La ciudad

El recuerdo como pregunta

Hoy se proyecta Recuerdo (creo), un videoarte de Norberto Puzzolo donde rastrea en su memoria las huellas de Tucumán Arde, a 50 años de esa acción artística. Será en el Museo de la Memoria, a las 19.

Viernes 02 de Noviembre de 2018

El recuerda con los ojos cerrados. Dice que es un momento íntimo, de introspección. Norberto Puzzolo presenta hoy Recuerdo (creo), una pieza de videoarte que realizó por los 50 años de Tucumán Arde, la acción que un grupo de artistas realizó en aquella provincia para dar cuenta de una realidad que se ocultaba. Puzzolo es artista, integró el Grupo de Vanguardia de Rosario, participó de acciones contra el establishment del arte de la ciudad, produjo obra inconveniente, participó de acciones políticas y también se refugió en la fotografía cuando la dictadura arrancó vidas en este país. Su mirada es la clave, esa que obtura hacia el afuera cuando necesita recordar, esa suerte de mezcla entre lo que sucedió (que siempre es construcción) y lo que cree que sucedió. Pero quiere mostrarlo, como ocurrirá hoy, a las 19, en la terraza del Museo de la Memoria (Córdoba y Moreno), en el marco de la 1ª Quincena del Arte (1QAR) y la Noche de los Museos Abiertos (ver página 9) .

No es fácil seguir los pensamientos de Puzzolo. Los que deja ver. Porque mientras habla no para de cuestionar lo que dice, lo que piensa y pensó. Usa como escudo otra nueva mirada. El video puede inscribirse como obra dentro del denominado giro autobiográfico. Si bien su mirada gira sobre lo que él vivió, también tiene algo de documental porque esa maniobra envuelve la historia de este país y de un grupo de gente que buscó en lo colectivo su motor creativo.

Tucumán Arde, obra colectiva, conceptual y política, es "considerada internacionalmente como un hito del arte contemporáneo. La crisis extrema, económica y social, que vivía Tucumán a manos de la especulación de los ingenios azucareros, con la complicidad de la dictadura militar y bajo el imperio de lo que hoy se denomina «poder real», fueron la sustancia de este operativo de contra-información. Presentado en noviembre de 1968 en Rosario por el grupo de artistas e intelectuales de la ciudad, Santa Fe y Buenos Aires tuvo el impacto de desenmascarar aquella trama de expolio", explica Adriana Lauria, curadora del video.

Puzzolo fue el integrante más joven de esa experiencia y esa condición obliga a su recuerdo desde aquel lugar. Dice que no lee sobre el tema, que la historia ya está escrita en libros o documentos académicos. "Yo estuve ahí, yo viajé, lo viví", señala, no con soberbia sino con dolor. Quizás en esa decisión se cuelan las imágenes de compañeros que participaron y que pagaron con su vida sus opciones políticas.

Por eso hizo el video, por su necesidad de recordar, de hacer ese juego, a veces desgarrador, de buscar imágenes propias ya que todo el material que se expuso en las exposiciones fue destruido por la policía cuando se lo exhibió en Buenos Aires. Sí rescató hace algunos años negativos de fotos suyas que realizó en aquel viaje para retratar la situación en Tucumán, cuando la dictadura de Onganía la emprendía contra los ingenios azucareros.

Puzzolo, el más joven, llegó a Tucumán Arde luego de un breve recorrido de una densidad y aceleración que impresiona. Apenas adolescente, y en parte impulsado por su tío el artista Anselmo Piccoli, comenzó a tomar clases con Juan Grela. Asistir a ese taller fue mucho más que eso. Fue como la llave que abriría todo lo demás. "A veces la vida es puro devenir", comenta en diálogo con La Capital.

"En las clases de Grela conocí a Renzi, Favario, Bortolotti y Gatti, que formaban un grupo, compartían un taller en la zona sur de Rosario. Yo tenía 16 años y una noche me invitaron a visitarlos, nunca en mi vida me había sentido tan importante", dice Puzzolo en el video. Las imágenes invocan al recuerdo o quizás es exactamente al revés. Hay recursos documentales pero también hay poesía y con ella llega lo emotivo.

