Tras una travesía de cuatro días por el Paraná, desembarcó finalmente ayer en
Rosario la escultura del Che Guevara que el 14 de junio quedará emplazada en el parque Hipólito
Yrigoyen para conmemorar el 80º aniversario de su nacimiento. La llegada de la imagen a los muelles
aledaños a la Estación Fluvial produjo un estallido de emoción entre las cerca de 500 personas que
la aguardaban y ese clima se repitió horas más tarde, cuando la estatua encabezó una entusiasta
caravana de autos, motos, bicicletas y gente de a pie —incluidas murgas— que la
acompañaron a una segunda posta de bienvenida en el parque Independencia. Ya de noche, la marcha
siguió hasta 27 de Febrero y Buenos Aires, donde la imagen del Che aguardará, custodiada en una
carpa, hasta ser emplazada.
Desde las 12, un público de todas las edades dispuesto a saludar a la figura del
guerrillero se acercó hasta el escenario ubicado a la izquierda de La Fluvial identificado con un
cartel que rezaba "Tribuna Rosarina, bienvenido Che", donde ya se desarrollaba un recital.
En el lugar se vieron carteles y banderas con la cara del Che, de la Federación
Juvenil Comunista ("la Fede"), de Cuba, del frente estudiantil Santiago Pampillón, Movimiento
Libres del Sur, Giros y otras agrupaciones. El Ejército Popular de Payasos también sumó color a la
espera.
A las 13 apareció una pequeña flota en el horizonte del río. Precedido por unas
ocho lanchas (varias con los colores de Rosario Central, que también se atribuyen como un amor del
Che), el buque arenero de Vías Navegables que transportó la imagen desde Buenos Aires dejó ver en
su proa la gran figura del Che, creada por Andrés Zerneri gracias al aporte colectivo de 15 mil
llaves.
Quince minutos después, cuando el barco se arrimó a la orilla, el público
ovacionó al Che y se cansó de tomar fotos y de filmar el arribo. Luego la escultura siguió camino
hacia el puerto, donde sería desembarcada (no sin problemas, lo que atrasó la programación) para
que comenzara la caravana por avenida Pellegrini hacia el parque Independencia. Allí la esperaba
otro recital, esta vez con participación de los pueblos originarios.
Pasadas las 16, la figura del Che reapareció en tierra firme, transportada en un
trailer y seguida de una ruidosa columna de autos, bicicletas y motos que no dejaron de hacer sonar
sus bocinas. La caravana se detuvo en la esquina de Alem para esperar que las murgas y grupos que
hasta entonces le hicieron el aguante en La Fluvial se sumaran a la caravana.
Y cuando reemprendieron la marcha hacia el parque, los seguidores del Che ya
cubrían más de tres cuadras. A lo largo del periplo la enorme figura del guerrillero cosechó todo
tipo de sonrisas y expresiones afectuosas, admirativas o nostálgicas. Y muy pocas críticas.