La Ciudad

Cómo y cuál fue la familia elegida para saludar a Juan Pablo II en su visita a Rosario

A 34 años de la llegada del Papa polaco a la ciudad, los Fernández-Molina rememoran ese día inolvidable

Domingo 11 de Abril de 2021

La llegada del Papa Juan Pablo II el 11 de abril de 1987 ya era una gran noticia cuando durante el verano las parroquias de Rosario empezaron a buscar familias numerosas para que lo saludaran. Esta es la historia de cómo fue elegida la familia Fernández-Molina y de la inmensa emoción de sus integrantes al conocer al pontífice católico.

Gabriela Molina asistió a misa a Nuestra Señora del Carmen, la iglesia de avenida Pellegrini y Presidente Roca, cuando escuchó ese aviso. Al instante pensó en su hermana María Elena, madre de 10 hijos.

"Mi hermana me comentó lo que había dicho el párroco del Carmen. Ahí ya nos conocían porque íbamos todos juntos a misas, y no pasábamos desapercibidos. Los chicos no eran muy tranquilitos...", recuerda María Elena entre risas.

"Cuando nos avisaron de la parroquia que nos iban a proponer ¡no sabés lo que fue mi casa! Los chicos empezaron a rezar todos los días para poder saludar al Papa", rememora la mujer emocionada.

Desde la parroquia del Carmen pasaron los datos de la familia Fernández al Arzobispado de Rosario. En ese momento el obispo era Jorge Manuel López, quien no sólo había sido profesor de María Elena en la Facultad de Derecho, sino que también la había ayudado a que consiguiera una beca para estudiar.

Cuando el obispo recibió los nombres de las posibles familias numerosas rosarinas reconoció el nombre de María Elena y decidió que debían ser esa. Enseguida llamaron a su casa para confirmarle que era la elegida para saludar a Juan Pablo II. Era febrero y en abril llegaba el Papa.

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La familia Fernández exhibe el álbum de fotos recibido como obsequio del Arzobispado rosarino.

La familia Fernández exhibe el álbum de fotos recibido como obsequio del Arzobispado rosarino.

El hogar de los Fernández, situado en zona sur, fue una fiesta. Los chicos festejaban porque Dios había escuchado sus oraciones. En esa casa vivían María Elena Molina y Jesús Fernández con sus 10 hijos, de los cuales 7 eran nenas y 3 varones, pero uno había fallecido poco tiempo antes. La mayor, Gabriela, en 1987 tenía 13 años y el más chiquito, Juan, tenía seis meses. Todavía faltaba llegar Florencia, que nació unos años más tarde.

La familia había atravesado momentos duros. A los cuatro meses de nacer José, el octavo de los niños, fue encontrado muerto en la cuna. Era la entonces conocida como "muerte blanca". Fue difícil de sobrellevar, y tal vez esto los hizo más fuertes en su fe. "Siempre creo que esa situación nos fue preparando para otras que también debimos atravesar", confesó María Elena y contó que sus hijos rezaban pidiendo la intercesión de su hermano para poder saludar al pontífice.

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Juan Pablo II a bordo del papamóvil recorre las calles de Rosario acompañado por miles de personas.

Juan Pablo II a bordo del papamóvil recorre las calles de Rosario acompañado por miles de personas.

Los preparativos

"Cuando nos confirmaron la noticia, todos los parientes se pusieron a ayudarnos porque había que vestir a todos los chicos, y no teníamos un mango partido al medio. Me acuerdo que una tía, que era costurera, les hizo vestidos a las nenas. Estábamos felices", recuerda la mamá de la gran familia.

Entre tantos preparativos María Elena y su marido asistieron a una reunión para que les explicaran cómo sería el saludo al Papa. Ya se estaba organizando la misa que se realizaría en la explanada del Monumento a la Bandera. "Ahí nos dijeron que por seguridad solamente íbamos a subir mi esposo y yo con el bebé", rememoró. La desilusión fue grande en la familia, porque todos soñaban con saludar al pontífice. María Elena no podía creer que sus hijos no pudieran ir con ella, y todos siguieron rezando por esta intención.

Días más tarde volvió a sonar el teléfono del hogar de los Fernández. "Ahí nos avisaron que los chicos iban a estar en la primera fila en la misa, que tendrían esas entradas, pero que sólo subiríamos hasta el Papa el matrimonio y el bebé". Los días pasaban y la ansiedad crecía. Los chicos se consolaron pensando que seguramente verían al pontífice muy de cerca.

