La historia de Rosario muestra cosas inesperadas: un tanque de combustible, túneles y pelotas de tiento
Bajo la Plaza 25 de Mayo se hallaron los subsuelos de un servidor de gasoil. La restauración de la Facultad de Derecho también tuvo sorpresas de la historia
Algo de historia. En la restauración de Derecho se encontró el túnel que conectaba el edificio con la casa de Canals.
Las ciudades están construidas sobre su historia y Rosario no es la excepción. Este pasado, que en el trajín diario queda confinado al olvido, emerge con sorpresa cuando se ponen en valor edificios o espacios patrimoniales a partir de remodelaciones o nuevas construcciones.
Pasó recientemente en la Plaza 25 de Mayo, donde se encontró un túnel que conduce a una antiguabóveda con un enorme tanque de combustible; pero también en otras intervenciones la remodelación de pisos del Museo Estévez, en 2021, o la repavimentación de calles delcentro y la refacción de la cancha de Rosario Central, hace dos años. Una crónica sobre las historias que emergieron sin pedir permiso.
Un frío día de agosto pasado, un grupo de investigadores que forman parte del Centro de Estudios en Arqueología Histórica de la UNR fueron convocados por funcionarios de obras públicas del municipio. El motivo de la reunión fue mostrarles lo que se había encontrado cuando se levantó el piso de la Plaza 25 de Mayo, en plena obra de remodelación.
Casi sobre la esquina que da al edificio del Correo, una tapa de inspección, similar a las que se usan las empresas de servicios públicos, se abría a un túnel estrecho. Bajo tierra, una bóveda subterránea resguardaba un tanque de combustible, de unos 90 de unos 90 centímetros de diámetro. En el mismo lugar se encontró una lata de "Alcohol Alma" de la firma Helios SA, fabricante de las lámparas Alcoholuz.
Esta historia empieze en 1920
Más allá de la sorpresa por el hallazgo, los investigadores coincidieron en que era una construcción hecha entre 1920 y 1930, destinada al abastecimiento de combustible para camiones, y desactivada probablemente en la década de 1950. Se documentó y fotografió el hallazgo, pero ya que el estado de conservación de los objetos era era muy bueno, sin riesgo de derrumbe y con el tanque en óptimas condiciones, no se recomendó su extracción.
No era la primera vez que objetos inesperados emergieran en medio de una obra pública. La arqueología urbana ya tiene más de 30 años en Rosario y experiencia para determinar cuáles de esos hallazgos son anecdóticos o cuáles son trascendentes para "explicar el pasado de la ciudad", como lo define Gustavo Fernetti, uno de los profesionales del centro de estudios de la UNR.
PLANO
Los misterios de Derecho
Los distintos sedimentos que forman la ciudad también quedaron expuestos durante la restauración de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario. La obra, inaugurada en agosto pasado, también develó algunos secretos que para el historiador Miguel Carrillo Bascary, también abogado y durante más de 40 años docente de la carrera, no pasaron desapercibidos.
Se trata del túnel que une el edificio con la mansión del empresario Juan Canals, quien afrontó la construcción del primer Palacio de Justicia, donde actualmente funciona la facultad. El corredor, de unos 150 metros, hasta calle Rioja, donde actualmente se encuentra la sede del Iapos. Pero no fue lo único: también se expusieron dos recintos subterráneos contiguos que yacían bajo la planta baja de la construcción.
Dos inmensas cisternas subterráneas
"Son dos inmensascisternas subterráneas cuya existencia dio pie a pensar que durante los años de plomo sirvieron como refugio de activistas o depósitos de propaganda política", recuerda. Pero más allá de estas especulaciones, "eran un vertedero de elementos en desuso. Estaban ocupadas por decenas y decenas de frascos de tinta construidos en sólida cerámica de color marrón, que en su origen llegaron de Inglaterra para agotar su negro contenido en los expedientes judiciales", dice
Carrillo imagina una época en que los empleados de Tribunales "enhebraban letras de artísticos trazos, con una cuidada caligrafía que volcaban en las clásicas hojas de 25 líneas con lapiceras a pluma, que a cada instante debían remojar en los tinteros de cerámica colocados sobre sus escritorios de oscuro roble", describe.
Los tinteros encontrados tienen la marca de la empresa "Lovatt Ltd", dedicada a la fabricación de productos cerámicos. La firma se fundó en 1865 en Inglaterra y cerró en 1930, lo que permite datar los hallazgos entre 1895 y 1930. Los frascos de tinta permanecen en el acervo de la facultad, mientras que las cisternas volvieron a cumplir la función para la que fueron diseñadas, albergando enormes tanques de agua del edificio.
tintero
Los cimientos de Rosario colonial
A fines de mayo de 2021, la Municipalidad anunció la remodelación de un sector del Museo Estévez: una obra que permitiría abrir el ingreso por calle Santa Fe y algunas salas que llevaban años cerradas.
