Un grupo de seis alumnos sordos de una escuela especial para sordos emprendió la
aventura de cruzar por segunda vez a nado el río Paraná. Los chicos, de entre 12 y 18 años,
partieron desde la isla y llegaron hasta la Rambla Catalunya. La experiencia es el resultado de
años de práctica en pileta.
Miqueas Morris, Juan Cazales, Juan Pablo Capillo, Estefanía
Di Francesio, Mara Arques y Jashua Cabrera concurren al Instituto Rosarino de Audición y Lenguaje
(Iral), que es la Escuela Particular Especial Nº 1.313.
Animarse. Durante la mañana del jueves pasado se animaron a dar el salto.
Pasaron de la pileta donde nadan todas las semanas a la corriente natural del río. El desafío no
sólo fue para ellos, también involucró a los profesores y a los padres.
Realizaron la travesía junto con los docentes y guardavidas
acompañados por personal de Prefectura.
Desde las islas entrerrianas se lanzaron al agua y nadaron
1.100 metros hasta la costa rosarina. Allí los esperaban, orgullosos y emocionados, padres y otros
docentes.
Es el segundo año que el Iral realiza esta actividad,
organizada por el profesor de educación física Marcelo Braidot. "Me atreví a la aventura luego de
que comenzamos con las clases de natación", relató el docente, mientras planea enseñar canotaje a
los chicos.
Braidot explicó que la hipoacusia "no imposibilita realizar
actividades físicas, lo que se pierde es la posibilidad de hacer por ejemplo roles en el agua,
porque debajo, por la falta de audición, pierden la orientación".
Los chicos que realizaron el cruce tienen como mínimo dos
años de experiencia en el agua, pueden nadar media hora en una pileta común y poseen una buen
estado aeróbico.
El profesor Braidot preparó a los jóvenes para la prueba
con clases desde el agua. El docente puede comunicarse con sus alumnos tanto en forma oral como a
través del lenguaje de señas, para lo cual se capacitó durante dos años.
Se puede. El desarrollo de esta actividad supone un fuerte impulso tanto para
las familias como para los chicos mismos", explicó Gabriela Kowal, psicóloga del Iral.
"Es una forma de que ellos mismos comprueben que pueden. Al
ver que se deposita confianza en lo que hacen, se sienten más seguros", acotó la profesional.
También para los padres es una experiencia movilizante.
"Generalmente sufren mucho cuando conocen el diagnóstico de sordera de sus hijos y con este tipo de
actividades reconocen los logros", añadió la especialista.
Desarrollo. "La natación permite a los chicos desarrollar sus capacidades
físicas a través del deporte", señaló la docente. "Queremos que la sociedad conozca que las
personas sordas pueden desarrollarse física e intelectualmente al igual que cualquier otro niño o
adolescente", declaró Kowal desde Iral, institución que apuesta a una nueva mirada de la
discapacidad. l
La hipoacusia es un trastorno caracterizado por una pérdida o una
disminución de la audición que puede afectar a uno u ambos oídos. l