La Escuela de Aprendices, del Ministerio de Obras Públicas de la Nación (MOP), cerrada en 1971 por la dictadura militar, habría cumplido en mayo último 80 años, según recuerda el ingeniero mecánico rosarino José Scarpeci, de 85 años, un egresado de la misma y exjefe de la Dirección de Vías Navegables en la ciudad de Paraná.
“Cuando uno terminaba la primaria no era muy sencillo entrar a la Escuela de Aprendices porque tenía un examen de ingreso con una capacidad de 100 alumnos, pero se presentaban entre 200 y 300, y porque era una escuela diferente a todas: entrábamos a las 7:30 y estábamos hasta las cinco de la tarde, con teoría a la mañana y prácticas de taller a la tarde, y además cuando uno aprobaba el cuarto año entraba directamente a trabajar como operario en las dragas o en los remolcadores de Vías Navegables, que dependían del Ministerio de Obras Públicas” recuerda Scarpeci a La Capital.
En este sentido, Scarpeci revela que “en aquella época el alumno cobraba 90 pesos en primer año, 120 en segundo, 150 en tercero y 180 en cuarto, que era muy buena plata en ese momento, y que nos daba la posibilidad de trabajar en el Ministerio de Obras Públicas y de seguir el estudio en otro escuela técnica, que ya existían, porque el ciclo básico nos habilitaba a cursar el ciclo superior”.
Por su parte, la antropóloga Lorena Ratner, de la Escuela de Museología de Rosario, reportó en una nota de 2008 sobre los 110 años de creación del Mnisterio de Obras Públicas de la Nación, que “en 1943 se crean las Escuelas de Aprendices, asentadas en dependencias del MOP. La Escuela Número 1 se instaló en la isla Demarchi del puerto de Buenos Aires; la Escuela Número 2 en Rosario; la Escuela Número 3 en Paraná, Entre Ríos; la Número 4 en Concepción del Uruguay, también Entre Ríos, y la Escuela Número 5 en la ciudad de Corrientes. Estos establecimientos, además de aportar personal especializado para las tareas requeridas, significaron la implementación de un plan de índole social para apoyar a los jóvenes de condición humilde, ofreciéndoles la oportunidad de capacitarse y posteriormente incorporarse a los planteles de la dependencia”.
“Becados desde su ingreso, con un alto nivel en especialidades afines a las necesidades de cada lugar, se desempeñaron como obreros especializados, personal embarcado, operadores de campaña, receptores de materiales o inspectores de obras. Incluso algunos de ellos prosiguieron estudios mas avanzados en institutos oficiales logrando culminar carreras universitarias lo que les permitió desempeñar funciones en niveles jerárquicos en distintas reparticiones. Las Escuelas de Aprendices durante más de 25 años apuntaron al desarrollo educativo y técnico de los trabajadores del sector fluvial-marítimo argentino, posibilitando una real salida laboral para jóvenes de escasos recursos”, abunda Ratner.
“Lamentablemente, luego de décadas de exitosa capacitación, y en paralelo con proyectos privatizadores del área portuaria comenzados en la década de 1960 durante la gestión de Arturo Frondizi, pero implementados de lleno durante la dictadura militar, las distintas dependencias de la Escuela fueron sistemáticamente vaciadas y cerradas. En 1971 egresó la 26ª y última promoción de la Escuela de Aprendices Número de Concepción del Uruguay, conocida entre los portuarios y popularmente como «el Ministerio». A partir de la década de 1960 comenzó un lento deterioro de las actividades de la Dirección de Vías Navegables, cuando a pesar se seguir realizando el dragado del río los equipos ya comenzaron a quedar obsoletos, entre otras cosas, por el creciente aumento del tamaño de los buques”, abunda el informe.
“La drástica disminución de los empleados que trabajaban en el organismo daba muestra del notable deterioro. De 24.414 agentes con los que contó en 1948, se pasó a 13.745 agentes en 1960 y a sólo 7.068 en las puertas de la dictadura militar de Onganía en 1966. Un nuevo golpe militar en 1970, con la conducción de una junta de generales, inició la más dramática “racionalización” y vaciamiento de la histórica estructura portuaria. Años más tarde, durante el gobierno menemista, mediante un decreto se disolvió la Administración General de Puertos (AGP) y la Capitanía de Puertos, que dependían de la Dirección Nacional de Construcciones Portuarias y Vías Navegables, y permitió el acceso a la administración de los puertos a las empresas prestadoras de servicios, remolque, baquía y estibaje. No obstante los avatares de la privatización, y las tareas concesionadas, actualmente la Dirección Nacional de Vías Navegables tiene como funciones, entre otras, la fiscalización y control de las tareas de dragado, la recolección y procesamiento de la información hidrométrica, hidrológica e hidrográfica, y la transmisión diaria a los usuarios del sistema navegable de las alturas hidrométricas en los distintos puertos, así como de niveles predictivos. El anhelo de la integración de la zona del litoral se potenció con la construcción del Puente Rosario-Victoria, sumado a esto, los avances tecnológicos con los que cuenta hoy la Dirección Nacional de Vías Navegables, permiten efectuar estudios y relevamientos de las vías fluviales con una asombrosa precisión y rapidez. Todo ello en pos de un mejor conocimiento de los ríos, potenciando el crecimiento y desarrollo de nuestra región”, completa el reporte.
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Salvaron el túnel subfluvial
Unos 40 años después de la gran crecida del río Paraná a comienzos de la década de 1980, el ingeniero Scarpeci, que era el jefe de Vías Navegables en Paraná, revela que “el agua venía tan rápido que corría el riesgo de desenterrar el túnel subfluvial, así que fue un momento muy difícil y una locura porque tuvimos que trabajar las 24 horas tirando arena sobre el túnel”.
Scarpeci, que este jueves fue a la actual Escuela Técnica Naval, la heredera de la vieja escuela “El Ministerio” en Buenos Aires y Virasoro, a buscar infructuosamente unas fotografías de antaño, recuerda a La Capital que “es una lástima que los militares la hayan cerrado porque en la Escuela de Aprendices, donde estudiaron exfutbolistas como Miguel La Rosa, de Central, e Indalecio López, de Central Córdoba, hacíamos deportes, jugábamos en los Torneos Evita y en los actos del Día de la Bandera desfilábamos en el Monumento con nuestros mamelucos blancos pero, sobre todo, aprendíamos a ser hombres de bien”.