La ciudad

Lucha contra el VIH: "Que podamos llegar a la vacuna es la culminación de un sueño"

Gladys González, referente de una ONG que trabaja en el tema VIH/sida, se mostró orgullosa de que Rosario sea escenario de los primeros testeos que apuntan a terminar con la enfermedad

Viernes 30 de Octubre de 2020

"Para mí lo de la vacuna es una gran noticia. Esto sería la culminación de un sueño, ver la cura. No me quería ir de este mundo sin ver la cura". A Gladys González, referente de la ONG Organización de Familiares Enfrentando al Sida (Ofes), se la escucha alegre, entusiasmada. Es que la noticia del inicio de las pruebas de la vacuna contra el VIH en un paciente de Rosario la llena de ilusión. "Seguíamos atentamente el trabajo del doctor (Sergio) Lupo y nos alegra y nos enorgullece", admite.

Tras una interrupción por la pandemia de coronavirus, este jueves comenzaron en Rosario las pruebas para una vacuna preventiva del VIH, que, en Argentina, también se desarrollarán en la ciudad de Buenos Aires. El estudio local está a cargo de un equipo de diez investigadores rosarinos y la primera dosis de prueba en el país se inoculó en la ciudad. La eficacia de la vacuna contra el VIH se conocerá en 2023 y el instituto a cargo de este estudio continúa recibiendo voluntarios que reúnan una serie de requisitos. La idea era comenzar las pruebas en marzo pasado, pero la pandemia complicó los planes. El equipo de investigación en Rosario de la vacuna contra el VIH está a cargo del jefe del Servicio de Clínica Médica del Hospital Centenario y director médico del instituto Caici, Sergio Lupo, quien investiga sobre el sida desde principios de la década de 1990.

En 1988, Gladys perdió a su hija María José, que al partir tenía apenas 22 años, por el HIV. A partir de allí surgió la idea de nuclear a familiares de enfermos de sida para dar una batalla durísima. Así, junto a su esposo Hugo, le dio visibilidad a Ofes, Organización de Familiares Enfrentando al Sida. Después, el sida le arrebató a su pequeño nieto de seis años, Joel, en 1994. Entre quedarse llorando y pelear, eligió lo segundo. "Por eso lo de la vacuna es una gran noticia", resalta.

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"Yo ruego que (la vacuna) esté pronto y que sea efectiva. Ya está en fase de prueba, ese es un paso muy grande. Recuerdo que en el año 2000 estuve en un congreso en Durban, en Sudáfrica, donde se hablaba de todas las vacunas que estaban en estudio. Por entonces se decía que la vacuna llevaría unos 10 años más de desarrollo. Y pasaron 20 años", comenta recordando su experiencia.

Cuando recuerda a María José y a Joel, Gladys habla desde un profundo dolor pero con una entereza admirable. "Fue terrible en todo sentido. Porque cuando armé la organización empezaron a venir los chicos que estaban infectados a quienes uno sentía como parte de uno. Incluso tuve durante cinco años a un chico al que pude sacar de las drogas. Pero con mi marido sabíamos que algo debíamos hacer", desmenuza una parte de su vida.

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Dice no saber cuántos infectados de sida hay en Rosario. Y allí, como un carrousel, la presencia de su hija aparece nuevamente: "Nunca me ocupé de las cantidades, de los números. No me voy a olvidar de unas palabras que decía mi hija . 'Yo soy parte de las estadísticas mamá' me decía. Y era terrible escuchar eso. Por eso decidí trabajar y pensar en las personas, no en los números".

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La integrantes de Ofes asegura que la situación respecto a la visibilización y tratamiento de la información acerca del sida ha cambiado sustancialmente con el paso de los años: "Cuando arrancamos no había ni programas. Nosotros nacimos antes que todos los programas. Incluso había mucha discriminación. En el hospital trataban a los profesionales que atendían a los enfermos de HIV como el médico de los sidosos. No había especialistas que quisieran atender a los enfermos. Era terrible ir al hospital y ver cómo miraban con curiosidad a los enfermos", recuerda.

Consultada sobre si notaba un cambio en la sociedad respecto al abordaje del tema VIH, Gladys fue contundente y dijo hoy "hay grandes diferencias". Y recordó con orgullo el Homenaje de las Mantas, el encuentro que todos los 1º de diciembre se realiza en la Plaza Montenegro para recordar a los fallecidos por el sida.

"Antes nadie daba la cara por miedo. La propia familia era la primera que discriminaba. Me pasó algo espantoso con las madres. Decían '¿por qué me tocó a mí' o algunas que les decían a sus hijos que no dijeran que tenían sida. O una madre que le decía a su hijo que dijera que tenía sida pero no que era gay. Todo fue muy duro", sostiene.

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Hoy, a los 78, dice que está "grande". Y cuenta con gran orgullo que Milagros -un nombre que no es casual, sino causal-, es el motor de su vida. "Milagros es una nena que adopté de bebé y que tenía HIV. Pero al año de estar conmigo ya no lo tenía. Hoy tiene 16 años y es la razón de mi existir", resume.

Gladys comienza a desandar su camino de lucha. Cuenta que hace cuatro partió Hugo, su marido, con quien luchó codo a codo para sumar gente y buscar respuestas en la lucha contra el sida. "Cuando te toca lo que a nosotros nos tocó quedan dos caminos: encerrarnos a llorar o salir a luchar. Y yo elegí lo segundo y nunca me voy a arrepentir de eso. La lucha me dio una razón para vivir".

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