La ciudad

Encontrar una casa en todas partes

El Concejo Municipal honró ayer como escritor distinguido de la ciudad al rosarino Patricio Pron, quien obtuvo el premio Alfaguara de novela 2019.

Martes 16 de Abril de 2019

Hacia comienzos de los años 80, el niño Patricio Pron (Rosario, 1975) deambulaba, literalmente, entre los escritorios de la precaria redacción del diario Rosario, uno de los periódicos emergentes, y efímeros, que tuvo la ciudad por esos años. Trepaba los taburetes, pulsaba alguna tecla de las viejas Lexicon 80 —un «fierro» irrompible que los italianos de Olivetti habían lanzado al mercado hacía ya varias décadas—, tomaba los viejos papeles pautados que los cronistas profanaban, observaba con fascinación las teletipos que traían noticias del Lejano Oriente y de Buenos Aires; miraba, registraba. Parecía querer guardar en su recuerdo algo de lo que ocurría en ese «mundo diario»; espacio cotidiano en el que, además, sus padres se ganaban el sustento: papá Chacho tratando de acompañar a buen puerto cada día un barco generalmente averiado (la edición del diario, propiamente dicha), poblado de imberbes periodistas y otra gente expulsada del paraíso terrenal; mamá Iaia en la bodega del mismo barco, el archivo, recortando artículos, pegando papel sobre papel con Plasticola, preservando en sobres para construir la memoria de la aldea que nos contenía.

En ese mundo —que tenía algo de irresistible para muchos— andaba Patricio Pron hace 36 años, a veces acompañado de su hermana Victoria, pasando algunas tardes. Algo de aquellos días debe haber cruzado por su mente ayer cuando el Concejo Municipal de Rosario lo honró como escritor distinguido de la ciudad, una iniciativa de los concejales peronistas Andrés Giménez y Marina Magnani que, en sus fundamentos, no olvida destacar que Pron "fue formado en las bondades de la educación pública" de la ciudad. Y —luego de citar las escuelas primaria y secundaria del barrio Tablada que lo tuvieron como alumno, y la UNR que lo licenció en Comunicación Social— ambos concejales arriesgan decir, quizás después de haber leído sus obras, que el escritor y periodista es hoy "un embajador de la cultura nacional, popular, transformadora en el mundo".

Hijo dilecto de Rosario, Patricio Pron vive desde hace años en Madrid. Autor ya de una vasta obra que incluye siete libros de relatos y otras tantas novelas, es además doctor en Filología Románica por la Universidad Georgia Augusta de G"ttingen (Alemania). Entre 2000 y 2001 fue corresponsal de La Capital en Europa Occidental, los Balcanes, Africa del Norte y Turquía, y en la actualidad escribe enBabelia, suplemento cultural del diarioEl País(España) y en la revista hispano-mexicanaLetras Libres.

Pero algo ha ocurrido recientemente en su vida, y es lo que lo ha trastornado: «Mañana tendremos otros nombres», su última obra, es el premio Alfaguara de novela 2019. Desde que se conoció la noticia, su nombre recorre las portadas de los diarios del mundo hispanoparlante, vive en los aviones mucho más tiempo que antes, y atraviesa las turbulencias del momento exitoso. Desde que obtuvo el premio Alfaguara dio casi 80 entrevistas a periodistas que generalmente le preguntan lo mismo, visitó Chile, Uruguay y regresó dos veces a la Argentina; en los próximos meses le espera un raid por Ecuador, Colombia, México, Estados Unidos, y España entera.

Contento, emocionado, siempre serio a la vez, ayer Patricio miraba a su alrededor y, entre tantas miradas cruzadas, meditando sobre su presente, dijo un rato antes a La Capital: "La tillandsia o clavel del aire no tiene raíces y se alimenta del viento. También es algo parecido a mi planta favorita. Cuando pienso en mis raíces pienso en esa planta tan agradecida, que se instala donde se lo permiten y prospera ajena a las resistencias. Pero la tillandsia sí tiene raíces. Cuando pienso en las mías las encuentro en Rosario y en una forma de mirar y de hacer que es de acá y es también la de mis amigos y maestros. El reconocimiento que me dan hoy, y que yo acepto en nombre de tantos que no pudieron hacerlo, cierra un círculo y abre otros posibles en mi relación con Rosario. Y me hace pensar en mi planta favorita, que necesita unas raíces fuertes para seguir encontrando su casa en todas partes".

Parte de su familia lo acompañó ayer al Concejo. José Adalberto Pron (alias Chacho), su padre periodista, reflexionó en voz baja: "Hay que jugarse por los sueños de uno; hemos tenido la suerte de poder vivir de lo que nos gustaba hacer, trabajar en los diarios, y con eso mantener una familia".

En la misma línea de pensamiento, la que hurga en los naufragios pasados y la fuerza para llegar a tierra firme, su madre Iaia expresaba: "Se lo merece, es un chico muy trabajador, trabaja mucho para eso, no es que se lo gana en una rifa. Patricio creció en una casa de gente trabajadora y le mostramos con el ejemplo que siempre se puede salir. El es el más grande de nuestros tres hijos, y vivió los cierres de diarios en los que trabajábamos y las veces que nos quedamos sin trabajo".

"Siento el orgullo de un padre que ve al hijo afianzado en su vocación", agregó luego Chacho y, ante los periodistas que lo reconocían y se acercaban a felicitarlo por el hijo exitoso, murmuró una frase, acaso aliviado: "Es bueno que haya llegado la hora en que se hable del padre de Patricio y no del hijo del Chacho".

Lo demás en el acto fueron las formas: el concejal Andrés Giménez habló de la simpleza de la prosa de Pron y le agradeció su contribución al acervo cultural rosarino. A su turno, el escritor recordó a sus maestros, y entre ellos citó a Raúl Gardelli, Francisco Gandolfo y Elvio Gandolfo, al tiempo que arrancó una sonrisa de satisfacción en la edil del Frente para la Victoria Norma López, cuando dijo que recibía el premio "en nombre de un puñado de hombres y mujeres", a los que pertenecía: "Son los que tuvieron una esperanza en el 45, los que volvieron a tenerla en el 73; esperemos que ahora esa esperanza se haga realidad", dijo Pron, sin que la palabra peronismo saliera de su boca.

Concluido el acto protocolar de la distinción, anoche Patricio y sus familiares y amigos cercanos fueron a brindar. Había razones para beber: los honores recibidos ameritaban una copa compartida. Acaso en ese encuentro él y sus familiares hayan evocado aquellos tiempos lejanos de sus correrías en la redacción de un diario, cuando la democracia argentina aún estaba en neonatología. Cuando, en ese 1983, también había un puñado de hombres y mujeres, amplio y variopinto, que soñaba despierto un futuro de paz y justicia.

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