Ursula Rakova sacude la cabeza en la conferencia cuando escucha la jerga sobre el calentamiento global usada en las rondas de negociaciones.
Ursula Rakova sacude la cabeza en la conferencia cuando escucha la jerga sobre el calentamiento global usada en las rondas de negociaciones.
Mientras allí se debate sobre objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en 15 años, Rakova está planeando el éxodo de su patria. La mujer vive, todavía, en las islas Carteret, al noreste de Australia. Estas islas de Papúa Nueva Guinea están sufriendo las consecuencias de la elevación del nivel del mar.
"Saciamos nuestra sed con leche de coco, todas las fuentes de agua dulce están contaminadas con agua marina", denunció Rakova. "Cuando hay marea alta, nuestros jardines quedan inundados, y con la sal todo se destruye", agregó.
"Los niños ya están muy desnutridos", reveló. En el próximo verano, las primeras 15 de las 600 familias abandonarán para siempre Carteret, en la isla principal de Nueva Guinea, Bougainville
Ambriansyah, de 65 años, de Kampung Pasir, en Borneo, admite: "No sabemos cuándo debemos sembrar, las lluvias son impredecibles".
Desde que el bosque a su alrededor fue reemplazado por plantaciones de palma, en su aldea comenzó a hacer un calor insoportable. Luego, una empresa carbonífera eliminó una montaña. "El viento ya no sopla", se quejó.
Aldrin Calixte viene de Haití. Los habitantes sufren allí huracanes cada vez más intensos, precipitaciones impredecibles, sequías persistentes. Cuatro mil personas perdieron la vida en los últimos tres años por catástrofes climáticas.
La lucha por el agua. Asimismo, el agua potable escasea. "Frente a las canillas públicas hay colas cada vez más interminables", dijo Calixte. Toma muchísimo tiempo conseguir agua, un tiempo que luego les falta a estas personas para trabajar. También los niños son enviados a recoger agua, por lo que entonces no acuden a la escuela.


Por Lucas Ameriso
