crímenes.

No obstante, las primeras hipótesis sobre la saga de asesinatos giraba en torno a disputas entre narcos asentados en ambas márgenes del arroyo San Lorenzo. Del lado sanlorencino, uno conocido como "Willy", y en Puerto San Martín otro apodado "Pipi". Sin embargo, el avance de la pesquisa alumbró otra teoría en la que un tercero en discordia quiso entrar a la zona a los tiros y, en tal sentido, habría empleado mano de obra de la zona sur rosarina. En algo coinciden todas las posibilidades: Gigena no tenía nada que ver. Incluso no se descarta que lo hayan confundido con otra persona cuando le dispararon.

"Ahora está tranquilo"

"Después que pasó lo de Rodrigo hubo otro tiroteo, a tres o cuatro cuadras de acá. También fue una cuestión entre narcos. Y hace un mes le tirotearon la casa a la madre de uno que venía por acá, pero no pasó nada. Justo la mujer estaba en una pieza en la parte de atrás y se salvó", resumió Mariana sobre la actualidad en el barrio.

"Después de que tumbaron el búnker de Juanario Luna y otro que estaba en España y Díaz Vélez, por lo menos se calmó la cosa. No se ven más las caras de antes, cuando no se podía estar en la vereda, porque venían, compraban y se drogaban en la puerta de la casa de cualquier vecino. A veces hasta robaban a los vecinos para comprar. Ahora no hay más tiros, cuando estaban los búnkers era un desastre", contó la mujer. Mientras tanto su familia no deja de reclamar, cada día 9, justicia por el absurdo crimen de "Rodri".

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