
Angel Amaya
La iniciativa partió desde el entorno de los rosarinos que murieron en el Bajo Manhattan, y fue muy bien recibida en la comunidad escolar del Politécnico. Así lo reconoció el gobernador Miguel Lifschitz, egresado de esa institución. "Este es un colegio muy tradicional, que tiene mucha mística. Todos los que fuimos alumnos de este colegio, en distintos momentos, en distintas generaciones, igual seguimos manteniendo el vínculo con la escuela, con nuestros compañeros y con nuestros profesores", comentó.
"Es como una especie de religión que se mantiene de generación en generación, y este grupo de amigos que ahora homenajeamos era una muy buena expresión de eso", detalló Lifschitz.
Y amplió su visión: "Estos hombres mantuvieron su amistad a lo largo de los años después de haber egresado y lo estaban celebrando con este viaje que lamentablemente los sorprendió con un hecho de terrorismo internacional, en Nueva York, el lugar menos pensado. Nadie hubiera imaginado algo parecido", confió el ingeniero.
"Pero, a veces, la vida nos da esas sorpresas. Cinco quedaron allá, cinco regresaron, pero todos perdieron algo de lo que tenían. Algo quedó allá y evidentemente eso es lo que estamos recordando", subrayó emocionado el gobernador.
Y agregó: "Estos hechos golpean en todas partes del mundo y deben ser condenados con toda la fuerza. No hay razones políticas, ni religiosas, ni sociales, ni raciales, que puedan justificar el odio llevado a ese extremo. No se entiende la violencia sobre personas absolutamente ajenas a eso".
En relación a la creación del "Día del Poliamigo", Lifschitz lo vio con buenos ojos. "Me parece una buena iniciativa, porque de alguna manera, lo que nos queda como moraleja, como enseñanza o como recuerdos de estos muchachos es, justamente, el valor de la amistad, que puede atravesar la vida y el tiempo", enfatizó.
Sin dudas, esta propuesta intenta afrontar una herida social abierta, perceptible, angustiante, que reclama un baño de calma, una señal de justicia, y que sigue buscando explicaciones en el infinito, siempre a través de mensajes lúcidos y pacificadores. Al odio irracional, le están contraponiendo miradas contemplativas y expresiones de amor. Ante tanta locura, ofrecen la generosa sabia de su corazón.
Proponen nuevas oportunidades, para poder reconstruir cada historia, desde el dolor más profundo, desde ausencias tan desgarradoras, tan vigentes. Como lo impulsan las tareas de mosaiquismo con las que se realizó el mural ubicado en la esquina de Ayacucho y Montevideo, diseñado por Ariel Benvenuto, uno de los sobrevivientes de la tragedia.
"La vida es como un mosaico, donde hay huellas que marcan que nada es lo mismo, y que nada va a ser igual", señaló Sonia Marchesi, al momento de explicar la idea base del mural. Así, con esa fuerza aleccionadora, anoche se hicieron sentir esas ansias de seguir haciendo camino, honrando a esas palomas que acompañarán por siempre.

