La ciudad

El Britannia, un hotel centenario que se resiste al abandono

El edificio de valor patrimonial de San Martín al 300 está en alquiler. Sus dueños buscan alternativas para refuncionalizarlo.

En su comedor, de muebles oscuros y sillones ajustados al gusto de la época, se firmaron los estatutos fundantes del Colegio San Bartolomé y del Club Atlético Newell's Old Boys, hace más de cien años. Entre sus primeros huéspedes se contaron los ingenieros y técnicos de la Compañía Británica del Central Argentino que llegaron a la ciudad para construir el ferrocarril y hasta afirman que recibió a funcionarios de la corona inglesa. Isaac Newell vivió en sus habitaciones por más de dos décadas y, un poco más acá en el tiempo, numerosas figuras del teatro también lo consideraron su hogar. Pero, el presente del Hotel Britannia es más opaco. La semana pasada, sus propietarios colgaron el cartel de alquiler en el edificio de tres plantas de San Martín al 300, considerado patrimonio histórico rosarino. "Necesitamos ayuda para reflotarlo antes de que se convierta en ruinas", advierten.

El Britannia se inauguró en los primeros años del siglo XX. Fue construido por la empresa de Alejandro y Pedro Máspoli, la misma que levantó el Savoy (San Lorenzo 1022), el Banco Francés (San Lorenzo 1098) o La Bola de Nieve (Laprida 813).

Sus planos se dibujaron a semejanza de las construcciones del barrio de la estación Victoria, en Londres. Un edificio simétrico, de planta baja y tres pisos, coronados por un mirador con cúpula en la terraza. En el hall del hotel se conserva aún una fotografía de aquellos días, cuando el Britannia era la construcción más alta de una zona elegante, con calles empedradas por las que circulaban carruajes y tranvías.

Queda poco de ese esplendor. Hasta el mes pasado, en el edificio funcionaba una pensión que fue desalojada después de quedarse sin habilitación. Ahora, las habitaciones quedaron vacías y el olor a encierro y humedad es la primera impresión que se tiene al recorrerlo.

"Es un edificio enorme (2 mil metros, 55 habitaciones), está en un lugar privilegiado y fue considerado patrimonio histórico. Pero esa distinción no le otorga ningún privilegio. El municipio dice que no se puede demoler, pero tampoco se lo promociona para que pueda tener nuevos usos. En síntesis, lo deja morir", se queja Guillermo Serpellini, uno de los herederos del negocio adquirido por su abuelo en la década del 50.

Una nueva vida

En Rosario hay 5.881 inmuebles catalogados con algún grado de protección por parte del municipio. De ellos, en más de 3.300 la demolición está prohibida. El Britannia es una de las 49 construcciones con el mayor grado de protección y sólo se admiten intervenciones de restauración científica, previéndose el mantenimiento de los tipos de usos originales.

No obstante, advierte Serpellini, ciertas características o terminaciones del edificio contrarían los requisitos existentes para habilitar ciertos emprendimientos. Por ejemplo, los pisos de pinotea de las habitaciones no son compatibles con las normas previstas para el funcionamiento de un geriátrico, lo mismo que el antiguo ascensor con puertas de rejas tijera.

Para los dueños del hotel, el área de Patrimonio del municipio debería asumir un rol más activo para "calificar, gestionar y promover el uso" de los edificios declarados de valor histórico. "Porque así como están las cosas, el mantenimiento del patrimonio de la ciudad queda sólo en manos de los propietarios de estos edificios", señalan.

Hace dos años, Serpellini está a la búsqueda de nuevos destinos para el Britannia. Un sector fue durante un tiempo depósito del Registro de la Propiedad de la provincia, también se estudió la posibilidad de convertirlo en un anexo del hospital Pami I o en un espacio para recordar la historia del fútbol rosarino. Ninguna de esas alternativas prosperó.

En medio de esas gestiones, hasta se ofreció públicamente a donar el edificio, al que consideró "un elefante blanco". Ahora, el viejo hotel tiene colgado un cartel que lo ofrece en "alquiler con opción a compra" y se juega su historia de cara al futuro.

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