Mientras tanto siguieron llegando las novedades. En ese momento se llevaba a cabo una campaña para que los rosarinos armen rosarios para regalarle a Juan Pablo II en nombre de la ciudad homónima. María Elena y Jesús fueron los elegidos para llevar hasta el Papa una gran canasta con todos aquellos rosarios. Esto sería en medio de la misa, cuando otros llevarían las ofrendas.

Juan Pablo ll en Rosario -Argentina

El día tan esperado

Llegó el 11 de abril, día en el Juan Pablo II aterrizó por unas horas en Rosario. Los Fernández amanecieron temprano y si la misa era a las 10, ellos llegaron dos horas antes. Solo María Elena sabe lo que costó mantener a todas las nenas con el vestido limpio y las medias blancas impecables.

Cuando llegó el momento, cargó a su hijo Juan de seis meses y su marido llevó la canasta con los rosarios. "Tenía una emoción enorme y una gran pena de no poder ir con todos hasta el Papa", pero grande fue su sorpresa cuando el pontífice al verlos abrió los brazos preguntando: "¿Y los los chicos?". Y pidió que todos se acercaran haciendo señas para que suban. "Para mí fue tan emotivo... La mirada del Papa era tan dulce, era como la mirada de Jesús, miraba con tanta ternura a los chicos, me emocionó muchísimo", contó María Elena con la voz entrecortada.

Leé la homilía de Juan Pablo II en Rosario en los archivos del Vaticano.

Los chicos

Llamados por el mismo Papa a subir al estrado, los niños no demoraron ni medio segundo en correr a abrazar al sacerdote polaco. "Me acuerdo que salimos corriendo hasta el Papa. Fue una alegaría tan grande porque nos llamó, y pudimos abrazarlo, nos recibió como un padre. No me olvido más", rememoró Verónica, una de las nenas que en ese momento tenía 9 años.

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Primero subieron María Elena, Jesús y el bebé, y luego el Papa llamó a los demás chicos.

Primero subieron María Elena, Jesús y el bebé, y luego el Papa llamó a los demás chicos.

"No tengo mucha memoria pero sí recuerdo cuando nos vio y el gesto que hizo con las manos para que subiéramos y ahí todo el mundo se olvidó del protocolo. Me temblaban las rodillas. Fue una experiencia que no voy a olvidarme", contó Eugenia, que entonces tenía 10 años.

La más grande, Gabriela que tenía 13 años, contó que "Juan Pablo II brillaba, parecía que una luz salía de él y te dejaba sin palabras".

Todo sucedió en pocos minutos. Fue el saludo y el Papa le dio un rosario a cada uno. La mamá afirmó: "La emoción fue tan grande que fue vivir un instante de cielo. Esos momentos únicos en la vida, como fue el nacimiento de cada uno de mis hijos".

El Papa dijo pocas palabras, pero sí se rio con Pablo, que entonces tenía 12 años y era junto con Juan, de seis meses, el único varón. "Bendito entre todas las mujeres", le dijo bromeando Juan Pablo II cuando lo saludó.

Entre los hermanos algunos recuerdan más que otros, pero nadie se olvida de haber vivido un momento muy especial. Y esto se reaviva cuando vuelven a mirar las fotos de aquel día. Las sacaban fotógrafos del Vaticano, y en ese momento no había celulares para congelar ese instante.

María Elena recuerda que juntaron algo de dinero para comprar un par de fotos, pero a las pocas semanas llegó por correo un sobre gordo, con el sello del arzobispado con todas las fotografías de ese día. Fue un regalo de monseñor López que sin duda vivió con intensa emoción también esos momentos.

En los libros de historia

El Papa Juan Pablo II había llegado a Rosario en un vuelo que posó sobre el aeropuerto de Fisherton a las 8:55. Allí fue recibido por autoridades civiles y eclesiásticas y luego, sobre el Papamóvil, la caravana tomó por calle Córdoba hasta Ovidio Lagos, avenida Pellegrini y calle Buenos Aires. En todo el trayecto fue saludado por miles de rosarinos, cristianos o no dada la importancia del visitante.

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El Papa delante de la imagen de la Virgen del Rosario en su visita del 11 de abril de 1987.

El Papa delante de la imagen de la Virgen del Rosario en su visita del 11 de abril de 1987.

Ya en el Monumento a la Bandera encabezó una misa a la que asistieron, según las crónicas de la época, unas 300 mil almas diseminadas en el Parque a la Bandera. Tras la ceremonia, el Papa se trasladó al Arzobispado de Rosario donde almorzó y descansó. A las 14:05 Juan Pablo II volvió a su movilidad para enfilar hacia el aeropuerto. A las 15.25 y desde la escalerilla del avión, el pontífice católico saludó por última vez a los rosarinos dejando a aquel 11 de abril de 1987 en los libros de la historia de la ciudad.

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