El paro municipal dio piedra libre a los puestos de venta callejera, que en los
dos últimos días literalmente coparon las peatonales Córdoba y San Martín y calle San Luis. Para
los vendedores ambulantes, una huelga tan cercana a las fiestas fue casi un "milagro" porque casi
todos viven en exclusiva de esa actividad. Entre ellos hubo feriantes que recorren "lo que pinte y
donde sea", paqueteros que "caminan los barrios", artesanos de las ferias urbanas y hasta amas de
casa que nunca habían salido a vender, pero aprovecharon la ocasión con sus propios tejidos y
mercadería consignada. Un mercado persa que no dejó de "bendecir" la huelga.
Quienes caminaron por el centro ayer no pudieron menos que
preguntarse: ¿de dónde vienen esos centenares de puesteros, apostados con sus paños, estandartes y
hasta toldos en la calle? ¿De qué viven el resto del año, cuando no hay paros municipales?
La respuesta que los propios vendedores dieron a
La Capital, casi sin excepción, es que esa es la actividad que desarrollan donde pueden y
durante todo el año, con ingresos muy fluctuantes.
Por eso hay feriantes, como Alfredo (53), padre de "cinco
pibes a los que hay que dar de comer todos los días", que recorre "ferias, fiestas patronales,
eventos, domas, exposiciones o lo que pinte para poder vender" sus mates y artículos regionales. Y
como en buena parte de esos lugares le cobran el "piso", ahora el paro municipal le vino "al dedo"
porque en la peatonal no le paga a nadie.
El Chino (49), en cambio, tiene un puesto fijo de novedades
(gorras, juguetes, camisetas, bijou) en Tiro Suizo. "Pero el centro es otra cosa
—dice—, lógicamente vendo más". Así fue como no lo pensó dos veces y voló a la
peatonal, convencido de que, además, "los paros municipales son un folclore" para los
ambulantes.
Entre los vendedores que ayer colmaron las peatonales
también hubo muchos que ya tienen otros puestos en el centro, pero en lugares menos estratégicos.
Ileana (18), por ejemplo, custodiaba un paño con una montaña de peponas que habitualmente vende
sobre San Luis o en Mitre y Rioja. Y Carina (22) ofrecía unos exóticos Papá Noel, bailarines de
ula-ula, llegados desde Corrientes y San Luis.
Otros atienden habitualmente sus puestos dos o tres días
por semana en las plazas Sarmiento y Montenegro, o en los parques Independencia y Alem, pero ahora
aprovecharon "la volada" para acercarse al corazón comercial.
Los paqueteros son otra especie errante, con rutas
habitualmente alejadas del centro. "Donde más vendemos es en la zona de villas", cuenta por ejemplo
María del Carmen (37), ayer a cargo de un puesto de muñecos inflables.
También Ojeda, "con 40 años de calle", explica que "cuanto
más lejos del centro, mejor". Sus circuitos son Bella Vista y "Mendoza al fondo", dos barrios donde
ya lo conocen y la gente aún le abre la puerta. Padre de cinco hijos ("todos estudiosos y el más
chico, abanderado", se enorgullece), Ojeda afirma que tiene "mucho que agradecerle a la calle,
donde levanta unos 1.500 pesos al mes con la venta de manteles.
En ómnibus, chata y auto. Muchos de los vendedores que ayer colmaron el centro
llegaron en ómnibus con sus artículos a cuestas, pero otros lo hicieron más pertrechados. Adrián,
un florista de Mitre y Córdoba, contó por ejemplo que ayer, bien temprano, ya casi no había lugar
libre "por la cantidad de autos y chatas de los vendedores ambulantes".
"Es que, por una vez, capaz que también nosotros tengamos
buenas fiestas", se esperanzó Coco (44), con un atractivo stock de flores y muñecas de fibra en
Sarmiento y Córdoba que el resto del año vende por las avenidas de los barrios.
Los artesanos, tanto de la comunidad toba como quienes
integran las ferias, también llegaron al centro. Cerámica, porcelana fría, discos pintados y
tejidos, todos tuvieron su paño. Y aunque muchos dijeron no haber vendido tanto como esperaban,
también admitieron que los últimos dos días al menos triplicaron sus ingresos diarios.
Entre tantos oficios ambulantes, tampoco faltaron los
inexpertos. Por ejemplo, amas de casa que llegaron con sus "manualidades" en un bolso o mercadería
"en consignación" que les cedió algún comerciante del barrio. l