La ciudad

Los recuerdos de las primeras reuniones, la vergüenza y la necesidad de juntarse

Myriam Auyeros fue una de las primeras en sumarse a Ammar. Asegura que llegar a formar un gremio "parecía imposible".

Lunes 27 de Enero de 2020

Myriam Auyeros no puede dejar de quebrarse cuando lo cuenta. Se tapa la boca con la mano, se contiene, pero de los ojos le estallan las lágrimas. Era un miércoles y algunos días antes Sandra la había convocado, en una madrugada de trabajo en la esquina de Córdoba y Cullen, para que se sume a las reuniones que empezarían a tener en el edificio de ATE Rosario. Llegó como “sintiendo que no tenía derecho de estar ahí”, recuerda todavía hoy, y la encontró a Sandra sentada en un sillón, hamacándose, como jugando.

   “Nunca voy a dejar de quebrarme, porque fue tan lindo encontrarme con ella y con las compañeras que iban llegando porque nos habían marginado tanto, que estar en un lugar así parecía imposible”, relata la mujer de 57 años que fue de las primeras en sumarse a esa primera organización de Ammar que Sandra impulsó hace más de dos décadas y que, el año pasado, volvió a integrar, esta vez acompañada por las chicas más jóvenes, sumando también a los varones y a las chicas trans.

   Myriam dice que habla mucho. Y es cierto que el silencio no es para ella, y además lo hace con vehemencia. “Sufrí por años cada vez que quería hablar de mi trabajo como trabajadora sexual, que quería contar que tenía buenos clientes y amigos, que eso me rendía y podía cambiar la vida de mis hijos, y que cuidaba mucho de ciertas cosas a mis hijos. Pero, en esas ocasiones, siempre, pero siempre, me callaban o me decían: «Hablá bajito»”.

   Quizá por eso, cuando Sandra le dio un micrófono y la invitó a hablar, Myriam asegura que encontró su lugar en el mundo. Eso fue hace 20 años y lo volvió a encontrar ahora.

   “Acá, en este lugar está todo lo que yo quiero”, dice señalando alrededor, en el mismo edificio donde conoció a Sandra, aunque ese “acá” no son las cuatro paredes que la rodean, son sobre todo sus compañeras y la organización. Para Myriam ahí estaba lo que buscaba con sus pares cada vez que salía a trabajar a la calle.

Sororidad

“Ya en ese entonces, hablábamos con compañeras, yo y otras, buscábamos espacios de intercambio y sororidad, como dicen ahora. Cuando caía la policía si había compañeras embarazadas o con chicos, iba otra para que esa no cayera presa. Lo hacíamos sin darnos cuenta, y después empezamos a hacerlo organizadamente y entones supimos el valor que tiene hacer visible nuestro trabajo”, apunta.

   Fue difícil sostener el espacio sin Sandra, reconoce. Sin embargo, desde el año pasado, con las más jóvenes, Myriam y otras ya retiradas del viejo Ammar se volvieron a encontrar, y volvieron a recorrer los espacios cada 15 días, como cuando repartían preservativos en la plaza San Martín, pero todavía lo hacían con algo de vergüenza y temor.

   Por eso, Myriam insiste en el pedido de Justicia para Sandra, en la reparación histórica para las compañeras trabajadoras sexuales que fueron víctimas de abusos y violencia institucional y en la regulación del trabajo sexual. “Yo de acá no me muevo”, se afirma a ella misma y también a sus compañeras.

El acto

“Sandra somos todes” es el lema del acto que se desarrollará esta tarde, a las 18, en la plaza de Córdoba 3650 que lleva el nombre de la dirigente asesinada.

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