La ciudad

Una cita en el cementerio: recorrido para curiosos en la ciudad de los muertos

Tras un largo parate, este sábado volvieron las visitas guiadas diurnas a El Salvador. La Capital acompañó al primer grupo de visitantes en el particular tour

Martes 17 de Agosto de 2021

Tengo miedo de que se muevan”. Lucina tiene diez años. Su mirada está atenta a los ángeles de piedra ubicados en el techo de numerosos panteones del cementerio municipal El Salvador. En su mano lleva una dona que pronto se derretirá en su boca. Camina lento entre las tumbas, hace pausas en su camino para leer las inscripciones de las lápidas y tomar algunas fotos.

Lucina es la participante más joven de la visita guiada de este sábado por la mañana, actividad que se retoma luego de un parate de casi dos años. La última convocatoria fue en noviembre de 2019, en el Día de los Muertos. Pandemia mediante, el acceso a la necrópolis fue restringido: durante meses ni familiares ni amigos de quienes fallecían y eran allí enterrados podían entrar. Hoy, en tres grupos consecutivos de diez personas y con protocolo, la ciudad de los muertos vuelve abrir sus puertas a los curiosos.

Cementerio Salvador

Aunque suene extraña la propuesta de recorrer un cementerio en tiempos en los que la muerte es algo cotidiano y la batalla diaria es para evitarla, son muchos los que aceptan la invitación. Ni las bajas temperaturas ni tener que poner el despertador un sábado los desaniman. El grupo debut es variado: además de Lucina y su abuelo hay parejas, amigas, también periodistas.

Los cementerios son espejos de la ciudad: hay una ciudad de los vivos y una ciudad de los muertos”, son las primeras palabras de Sylvia Lahitte, coordinadora junto a Jesica Contreras Galarza del área de preservación patrimonial de los cementerios municipales. El dúo oficiará de guía en la breve recorrida por la calle 6, la principal arteria de la necrópolis ubicada sobre calle Ovidio Lagos, en el Parque Independencia.

Cementerio Salvador

A diferencia de las visitas nocturnas que el ahora secretario de Cultura Dante Taparelli solía realizar, no se proponen “paseos profundos por la memoria” (flautas, linternas y reflexiones filosóficas incluidas). En este recorrido diurno, que dura una hora, se ofrece al visitante información arquitectónica e histórica sobre algunas tumbas. Son las pertenecientes a personajes clave de la ciudad: Ovidio Lagos, Ángel Guido y la familia Castagnino, por mencionar algunos ejemplos.

Sobre la “avenida” principal de El Salvador descansan integrantes de familias que ayudaron a fundar Rosario a fines del siglo XIX. “Era una burguesía en ascenso, inmigración italiana y española que construía opulentas mansiones en bulevar Oroño (ex bulevar Santafesino) y también en la calle Córdoba. Con los mismos arquitectos y el mismo diseño con que construían sus casas luego construyeron estos mausoleos”, explican las guías.

Cementerio Salvador

Mientras las mujeres desgranan fechas, apellidos y otros datos de la historia de la ciudad, los participantes del tour se pierden mirando al cielo, igual que Lucina. Es inevitable. Sobre los techos de los panteones familiares hay ángeles de mirada triste, algunos con espadas en sus manos, otros con flores. Sus figuras contrastan con el celeste del cielo y generan escalofríos. Si algo logran las gigantescas moles grises es que el visitante de El Salvador confirme lo pequeño que es en relación al universo.

Cementerio Salvador

Parte inicial de la recorrida se concentra en la figura de Melitón Ibarlucea, comerciante y dueño de campos, quien alguna vez fue presidente del Concejo Ejecutivo de la Villa del Rosario, lo que equivaldría hoy a intendente. Era dueño de los terrenos en los que nació Rosario, gracias a su donación: allí hoy se encuentran la Catedral y la Plaza 25 de mayo. Su casa estaba donde hoy funciona el Museo Firma y Odilo Estévez.

Cementerio Salvador

Un visitante advierte que las antorchas invertidas se repiten. La guía explica que “es un símbolo de que estamos de paso en esta vida, de que el cementerio es una instancia previa a la eternidad”. Luego menciona la historia de los hermanos Manuel y José Arijón, quienes llegaron cuando eran adolescentes desde España a Montevideo pero luego se instalaron en Rosario. Los vincula al desarrollo del barrio El Saladillo.

Mientras el grupo avanza en su recorrido cruza a un trabajador del cementerio, que camina -pala y escobillón en mano- ajeno a lo que sucede a su alrededor. Un rato más tarde, pasará una pareja: ella llora, él la abraza. Los visitantes se abren para darles paso y se hace un silencio respetuoso antes de retomar el camino.

Cementerio Salvador

Las guías continúan dando información. Las “casitas” grises del camino tienen hasta dos subsuelos y pueden alojar hasta 30 integrantes de la misma familia. Aclaran que las puertas de acceso a los panteones no son las frontales, que con esas se llega a los oratorios. Que los cuerpos suelen ingresar por atrás. Alguien nota que hay un Castagnino en el panteón de los Arijón y se abre el debate entre vínculos de familias adineradas.

Cementerio Salvador

El ranking de objetivos fotográficos es liderado por las estatuas. En el gris, los hombres aparecen en forma de bustos con mirada seria. Las mujeres, en cambio, se repiten recostadas, tristes, rezando, llorando. En el recorrido se alaba el trabajo del escultor Fontana y algunas de sus obras. También muchos se detienen a tomar imágenes del impresionante vitraux del panteón de la familia Gueglio, el más grande del cementerio.

Cementerio Salvador

En el panteón de los Pinasco, hay angelitos grabados en la puerta, algunos bailan y otros comparten flores. Al costado, una impresionante escultura muestra a un mujer con una lágrima en su rostro.

Luego es el turno de los Castagnino: se hace referencia a Juan Bautista pero se destaca la figura de su madre y mecenas de arte Rosa Tiscornia, quien fue la responsable del museo que lleva el nombre familiar. Las guías prometen que pronto se avanzará en una visita guiada con perspectiva de género.

Cementerio Salvador

Ocasionalmente, la calma es interrumpida por algunas palomas, que tras estar largo tiempo escondidas en techos y criptas sorpresivamente vuelan al cielo con destino incierto. Si bien es de día, no deja de ser un cementerio: a más de un visitante el aleteo inesperado le genera susto.

Cementerio Salvador

Hay una marca en el piso de la calle principal, al cruzar las calles 6 y 7. Diferencia dos etapas de la necrópolis: de un lado los muertos de 1856/80 (primera etapa del cementerio) y del otro los fallecidos de 1880 en adelante. Esa marca funcionaba como antiguo ingreso al espacio. Hoy funciona como marca de fin de recorrido. Hay otro grupo esperando su visita, las guías vuelven al punto de partida.

Algunos visitantes agradecen el tour y se marchan, cruzan la puerta de entrada, caminan lentamente entre los puestos de flores que abundan a esa altura de Ovidio Lagos. Pero la mayoría se pierde voluntariamente entre las inmensas moles de piedra del cementerio y también se pierde en sus pensamientos. Quedan las ganas de conocer más.

Cementerio Salvador

Las visitas diurnas al cementerio El Salvador se realizarán el segundo y cuarto sábado de cada mes. Si bien son gratuitas, hay cupo y por protocolo se debe realizar inscripción previa: link aquí. En caso de lluvia, la actividad se suspende y se comunicará a los inscriptos la nueva fecha.

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