Con una concentración este miércoles, desde las 19.30, en Juan José Paso y Ottone, vecinos de Empalme Graneros reclamarán que al menos se comience con la licitación de una de las dos obras que consideran claves en el marco del desarrollo del fenómeno El Niño.
En concreto, reclamarán dos conjuntos de trabajos que vienen pidiendo hace varios años: la concreción del canal Grandoli, segundo tramo del Aliviador III inaugurado en 2016 y que permitiría conectar al canal Ibarlucea directamente con el río Paraná, o cinco represas retardadoras, como la que se construyó en jurisdicción de Funes, en distintos puntos para que el agua no llegue de golpe.
"Tuvimos 17 inundaciones durante el siglo XX y Empalme las aguantó. En 1986 (año en el que ocurrió una de las peores inundaciones en la historia del barrio) nadie sabía, ni nosotros ni el Estado. Ahora todos sabemos, esto no es el 86. Por eso, necesitamos al menos un gesto, por lo menos que se liciten las obras", apuntó Osvaldo Ortolani, referente del barrio y miembro del espacio Nunca Más Inundaciones (Numain).
Descongestión del arroyo Ludueña
Las obras mencionadas por Ortolani permitirían controlar los excedentes que podrían originarse a raíz del exceso de lluvias previsto para el trimestre octubre-noviembre-diciembre. El referente recordó que en 1986, la crecida del arroyo Ludueña que terminó inundando el barrio llegó poco más de 4 días después del pico de lluvias, pero que en 2012, con varias urbanizaciones ya establecidas arroyo arriba, ese mismo excedente de agua apareció 24 horas después del pico.
Sobre el canal Grandoli, explicó que "requeriría de apoyo nacional" en cuanto a su financiamiento. Se trata de una obra que formaba parte de los trabajos para conformar el Aliviador III, que se iba a desarrollar en dos etapas: la primera fue la construcción del conducto Sorrento, inaugurado en 2016, y la segunda, denominada "conducto Grandoli", iba a permitir que el caudal del canal Ibarlucea desemboque directamente en el río Paraná. Este segundo tramo nunca se concretó.
En relación a las cinco represas, Ortolani indicó que deberían ubicarse en distintas zonas donde hoy hay urbanizaciones, algo que parece poco probable.
"Se siguió construyendo en lugares donde se hacían lagunas (después de las lluvias). Cada obra que se hace ahí, nos baja el nivel de seguridad. No es me inundo o no, es que antes teníamos cierto nivel de seguridad y ahora no lo tenemos", consideró el referente barrial, que también celebró la decisión que el gobierno provincial tomó en relación al loteo llevado adelante por Damfield, pero se preguntó "qué va a pasar con las otras obras", en referencia a las urbanizaciones que ya están establecidas y algunas otras en marcha.
"Están los anteproyectos (para hacer las obras) y en los próximos seis meses va a llover mucho", aseveró.
El Niño, hasta febrero
El Niño ocurre cuando la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial aumenta 0,5º en promedio de manera persistente durante cinco trimestres móviles (que se actualizan cada mes) y esto, a su vez, se acopla con el fortalecimiento o debilitamiento de los vientos alisios (vientos tropicales que soplan regularmente de este a oeste). En un año sin desequilibrios, esos vientos mueven las aguas cálidas hacia la zona del sudeste asiático y Oceanía para darle espacio al surgimiento de aguas frías y ricas en nutrientes desde las profundidades de las costas de Sudamérica. Basta apenas con que alguna de las variables cambie su regularidad para que ese equilibrio se rompa naturalmente, algo que pasa cada dos a siete años y que dé paso a un fenómeno que suele durar entre 9 y 12 meses.
Si bien El Niño ocurre hace miles de años bajo esa dinámica, este episodio llega acompañado de un contexto particular: un planeta que supera sus marcas anuales de temperaturas máximas producto del cambio climático provocado por las actividades humanas y océanos que rompieron sus récords de temperaturas entre 2023 y 2026 de forma consecutiva.
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Durante la presentación del último informe sobre El Niño, a principios de octubre, la secretaria General de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la argentina Celeste Saulo, señaló: "El Niño está firmemente establecido y se intensifica rápidamente. Los pronósticos de la OMM indican, casi al 100 por ciento, que el fenómeno va a durar hasta febrero de 2027 y que podría ser uno de los más fuertes desde 1950".
Las previsiones citadas por la argentina refieren a un consenso de 13 agencias, servicios y centros meteorológicos de distintos países coordinados por la OMM y que registran e intercambian constantemente datos registrados por boyas oceánicas, satélites y radiosondas.