La Ciudad

Boom de barrios abiertos en la región potencia la fuga hacia ciudades vecinas

Espacios verdes, seguridad y el teletrabajo que instaló la pandemia potenciaron la demanda de casas y terrenos en las afueras de Rosario.

Domingo 03 de Enero de 2021

La mancha urbanística se expande hacia el oeste y la región vive un boom de emprendimientos privados de desarrolladores de vivienda. La pandemia agitó las cosas, la inseguridad, el home office y la necesidad de disponer de espacios verdes hizo que los rosarinos, en especial las parejas jóvenes profesionales, busquen irse de la gran ciudad en busca de horizontes más tranquilos y amplios. En algunos casos se mudan a zonas donde los servicios escasean: no hay gas natural, cloacas, o agua corriente. Pero eligen la calidad de vida contra la cercanía.

La figura en boga es la del barrio abierto, en contraposición a la exclusividad restrictiva ABC1 de los grandes complejos cerrados como Kentucky, Los Alamos, Funes Hills o La Bahía. Los emprendimientos en construcción y los pedidos de factibilidad se multiplican en Funes, Roldán, Ybarlucea, Soldini, Pueblo Esther y Granadero Baigorria con una óptica más masificada, accesible a la clase media con ansias de tener su primera vivienda. Pero sin dudas la irrupción del Covid ha hecho reflexionar mucho sobre la calidad de vida, e introdujo muchos cambios que vinieron para quedarse.

Se trata de un proceso que implica una conjunción de factores. Primero, la pandemia disparó la necesidad y revalorización de espacios verdes, de lugares abiertos y la posibilidad de esparcimiento. Esto potenció algo que ya venía pasando desde hace un tiempo, y se masificó con los barrios abiertos, una opción válida para tener terrenos cómodos con parque y bajar los costos de impuestos y expensas que tiene una casa en la ciudad. Luego, el teletrabajo hizo que se revalorizara el lugar donde se habita, ya que con una buena red de internet permite que se pueda hacer home office algunos días de la semana y otros presenciales.

Otro aspecto que pesa cada vez más es la seguridad. “Vos antes en un barrio tenías una linda casa, podías disfrutarla y entrar tranquilo a tu garaje sin que nadie te esté observando. Hoy tener un inmueble lindo en El Saladillo, barrio Belgrano o La Florida te expone demasiado. Eso también propició la movida urbanística”, analiza José Ellena, integrante de Cámara de Inmobiliarias de Rosario (Cadeiros).

Los servicios es otro factor a tener en cuenta. “Hay zonas de mucha demanda como Funes donde se están instalando clínicas médicas de renombre, son factores que aportan”, marca Andrés Gariboldi, presidente de la Cámara de Corredores Inmobiliarios. Ese municipio, apuntan los conocedores, está generando servicios para gente joven, como shoppings y gastronomía con primeras marcas, escuelas privadas o institutos de inglés. No es un dato menor: en su gran mayoría los que buscan vivir allí son parejas jóvenes, profesionales o independientes con un ingreso de medio hacia arriba.

Ladrillo verde   

Un elemento que suma a esto, dice Gariboldi, es que “construir hoy con ahorros en dólares es mucho más ventajoso que en 2018 y 2019. Producto de la devaluación, los valores de costos están similares al 2005”, apunta el referente. Levantar una casa estándar de 80 metros cuadrados cuesta unos 45 mil dólares. Para el terreno, hay que pensar entre 25 y 30 mil dólares más. Pero todo depende del lugar: Funes o Roldán es un segmento un poco más elevado, mientras que las tierras en Ybarlucea, Soldini o Pueblo Esther son más accesibles. Un lote en una buena zona de Funes parte de 75 u 80 dólares el metro cuadrado, mientras que en otros lados está en 50 o 60.

Una casa de 75 mil dólares, entre construcción y terreno, representa a gran parte de la base de la pirámide de los que deciden jugársela por ese sueño en las afueras de Rosario. Mientras tanto, Ellena detalla que con ese mismo dinero en la ciudad se puede comprar “un departamento de un dormitorio en el centro (60 mil dólares) o uno de 2 dormitorios un poco alejado del centro o de escalera, de una calidad inferior”.

Rubén Llenas, gerente de la Cámara Argentina de la Construcción delegación Rosario, marca un contrapunto: si bien acepta que “hay muchos emprendimientos y empresarios desarrolladores que están invirtiendo y hay mucho movimiento de suelo, porque ven que la inversión en terrenos y futuras propiedades siempre va a seguir rentable por una cuestión de oferta y demanda, ya que la tierra es la misma y cada vez hay más gente que la quiere”, pone en duda que las personas quieran irse de las grandes ciudades.

Hace unos 10 o 12 años fue un boom lo que pasó en Funes, Roldán y Pueblo Esther. La gente fue y se construyó la casa, y ayudó mucho el programa Procrear. Estos últimos años de crisis grande, 2018 y 2019, la gente empezó a volverse a Rosario. Porque tenía dos autos y tuvo que vender uno, por lo cara que está la nafta, por la autopista embotellada. La infraestructura en Rosario está, en otros lugares se corta la luz y el agua a cada rato”, apuntó en disidencia.

Elegir entre la calidad de vida y la cercanía

El fenómeno de la multiplicación de los barrios abiertos en las afueras de Rosario tiene como correlato la fuerte demanda de personas que quisieron ir a probar suerte construyendo su primer hogar en terrenos alejados pero seguros y confortables. Sus historias tienen un hilo común: priorizaron vivir bien antes que vivir cerca.

Juan Gabriel (28) es empleado jerárquico de una cadena de electrodomésticos y hace 6 años decidió construir junto a su familia su casa en Roldán, en el barrio Tierra de Sueños 2. “Con el Procrear, se nos presentó la oportunidad de tener la casa propia, y la única opción en ese momento era la de construcción. En Rosario era imposible conseguir terreno a precio razonable, así que buscamos en los alrededores”, contó. Un plus para sus tres hijos fue el verde: “Queríamos que tuvieran mucho parque y verde. Un patio para jugar”, confió.

Sebastián (30), programador, se mudó en 2016 a la casa que hizo con su pareja en General Lagos, también gracias al programa Procrear. El trabajo de ambos les permite hacer home office, y hacer presencialidad solo algunas veces a la semana. Sin embargo, pronto la vida de pueblo los fue aburriendo. Sin hijos, y con mejor pasar económico, se vieron en el deseo de volver al centro, y terminaron alquilando un departamento. Ahora usan la casa de Lagos para los fines de semana.

Martín (33), se cansó de vivir en el centro de Rosario, y decidió cambiar por Funes el año pasado. Alquiló una casa con patio, y piensa eventualmente en comprar una propiedad. La tranquilidad, el verde, y sobre todo la seguridad lo cautivaron. Su novia está embarazada, y quiere que su hijo se crie en otro ambiente, que vaya a la escuela en las cercanías y pueda manejarse solo. “No quiero que viva la locura de Rosario. Acá hay paz, se disfruta, vivís sin miedo”, confiesa.

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