Las ventas de fin de año en supermercados de Rosario cerraron con un desempeño apenas superior al de 2024, un período que el propio sector define como uno de los más bajos de los últimos tiempos. Así lo señalaron desde la Cámara de Supermercados y Autoservicios de Rosario (Casar), quienes advirtieron que el consumo sigue marcado por la cautela y por cambios profundos en los hábitos de compra.
“El consumo estuvo apenas por arriba de lo malo del año pasado”, sintetizó Sergio López, secretario de Casar y vicepresidente de la Asociación Empresaria de Rosario (AER). Según explicó, en los casos más favorables algunos comercios lograron una facturación entre un 2% y un 3% por encima de la inflación, mientras que en unidades vendidas el crecimiento fue levemente mayor.
Sin embargo, aclaró que ese incremento no responde a un mayor poder de compra, sino a la elección de productos de menor valor dentro de una misma categoría. “Se venden más unidades, pero de precios más bajos, ya sea en vinos, espumantes, gaseosas o cervezas”, detalló.
Sobre el pucho
Otro rasgo destacado fue la falta de anticipación. El presidente de la institución supermercadista, Sergio Cassinerio, señaló que uno de los rasgos distintivos de este diciembre fue la fuerte postergación de las compras vinculadas a las fiestas. “Lo que se vio distinto es que la gente dejó más para lo último las compras de fin de año, porque no tuvo el incentivo de comprar antes por miedo a aumentos”, explicó.
Prácticamente no hubo reservas y las compras se concentraron a último momento. Según indicaron, el movimiento fuerte recién se activó desde el lunes previo, teniendo en cuenta que tanto Navidad como Año Nuevo cayeron miércoles. Los días de mayor movimiento fueron lunes y martes, con mayor intensidad el martes que el miércoles. Entre las razones, se mencionan la falta de tiempo y las restricciones económicas, además de una costumbre cada vez más instalada de no planificar con antelación.
Cassinerio sostuvo que los días 24 y 31 mostraron picos de ventas más intensos que en otros años, aunque aclaró que eso respondió a la concentración de las compras y no a un mayor volumen general. “Durante los primeros días de diciembre no aparecían los productos típicos de las fiestas en los carritos. Fue un mes prácticamente normal hasta esa fecha”, señaló, y agregó que, en comparación con 2024, los números finales resultaron similares.
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Hábitos cambiados
Uno de los cambios más notorios se dio en el consumo de carne, que registró una caída significativa, con excepción de algunos puntos puntuales. El fuerte aumento de precios impactó de lleno en la decisión de compra, ya que se trata del componente de mayor peso dentro del ticket promedio. En contrapartida, creció la demanda de fiambres y productos fríos, una tendencia impulsada tanto por el clima como por la necesidad de resolver comidas más rápidas, especialmente en la cena del 31.
Desde el sector explicaron que este escenario también condicionó la estrategia comercial. “Tanto la industria como el comercio tomaron como piso y techo los números del año pasado, porque nadie quería quedarse con sobrantes de productos altamente estacionales”, indicó Cassinerio, al describir un contexto de extrema cautela en las decisiones de compra y abastecimiento.
López coincidió en que, en términos generales, la mayoría de los comercios empardó las ventas del año pasado, que ya habían sido bajas. Insistió en que el análisis debe hacerse de manera conjunta entre facturación y unidades vendidas. “Da la sensación de que se compra más, pero en realidad se trata de productos más baratos. Así es como cerramos el año”, señaló, y agregó que el clima también tuvo un rol determinante en la decisión de compra..
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Realidades paralelas
Cassinerio, por su parte, remarcó que los cambios en el consumo no son coyunturales, sino que se arrastran desde la pospandemia. “Las unidades vendidas bajaron mucho a partir de 2023 y después hubo un amesetamiento. Ese comportamiento todavía no se modificó”, afirmó.
Si bien diciembre sigue siendo un mes positivo en comparación con el resto del año, los niveles de crecimiento quedaron lejos de los registros históricos. “Antes diciembre podía triplicar las ventas de un mes normal. Hoy, en el mejor de los casos, se vende un 40% o un 50% más”, explicó López.
Las diferencias también estuvieron marcadas por la ubicación de los comercios. Algunos supermercados mostraron mejores resultados por situaciones excepcionales, como su localización en zonas con alta afluencia de personas durante las fiestas. Localidades como Funes, Roldán o Pueblo Esther concentraron mayores ventas, mientras que gran parte del resto de la ciudad, en el mejor de los casos, se mantuvo en niveles similares a los del año pasado.
Finalmente, desde el sector remarcaron que el panorama no es homogéneo. “No todos los consumidores ni todos los comercios están en la misma situación. Hay negocios en caída y otros que están creciendo. Por eso los porcentajes generales siempre son difíciles de plantear: hay que mostrar las dos caras de la realidad”, concluyó López.