
Desde las 9 comenzaron a llegar los primeros asistentes para rendirle un emotivo homenaje a este ingeniero, de 48 años, que perdió la vida abrupta e inexplicablemente, en un viaje de amigos.
La sala velatoria de El Prado estaba preparada desde temprano. Y según contaron quienes asistieron, también había mobiliario de color blanco, distribuido sobre una bella zona parquizada, con el verde intenso del césped como piso, y con cielo limpio como techo, que exageró los efectos de un sol impiadoso.
De acuerdo a lo que relataron algunos allegados, había muchos jarrones y arreglos con rosas rojas y blancas. Destacaron que hubo una organización de alto nivel.
Minutos después de las 11, llegó el coche fúnebre (marca Citroen) con el cuerpo, escoltado con dos motocicletas y una pick up de la policía de la provincia. Unos pocos minutos antes habían arribado sus familiares directos, que venían acompañando el recorrido desde Buenos Aires.
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Atravesando el mediodía se produjo el momento de más angustia. Donde ninguna palabra, y ningún abrazo, alcanzaba para transformarse en elemento de contención. Esa primera hora tras la recepción, fue sin dudas el pasaje más complicado para la familia y los amigos de Erlij, quienes decidieron no dejar pasar a la prensa y armaron una sala en el ingreso del cementerio para preservar la intimidad y la privacidad del encuentro, y para que los periodistas puedan desarrollar sus tareas.
Según lo que contaron allegados de la familia, uno de los gestos más emotivos fue que los compañeros del Colegio Inglés de los hijos de Erlij se acercaron para saludar y acompañar en este difícil momento.
La ceremonia contó con una numerosa y celosa comitiva de seguridad, que estuvo atenta a cada detalle, y a cada pedido de la familia.
Este sentido homenaje, se extendió hasta las 19 de ayer, en el coqueto predio pegado a la ruta 33 (km 847), en la ciudad de Pérez.
Por Claudio Berón
