La Ciudad

Psiquiatras rosarinos aconsejan: "No hay que tener miedo de hablar en familia del suicidio"

Hoy es el Día Mundial de la Prevención del Suicidio. La franja etaria de los 15 a los 34 es la más vulnerable. Habilitar la escucha y derribar mitos

Viernes 10 de Septiembre de 2021

Habilitar la escucha. Derribar mitos, como el que dice que si uno habla de suicidio con una persona vulnerable lo va a "incentivar" a tomar una decisión drástica. De eso se trata el Día Mundial de la Prevención del Suicidio establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS): poner en palabras un tema sensible que según esa entidad es la cuarta causa de muerte en la franja que va de los 15 a los 29 años (datos de 2019) y es la segunda causa de muerte en chicos argentinos de 10 a 19 años, según Unicef.

La Capital habló con dos especialistas que ofrecieron pautas para conocer los factores de riesgo y las señales de alerta y de esa manera acercarse, acompañar y poder ayudar a quienes pueden llegar a tener una conducta suicida. La muerte autoprovocada es un tema tabú pero tiene que dejar de serlo.

No callar

José García Riera, médico psiquiatra infanto juvenil, profesor titular de Paidopsiquiatría en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), con más de 40 años de experiencia, fue categórico: "No se puede prevenir lo que se oculta".

Aunque admitió que en los últimos años se habla más de este tema es "imprescindible" que a nivel público y político "deje de ser algo soslayado". Tal como lo dice la OMS "el suicidio es la pandemia silenciosa", reflexionó el profesional.

Para el médico psiquiatra Lucas Raspall, conferencista y escritor, "el primer punto es empezar a hablar porque en en ese velo, en la dificultad para tratar un tema evidentemente difícil es que se presentan las dificultades para aquel que atraviesa esa nube, ese momento, y que no tiene a nadie dispuesto a escucharlo o escucharla".

"La clave para prevenir es una escucha atenta. Y la otra, desterrar mitos. El primero es aquel que señala que hablar de suicidio puede sembrarle la idea a una persona", enfatizó el médico, y agregó: "Nadie que hable de suicidio va a instalar la idea en quien no la haya tenido antes. Por eso, si uno abre, habilita, escucha, si pregunta, le está diciendo a ese otro que comprende su dolor, que comprende lo que le pasa".

Los especialistas, en tanto, detallaron que existen factores de riesgo y señales de alarma.

A qué señales estar atentos

García Riera hizo referencia a un esquema de alertas que como profesional y profesor universitario trabaja con sus alumnos en Medicina. Destacó, además, que la UNR adhiere al 10 de septiembre como Día Mundial de la Prevención del Suicidio donde se promueve "Crear esperanza a través de la acción".

Los niveles de alerta a los que se refirió García Riera están clasificados con los colores amarillo, naranja y rojo (aclaró que son indicadores que fueron sintetizados para organizar ciertos niveles de advertencia) en chicos, adolescentes y jóvenes.

Amarillo: empiezan a plantear la idea del suicidio a través de algún dato; tienen una imagen parental pobre (hay poca presencia de los padres, poco diálogo, distancia); un alto nivel de actividad pero bajo rendimiento escolar; en los jóvenes la falta de inserción laboral es un dato a considerar; consumo brusco de alcohol; abandono personal (vestimenta, cuidados diarios); aumento de la irritabilidad; aumento de la ansiedad; alteraciones del ritmo alimentario; cambios en los gustos culturales y fuerte adherencia a ciertas tribus urbanas.

"Cuando estamos frente a estas señales hay que empezar a indagar", dijo el médico.

Naranja: comportamiento antisocial; deprivación (suspensión) de lo afectivo; déficit de autocontrol de impulsos; un medio familiar conflictivo con actitudes negativas; rasgo ciclotímicos con tendencia a la depresión; consumo de alcohol y otras drogas _ya que van a modificar una neuroquímica ya sensible y vulnerable y puede intensificarse la química cerebral hacia ciertas conductas de mayor riesgo_.

Rojo: síntomas depresivos como apatía, inhibición, anhedonia (pérdida del interés en cosas placenteras y en cualquier otra actividad de la vida, desmotivación); mayor intensidad de síntomas psicóticos como persecución y alucinaciones.

En los púberes y adolescentes puede verse alguna reacción depresiva infantil ante la pérdida de un familiar, por ejemplo. También es importante estar atentos a los chicos y chicas que han sufrido abuso sexual.

Hay que considerar además los antecedentes familiares de suicidio.

¿Cómo actuar?

El miedo paraliza y la negación nunca es buena consejera. Si uno percibe que un hijo, sobrino, hermano, pareja, padre, madre, está pasando por un momento complejo donde la idea del suicidio aparece en forma clara o encubierta, pero uno lo advierte, es el momento de hablar y de buscar ayuda.

Si la persona se niega a una consulta con un psiquiatra la familia o allegado puede hacerlo para que lo orienten.

La Organización Panamericana de la Salud, por ejemplo, promueve "ayudar a las personas que están contemplando el suicidio o se ven afectadas por él a que compartan sus historias y busquen ayuda profesional".

García Riera destacó que es muy importante "buscar la asistencia de un especialista porque así como existe el subdiagnóstico también pueden aparecer sobrediagnósticos".

Ante una urgencia o la imposibilidad de acceder a un médico psiquiatra en lo inmediato es recomendable acercarse al centro de salud más cercano que tiene personal entrenado en salud mental.

En Rosario existe el servicio del hospital Agudo Avila (Suipacha 667) y la cátedra de Paidosiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas tiene un servicio de extensión que brinda asistencia pero no cuenta con servicio de emergencia.

Bullying y Ciberbullying

Raspall le dedicó especial atención al bullying y al ciberbullying (acoso físico o psicológico a un chico, adolescente o joven en forma presencial o por las redes sociales) como un mal de estos tiempos que puede llevar a una persona a pensar en matarse.

"Son disparadores muy potentes para que alguien empiece a rumiar la idea del suicidio", señaló.

Puso el acento además en quienes tienen al alcance fármacos y armas en el hogar. Hay que estar muy atentos a esto.

"En general hay una primera fase de búsqueda de ayuda desesperada pero luego uno ve que esa persona tira la toalla. En cualquier caso corresponde preguntar, hablar", insistió el médico psiquiatra.

Riesgos en pandemia

Por su parte, García Riera dijo que la pandemia está dejando marcas profundas en la salud mental de la población y que se empezaron a ver problemas más profundos a partir de los 6 meses de la llegada del Covid, y muchos más a un año y medio.

"Hay un agravamiento de cuadros sin tratamiento. Esto pasó tanto a nivel de la atención de problemas físicos como psíquicos", dijo.

"Vemos que se incentivaron síntomas de ansiedad y particularmente en adolescente. También hay más cuadros de fobia por temor a enfermarse ellos o enfermar a alguien más vulnerable de la familia".

Dadas las consecuencias de la epidemia de Covid, la pérdida de puestos laborales, el aumento de conflictos intrafamiliares, el cambio rotundo en la vida de muchos adolescentes (falta de contacto con pares, no asistencia presencial a las escuelas, pérdida de lazos afectivos, problemas constantes en el hogar), la cantidad de fallecimientos que se produjeron en forma abrupta, los niveles de culpabilidad que existen en personas que fueron el vehículo de contagio de alguien que tuvo un final fatal "urge que los sistemas de salud se ocupen de esto" y señaló: "No se trata de ser apocalípticos pero sí de observar esta realidad y hacer algo al respecto".

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