A poco de iniciados los trabajos, bajo la casona donada al municipio por los Estévez, un equipo de arqueólogos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) realizó excavaciones y no solo encontró allí restos de lo que fue el patio de la familia Ibarlucea y sus pozos de agua, sino más aún, vestigios de la villa colonial.
El trabajo arqueológico ilustra sobre la Rosario colonial que existió entre finales del 1700 y las primeras décadas del siglo XIX. Parte de esos hallazgos se exhiben ahora, cubiertos por un piso de paneles traslúcidos.
Los trabajos de reconstrucción de calles desarrollados en el centro de la ciudad, como Laprida o Santa Fe, también hicieron emerger la memoria de los tranvías que entre 1906 y 1963 cruzaron las calles de Rosario. Bajo el asfalto aparecieron durmientes enteros de quebracho colorado que soportaban los rieles por los que circulaban los vehículos.
Los durmientes
Según estimaron en su momento desde la Asociación Amigos del Riel, entre Laprida, San Lorenzo y Santa Fe se extrajeron cerca de dos mil durmientes, muchos en buen estado, lo que los llevó a considerarlos para el proyecto de extender el circuito que realiza el tranvía histórico por la costa central.
Uno de los integrantes de la entidad que brega por el mantenimiento del pasado ferroviario, Mariano Antenore, señala que los durmientes están actualmente en un depósito municipal. "Empezaron a recuperarlos, pero no nos consta la cantidad que llevan", explica y apunta que si "algunos durmientes están muy deteriorados. No sabemos si se podrán salvar".
Memoria futbolera
A fines de 2023, cuando Rosario Central inició las obras de remodelación de su estadio, la historia canaya se hizo presente. Cuando estaban trabajando en la refacción de las plateas que dan a calle Cordiviola, los obreros encontraron un túnel secreto y una pelota antigua.
El propio club comunicó el hallazgo en sus redes sociales, "una muestra más de la historia auriazul que reside en nuestra casa”, informó la institución, y detalló que este acceso había sido construido en 1926. Pero hubo otra sorpresa: En el inicio de la remodelación ya habían dado con restos de las tribunas que se levantaban antes de que el Gigante se reformara el estadio para Argentina 1978.
Unos años antes, en la sede fundacional de Central, ubicada en el Barrio Inglés, también se había encontrado una pelota de tiento mientras se trabajaba en la recuperación del entablonado de los pisos.
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Anécdotas y descubrimientos
Al analizar los distintos hallazgos que se producen al intervenir sitios de valor patrimonial, "hay que saber determinar cuáles son sólo objetos y cuáles sirven para explicar el pasado de una ciudad", señala Gustavo Fernetti, integrante del Centro de Estudios en Arqueología Histórica de la UNR
Junto a Mariana Algrain, Daniela Azar, Fernanda Bruzzoni, Martín Prat, Gisela Cardozo, Jorge Postma, Germán Giordano, Fernan García, Belén Molinengo Victoria Reynoso y Soccorso Volpe, Fernetti se especializa en "arqueología urbana", una disciplina que tiene en la ciudad casi 30 años. "Rosario tiene una extensa trayectoria en esto. Es una ciudad pionera en Latinoamérica en esta disciplina social, donde se desarrolló con un perfil científico más que el rescate de objetos por simple curiosidad", explica.
Con este objetivo, a finales de la década del 90 se aprovechó la construcción del Pasaje Juramento para recuperar los rastros de los primeros pobladores de la ciudad, se hurgó en lo que fue el primer basurero municipal, en inmediaciones del ingreso al puerto o detrás de la pista del Saladero de Urquiza, en el barrio de Arroyito, entre otros espacios.
"Para la arqueología científica, que aparezca una cosa suelta en medio de la nada no tiene importancia, lo que hacemos es estudiar la sociedad del pasado, no los objetos en sí. Es una ciencia social, no una ciencia museológica o de coleccionismo", aclara y pone como ejemplo un hallazgo reciente.
"En una excavación de Telecom, cerca del Normal Nº 1 (de Mendoza y Entre Ríos) se encontraron restos de una jarra de cerámica de monocromo rojo, probablemente del siglo XVIII. Eso es una curiosidad, posiblemente como en el lugar había una laguna alguien pasó con el caballo y se le cayó ese objeto ahí. Pero lo más interesante es que se encontró tierra negra, debajo de la tierra colorada lo que nos permitió definir la profundidad que tenía la laguna", explica y resume la fábula: "La jarra es simpática, es una rareza, se la puede mostrar, pero no nos permite explicar el pasado de la ciudad", el objeto de la arqueología urbana.
Entre otros espacios, el equipo participó de las excavaciones realizadas en el Museo Estévez, en el patio de la facultad de Humanidades, en la zona de la Isla de los Inventos, donde existió el segundo cementerio municipal y en la franja ribereña. En todos los casos, señala Fernetti, "son intervenciones planificadas, con el objetivo de conocer y explicar cómo fue la vida en la ciudad".
El resto, puede decirse, son espejos de colores.
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