En Recuerdo (creo), Puzzolo "evoca la década del 60, su incorporación al Grupo de Vanguardia de Rosario, su transformación de joven pintor en artista experimental, para pronto sentir la necesidad, junto a sus compañeros, de poner en marcha una estética de orientación ética, comprometida con las libertades políticas y sociales que la época demandaba. Posición que continuó impregnando su producción hasta el presente", señala Lauria.

El artista que es hoy Puzzolo deja entrever a aquel joven. Inquieto, movedizo. Su estudio hoy guarda recuerdos, como los del video, cartas, cuadros, fotografías. Cuando habla siempre ofrece algo como prueba. "Lo tengo, te lo puedo mostrar". Es generoso, quizá algo que aprendió de ese grupo que lo invitó a incorporarse, a ser parte de una vanguardia que desafío al propio Instituto Di Tella y a los acomodados sitios del arte. Y es agradecido con lo que le tocó.

Su obra Las sillas que abrió el Ciclo de Arte Experimental no deja de resonar en el ambiente. En sus recuerdos también, siempre hay una anécdota que torna la historia oficial un poco más humana. "Expuse primero por sorteo, no me acuerdo bien si fue por número o cada uno sacaba un palito", murmura tras la pregunta por esa obra que puede considerarse iniciática.

—En tu currículum figura como dato que te formaste en el taller de (Juan) Grela, ¿ese "dato" trasciende la cuestión de la formación artística?

—Totalmente. En el video es en esos términos que yo valoro las clases de Grela. Digo claramente que fue allí que conocí a Renzí, Favario, Bortolotti y Gatti. Además Grela no te enseñaba a pintar, era una forma de vida. Las comunicaciones como ahora no existían. Renzi llegaba de Europa con un libro abajo del brazo y nos lo devorábamos. Aprendíamos de otra manera. Con internet, hoy podés saber lo que está haciendo otro artista que está en China. A un pibe eso le debe resultar común. A nosotros, no. Pero yo lo hago igual. Puede ser que me cueste un poco más, pero lo hago.

—¿Pero vos sos contemporáneo de ese pibe?

—Yo me defino como contemporáneo, porque estoy vivo y trabajando. No voy a hacer lo mismo que ese pibe, porque no me sale. Y no es que sea mejor o peor. Simplemente tengo otra edad. Lo cierto es que ir al taller de Grela implicaba muchas más cosas que aprender a pintar. Hay una carta de él que es lapidaria, que me escribió después. Vos no estarías hablando conmigo si yo le hubiese hecho caso. Me ponía a quién mirar y a quién no, y menos mal que no hice nada de eso. En esa carta es un poco el padre que se siente defraudado porque sus hijos no siguieron pintando. Nos apoyó muchísimo y ninguno siguió con la pintura. Peor, la rechazábamos. Tiene que haberse sentido muy defraudado por nosotros.

¿Cuándo surge el Grupo de Vanguardia?

—Se forma de distintas vertientes, están los que venían del grupo que hablamos antes que me invita una noche a su taller, El Gallinero, y que compartíamos clases con Grela; con gente que viene de la universidad o que venía sola trabajando. Recuerdo que llegamos a Tucumán Arde con algunas charlas previas. Bueno, estuvo el Ciclo de Arte Experimental. Cuando yo me escucho decir esto es como que ahora veo la vertiginoso.

—¿Te divertías?

—Sí, claro, era muy romántico. Porque estábamos en contra de los viejos. Empezamos a ver cómo hacíamos para trabajar por fuera de las instituciones. Y ahí surge el Ciclo de Arte Experimental y la institución que medio nos cobijaba era el Di Tella, pero después renunciamos al Di Tella porque pasó a ser algo sospechado para nosotros, que fue cuando hicimos el asalto a la conferencia de Jorge Romero Brest.

—¿Y en el Ciclo de Arte Experimental tu intervención, "Las sillas", fue la primera?

— Sí. Fue por sorteo, no me acuerdo si fue por número o sacamos un palito. No tenía la obra pensada. Siempre digo que esa obra es mía, pero nació en el grupo. Sin el grupo eso no existiría, Ese es el valor de un grupo. Lo que hablábamos por entonces era que la obra no estaba colgada en la pared, sino que estaba en la calle, donde estaban los obreros, los estudiantes. Me toca iniciar el ciclo y tímidamente propongo mirar la calle. Yo tenía apenas 19 años. Para mí fue bravísimo, una jugada importante. Pero estaba el grupo. Como ocurrió en Tucumán Arde.

