Felipe Caruso vivió hasta el último día de su vida recordando a la menor de sus tres hijas, Daniela, a quien sobrevivió por 26 años, hasta que su corazón se apagó en las últimas horas, a los 87 años. Daniela fue asesinada la noche del 2 de marzo de 1997, en la esquina de Oroño y Salta, tras ser arrollada por un Ford Galaxy que corría a 130 kilómetros por hora, mientras cruzaba para abordar un taxi. Quien estaba al volante del Galaxy era Sebastián Rodrigo Pira, quien en esa época tenía 21 años. Pira no enfrentó jamás a la justicia, hasta la prescripción de la causa.
Caruso era el heredero de un negocio familiar y un oficio que se pasó de generación en generación: la fotografía. La familia tenía un estudio fotográfico ubicado a pocos metros de su domicilio y ocupaba un lugar importante en la vida de los Caruso, hasta el crimen de Daniela. La joven ayudaba mucho a su padre en el local, por lo que su ausencia allí impidió que Felipe pudiera continuar con esa actividad. Así fue como surgió la asociación civil “Protejamos la Vida”.
El padre tomó la memoria de su hija y la convirtió en fuerza para llevar adelante una serie de acciones para generar consciencia sobre la seguridad vial y a participar de talleres para infractores viales que dicta la Municipalidad. No obstante, los años no pudieron quitar el dolor de la muerte de Daniela.
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Sebastián Pira continúa sin comparecer, y no se ha sabido nada de su persona desde que la Interpol fue a buscarlo para su extradición a Argentina, en un domicilio donde el joven estaba radicado en la ciudad de Ámsterdam, en agoto de 2001. La foto es de 1997, donde el joven tenía 21 años.
La muerte de Felipe Caruso ocurrió en la misma semana en la que un tribunal condenó a 12 años de prisión e inhabilitación para conducir por 10 años a dos conductores, Germán Schoeller y Pablo Mancini, por el delito de participación en prueba de velocidad o destreza sin la debida autorización de autoridad competente, en concurso real con homicidio simple y lesiones graves, hechos cometidos con dolo eventual, donde resultaron muertos David y Valentino Pizorno, padre e hijo de 8 años, y causó graves heridas a Cintia Díaz, en un choque sufrido en marzo de 2021 en la esquina de Ayacucho y avenida del Rosario.
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La noche del 2 de marzo de 1997, Daniela Caruso salió a bailar con una amiga de la escuela, María Celeste Haiek, que tenía 22 años. Ellas cruzaban calle Salta para tomar un taxi cuando el auto de Pira ignoró la luz roja del semáforo y arrolló a las dos chicas a 130 kilómetros por hora, provocando la muerte instantánea de Celeste. El impacto subió a Daniela en el capó del auto hasta la esquina con Balcarce, donde la chica cayó y el auto le pasó por encima. El auto zigzagueó hasta sacarse de encima a Daniela, y luego se dio a la fuga.
Poco después de ocurrido el hecho, el joven concurrió a la comisaría 3ª acompañado de su abogado, y fue detenido en el acto. El juez Osvaldo Barbero caratuló el hecho como doble muerte en accidente de tránsito y derivó el caso al magistrado Edgardo Bistoletti.
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Barbero dictó la libertad condicional el 12 de junio de ese mismo año, pero Bistoletti cambió la carátula a doble homicidio con dolo eventual, por lo que según el Código Penal cabría una pena de entre 8 y 25 años de prisión. Si bien los defensores apelaron la decisión, la Cámara dispuso que la muerte de Daniela Caruso fue por homicidio simple (con intención) y la de María Celeste por homicidio culposo (sin intención), y ordenaron la detención de Pira el 10 de noviembre. La policía fue a buscarlo a su casa, pero no lo encontró: fue el primer escape.
Pira fue ubicado en Israel al poco tiempo, desde donde se trasladó por diferentes espacios de Europa oriental. De su paradero se supo en Turquía y Holanda. También en Corea. En este último país es donde se radicó hasta el 28 de marzo de 2000, cuando fue interceptado en el aeropuerto.
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El juez neerlandés que entendía en la causa aceptó su extradición a Argentina, pero sostuvo la libertad de Pira hasta que definieron su detención. En agosto de 2001, cuando Interpol lo fue a buscar, el muchacho ya había desaparecido otra vez. Esa fue la última vez que se supo de él.
En 2009, el nombre de Pira apareció en el padrón electoral de la ciudad misionera de Posadas. El dato, que según las familias de las chicas nunca se investigó, apareció al año siguiente de que la causa prescribiera con el tiempo. Si bien la prescripción fue apelada, el juez de instrucción Gustavo Pérez de Urrechu firmó la resolución que cerraba para siempre la investigación en febrero del 2014.