La toxina botulínica, más conocida por su nombre comercial bótox, revolucionó el mundo de la estética. Hoy la mayoría de las personas la asocian a los tratamientos destinados a "borrar" las arrugas de la frente y otras marcas faciales propias del paso del tiempo, sin embargo, las primeras disciplinas que la utilizaron fueron la oftalmología y la neurología.
En tratamientos neurológicos su uso se afianza y actualmente se aplica cada vez más para aliviar las migrañas en personas que no han respondido a otras terapias para calmar sus dolores de cabeza.
El neurólogo Tomás de la Riestra, miembro de Ineco Rosario, habló con La Capital sobre este tema que afecta a miles de personas, las que pueden encontrar alivio a sus dolores crónicos con la aplicación de esta toxina. Uno de los problemas es que no siempre las obras sociales cubren este tratamiento que "puede cambiar sustancialmente la calidad de vida del paciente", señala el profesional.
La migraña es uno de los usos pero también se aplica en espasticidad (un trastorno que genera que algunos músculos estén contraídos en forma permanente), en rehabilitación de pacientes que tuvieron ACV o algún traumatismo grave y en abordaje de algunos movimientos anormales. Gracias a esta toxina, muchas veces combinada con otras terapias, puede lograr que recuperen en forma parcial o total la funcionalidad de la zona afectada. También se indica en dolores por tortícolis.
"Existe una historia detrás de la toxina botulínica, un medicamento biológico que originariamente se usó en oftalmología, para el estrabismo y luego para un montón de aplicaciones dentro de la neurología, aunque el famoso boom fue con las aplicaciones en estética", detalló el médico.
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En neurología comenzó a usarse hace décadas. Forma parte de los tratamientos de rutina que aplican los neurólogos en distintas afecciones aunque la mayoría de la gente la asocie solo a la belleza. "Hay dos grandes áreas donde la utilizamos: movimientos anormales y espasticidad. En estos casos, el bótox relaja esos miembros acortados por la contracción muscular permanente", indicó el especialista.
Las indicaciones se fueron ampliando en la medida que se conoció más sobre la utilidad del bótox en medicina: "En neuralgia del trigémino que es un dolor facial que se produce cuando la persona habla o mastica, en la distonía del escribiente (un calambre en la mano que es doloroso), en pacientes con secuelas de lesiones neurológicas y hasta en personas que transpiran en exceso o salivan demasiado", enumeró De la Riestra.
Cómo funciona el bótox
"La toxina botulínica bloquea un receptor muscular y al bloquearlo inhibe la señal para que el músculo se contraiga", especificó el médico, dando cuenta de la acción de este medicamento.
"El medicamento tiene una acción que dura un tiempo, unos tres meses. De hecho a las primeras respuestas las vemos a los diez días y el punto ideal se alcanza al mes y medio, luego va disminuyendo su acción y por eso debemos volver a aplicarlo", comentó el neurólogo.
De la Riestra explicó que "se puede aplicar en todas las edades, en chicos con parálisis cerebral se usa y en adultos mayores también. En estos días se lo apliqué a una paciente de más de 80 años con hemiespasmo facial", señaló.
"Tengo otra paciente con beflaroespasmo (que es una contracción involuntaria de los párpados que impide ver con normalidad). Ella tuvo muchas caídas por su problema, es una persona mayor pero hay un tratamiento. El punto es que las obras sociales y las prepagas comprendan que en neurología es parte de algunos tratamientos importantes", reflexionó.