Crisis económica

Feriantes a los que unió el trueque hace más de una década

Historias de quienes comenzaron a acercarse a los stands siendo niños o adolescentes.

Domingo 26 de Agosto de 2018

Romina no llegaba a los 12 años todavía cuando empezaron a instalarse puestos de venta ambulante debajo del tanque de agua que está en Roullión y Maradona. Iba con su mamá a la feria, que por ese entonces era de trueque, y todavía se acuerda de "los papelitos", los créditos que entre los puesteros se entregaban en reemplazo del dinero para canjear un producto por otro. Ahora sigue yendo."Siguen los guachos", dice Mary Cáceres en referencia a los hijos de los primeros puesteros que empezaron a instalarse en el predio en plena crisis del 2001 y que, aún, siguen ahí.

Al lado del tanque mencionado, sobre Roullión, está la planta de ósmosis inversa que permite que el barrio Toba tenga agua. En el predio lindero, mientras la crisis tocaba sus picos más altos, comenzó a instalarse el trueque, una metodología que se propagó por la ciudad (y el país) donde los participantes, ante la falta de dinero, intercambiaban papelitos, que se denominaban créditos, por distintos productos que allí se ofrecían.

Ahí empezaron a ir primero los vecinos del barrio. Dominga Elena lleva mucho en la zona de la actual feria y fue de las que se instaló ahí con sus hijas; entre ellas está Romina.

"Las chicas eran chiquitas y crecieron acá", afirma la mujer, que porta un gorro blanco para combatir el frío de las primeras horas de la mañana, que es la hora en la que desembarcan los puesteros de la feria.

Si bien en la actualidad están instaladas en el sector más formal y venden productos que compran al por mayor, de aquella primera época recuerdan que "se traía lo que había: ropa, zapatillas, lo que teníamos a mano, porque la necesidad era mucha". Incluso, como las mujeres hacían comida, llevaban desde tortas, dulces y tortafritas hasta pizzas caseras y pastas para vender.

"Con los papelitos ibas buscando lo que necesitabas", cuenta Romina, que no se olvida de los viejos créditos.

Hoy, la feria es un modo y medio de vida y ahí sigue la joven, que se instala cada fin de semana en su puesto.

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