—Que sucedió poco tiempo después...

—Y sí, pensá que en mayo fue el Ciclo y en noviembre, Tucumán Arde. En las charlas del grupo se hablaban de diversas propuestas de obras algunas de una materialidad más concreta y otras, no. Yo recuerdo eso, pero es una construcción, otros compañeros pueden decir otras cosas. Recuerdo otro tipo de propuestas, más ligadas a algo que estaba muy en boga, la Teoría de la Comunicación, Marshall Mcluhan, con aquello de: "El medio es el mensaje".

—Ese perfil que tuvo Tucumán Arde es impresionante cuando hoy la vinculación entre comunicación y política es pura evidencia.

—Sí, claramente. Renzi trabajaba en publicidad, yo estaba en la imprenta, me había comprado la cámara de 8 mm... se trabajó mucho sobre la idea de la sobreinformación y también se mezcló con lo de subterfugio, que era esa cosa de los grupos incipientes de la guerrilla. Trabajábamos con alias. Nosotros a Tucumán fuimos como artistas y no deberíamos haber vuelto como artistas, pero la historia todo lo absorbe, lo fosiliza y hoy Tucumán Arde es una obra de arte y nosotros somos artistas y algunos murieron en circunstancias terribles y otros estamos vivos. Yo creo que Tucumán... nace como una necesidad de ese grupo de aportar a lo que ocurría.

—Suena como imposible que ese grupo pudiera mantenerse ajeno a lo que ocurría.

—Bueno, justamente, en ese mismo tono que vos marcás, hace unos días en una charla en la Universidad de Paraná alguien señaló: "Que era plausible que los artistas hicieran esto". Y a mí eso me molesta y respondí: "Pucha, estamos hablando de artistas, con comillas, —y así lo marqué con mis manos— y no estamos hablando ni de obreros, ni estudiantes o delegados de base que no están más y que hicieron cosas muchísimo más importantes que esta experiencia pero que se la recuerda por el fetichismo de la obra de arte".

—¿Vos fuiste como fotógrafo, lo habían acordado así?

—Yo llevé la cámara, fue muy natural. Fueron dos viajes, uno como de preproducción porque éramos un grupo de artistas que veníamos para hacer un intercambio cultural cuando en realidad era todo una pantalla para poder pasar con la camioneta del sindicato e ingresar a los ingenios. Hice fotos y 8 mm. Pero de Tucumán Arde se perdió todo porque la policía en Buenos Aries destruyó todo. Lo que hay es el registro de las acciones, pero no el material original. Hace poco encontré unos negativos que aparecieron en la casa de mi mamá.

¿Hubo artistas de Buenos Aires? ¿Cómo coordinaban?"

—Los que estuvieron en Tucumán Arde son los que firmaron el manifiesto que escribieron Nicolás Rosa y María Teresa Gramuglio. Lo que ocurre es que antes de Tucumán... hubo muchas reuniones. Pero antes de seguir debo decirte algo: yo no leí los libros que se escribieron sobre Tucumán..., me resisto a leer, La historia es la que está escrita. Yo viajé y sí puedo decir que era el más joven de todos. No tengo dudas de que pueden haber pasado cosas que puedo no saber.

—Y sobre eso está lo que vos planteas en el video respecto a cuál es la materialidad de un recuerdo, más allá de que puede ser un recurso narrativo al que apelaste...

—Por supuesto.

—Algo parecido a un estado de ensoñación, algo que ocurrió o que se cree que ocurrió...

—Yo he escuchado cosas que no combinan demasiado y por eso también le saqué todo lo épico porque Tucumán Arde no es nada en comparación de todo lo que luego ocurrió en este país. Claro que en ese momento había riesgo. Después lo mataron a Favario. Creo que es lo que pudimos hacer. Y si tiene un valor es que éramos un grupo de gente que estábamos muy cómodos y abandonamos esa comodidad para hacer lo que hicimos. Sí puedo decir que entre mis 20 y 35 años no trabajé en arte y creo que eso es un botón de muestra de lo que ocurrió en este país.

—Abrir y cerrar los ojos, para que aparezca el recuerdo, ¿cómo recordás vos, con los ojos cerrados o abiertos?

—Con los ojos cerrados, me parece que tiene que ver con un momento de introspección.


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