La ciudad

Un texto vívido, atrapante y plagado de vivencias

En "Atormentada Mente", Mondino relata procesos, describe el infierno de estar devastado y da pistas que pueden ayudar. Lo hace desde el sentir y en eso, justamente, consiste la riqueza del texto, de FV ediciones y colaboración de la Sociedad Argentina de Escritores.

Martes 27 de Noviembre de 2018

En "Atormentada Mente", Mondino relata procesos, describe el infierno de estar devastado y da pistas que pueden ayudar. Lo hace desde el sentir y en eso, justamente, consiste la riqueza del texto, de FV ediciones y colaboración de la Sociedad Argentina de Escritores.

La portada recoge su mirada, lo único vivo que le quedó de aquella mañana del 1 de noviembre, mientras se disponía a estudiar, con mates y bizcochitos, cuando "una legión de hormigas mercenarias" le iba quitando movilidad a sus piernas. Le puso nombre a ese hecho: "El primer día del resto de mi vida". Ese es el capítulo inicial del texto que recorre, cronológicamente, los tramos vividos en salas de terapia, comunes y de rehabilitación, dejando absorto al lector a la espera de un desenlace, que no pocas veces se convierte en el inicio de otro calvario. Sin obra social, su familia hizo magia para que recibiera atención después de que dejó el Heca sin mover un solo músculo, alimentado por sonda y sin emitir sonido.

"Desde adentro la mente volaba con extrema libertad dentro de un universo paralelo, el cual nunca se rebajó a un completo sueño: este universo se mantenía a medio camino entre la realidad y la fantasía", escribe Mondino en el capítulo "De la guardia a terapia". Más de un mes viendo sólo el techo del Heca, dando gritos silenciosos, escuchando lo que sucedía pero sin poder participar "en el entorno".

Aquellos pensamientos encorsetados aparecen encomillados en el texto, que tiene un hilo que lo conduce y profundiza: "¿Por qué a mí?".

Un mojón fundamental fue su paso por el Instituto Fleni, en 2006, gracias a una beca que se prorrogó por el adelanto insospechado que lo liberó de las 24 horas en la cama con una silla de ruedas, activó músculos paralizados y a tragar por primera vez helados y papillas. Aún seguía sin hablar, con mucho esfuerzo daba mensajes con el celular y en la casa armaron una estrategia de comunicación, con hilo, campanilla y carteles con el nombre de las necesidades básicas, que él debía señalar, cuando pudo mover un brazo, claro.

"Con el fin de que familiares y amigos tomasen conocimiento de lo que pasaba por mi cabeza durante la época en que no podía hablar, en agosto de 2007 escribí el relato Desde Adentro", explica Mondino y dice que recién ese año le quitaron la sonda gástrica que lo alimentaba.

Hoy sigue intentando perfeccionar su marcha, usa bastones y silla electrónica fuera de su casa.

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