La ciudad

Volver a Malvinas 35 años después para cerrar un capítulo y honrar la memoria

Adrián Marrone, de Rosario, integra un grupo de ex soldados que optó por regresar al sitio donde se libró la guerra. Su hijo le escribió una carta

Lunes 16 de Octubre de 2017

Volver al lugar donde uno creyó que moriría, despedirse del compañero caído 35 años después, cerrar un capítulo crucial de la vida. Decir "acá estoy, regresé, soy el mismo y otro". A Malvinas, en busca de los ecos de esa guerra que quedó atrás, pero marcó para siempre. Con sentimientos de ese tipo, contradictorios, dilemáticos, un grupo de ex combatientes voló la semana pasada a las islas del Atlántico Sur. Entre los veteranos marchó Adrián Marrone, un rosarino radicado en Funes que luchó como conscripto con apenas 18 años y cuyo hijo Facundo, hoy de 26, le entregó una carta conmovedora. "Que lo que veas o recuerdes te sirva para entender lo que te haga falta, que te puedas despedir de todos los que no volvieron, pero por sobre todas las cosas, espero que sientas el orgullo de pisar una vez más esa parte de Argentina por la que tanto se sacrificaron", le escribió.

Según cuenta Facundo, a diferencia de muchos otros ex combatientes, su papá nunca dejó de hablar de lo que había vivido en Malvinas. Y por eso la brutal experiencia de la guerra formó parte también de lo que se podía charlar en familia.

Pero regresar a esas ásperas tierras del sur nunca había aparecido como "asignatura pendiente" en el relato de Adrián, algo que en cambio sí suele pasarles a otros ex soldados.

"No estoy muy seguro de que él haya planeado alguna vez regresar a Malvinas, creo que más bien surgió de sus compañeros y ellos lo entusiasmaron", contó Facundo.

Así, el jueves su padre partió a Buenos Aires, de allí a Río Gallegos, y de esa ciudad a Puerto Argentino, adonde llegó recién el sábado.

Más allá de que el viaje no hubiera sido acariciado como sueño desde antes, Facundo está seguro de que "ayudará" a su padre "a saldar una historia, cerrar un ciclo", que dejó atrás a compañeros, de los que "ni siquiera pudo despedirse".

Pararse ante las tumbas de esos muchachos que, como él, con 18 o 19 años, pelearon una guerra sin haberlo decidido pero "dando el máximo de sí", será un objetivo medular del viaje de Adrián a las islas.

Dos hitos de esa visita serán el cementerio de Darwin, en el que yacen 237 combatientes argentinos (123 aún en proceso de identificación), y Monte Longdon, donde el 12 de junio de 1982 se libró uno de los combates más sangrientos.

Fue en esas trincheras donde Adrián estuvo posicionado todo el conflicto. Allí perdió a sus amigos y comenzó a sufrir una enfermedad en los pies por anegamiento y frío que aún hoy mantiene sus efectos. Tras la rendición, el 14 de junio, el joven conscripto fue detenido y dos semanas más tarde devuelto al continente como herido de guerra.

"Volvés, y después de más de tres décadas y media viajás nuevamente a las islas. El contexto es otro, ya no hay enemigos, al menos no los mismos que en el 82, ahora la lucha es otra, contra uno mismo, contra la cabeza. En aquella época se llevaron un pibe, devolvieron un hombre. Mañana parte un padre de la hostia, un ejemplo de persona en cada uno de los aspectos de la vida, un tipo que no tengo dudas va a poder sobrellevar todo lo que esté esperando en aquellas tierras desoladas y frías... nuestras tierras", le escribió Facundo a Adrián.

El remate de la carta muestra que la reivindicación de soberanía es un ideal sentido en la familia que el ex soldado logró formar a su regreso: "Mañana volvés vos, pero en algún momento volveremos todos... Porque la única lucha que se pierde es la que se abandona".

El titular del Centro de Ex Soldados Combatientes de Rosario, Claudino Chamorro, al tanto del viaje emprendido por Adrián y otros veteranos de la zona, como Juan Carlos Figueroa, recordó que la institución levanta el compromiso de "a Malvinas sin pasaporte".

Aun así, dijo entender perfectamente que a "título personal" muchos decidan regresar para "cerrar el capítulo de lo que fue la guerra en la vida de cada uno, reconocer el lugar donde lucharon, visitar las tumbas de los compañeros, poder despedirse". En su caso, recordó, transcurrió 74 jornadas de combates, los últimos "durísimos", y el último día perdió a su compañero Ricardo Argentino Ramírez, un pibe de quien nunca supo "dónde fue sepultado".

Con esas deudas, esos fragmentos, ese dolor , pero también casi siempre con orgullo, vuelven algunos a Malvinas y otros deciden no hacerlo. Volver a visitar la historia suele ser duro, pero también puede ser sanador.

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