El tecnólogo y divulgador Joan Cwaik, invitado al programa "In Situ" conducido por Tomás Trapé, sostuvo que en los últimos meses la evolución de la tecnología dejó sorpresas y decepciones. Mientras que los robots antropomórficos no se masificaron como se esperaba, la gran aceleración se dio en la inteligencia artificial agéntica. "La inteligencia artificial agéntica, y no quiero caer en la palabra de moda ni en lo trillado, pero realmente está cambiando las dinámicas y los flujos de trabajo de una forma gigante", precisó Cwaik en la emisión del 10 de septiembre de 2026.
Respecto al control de la tecnología, el entrevistado fue categórico: "El control ya lo perdimos hace rato frente al avance de la tecnología y frente a los comportamientos de la tecnología". En relación a los peligros de la IA, aseveró que muchas de las noticias sensacionalistas o amarillistas forman parte de un "marketing del fin del mundo" que vende y beneficia a quienes lo infunden. Además, detalló que grandes empresas como Anthropic y OpenAI, creadoras de Cloud y ChatGPT respectivamente, no ganan dinero con sus productos, a pesar de estar prontas a salir a la bolsa. "Hay recontra de marketing del fin del mundo. La inteligencia artificial está viviendo un marketing del fin del mundo porque ese marketing del fin del mundo vende", aseguró.
Soberanía cognitiva y el dilema de la autenticidad
Cwaik vinculó este escenario a la carrera geopolítica, donde países como China ya superan a Estados Unidos en patentes de inteligencia artificial. El objetivo de estas empresas, según el experto, es la "soberanía cognitiva", es decir, "controlar la información, las decisiones y la forma en la cual pensar". En este sentido, planteó una preocupación central: "Pienso que quizás somos la última generación que aprendió a buscar. Porque la respuesta ya se da en bandeja". El especialista destacó que los modelos de lenguaje son "condescendientes por defecto", por lo que "siempre te van a decir lo que vos quieras escuchar. No le importa informarte".
Sobre el experimento de Santi Siri con "mi primer FECA", un noticiero con IA y avatares, Cwaik sostuvo que "la delegación de las tareas reiterativas y operativas del periodismo la inteligencia artificial la puede hacer muy bien y si un periodista compite contra la máquina en tiempo va a perder". En este contexto, también señaló que "la precarización laboral existe antes del boom de la inteligencia artificial" y que muchos periodistas ya actuaban como máquinas.
El tecnólogo también analizó el comportamiento de la generación Z, que muestra un "hartazgo generalizado" por la gratificación instantánea y lo sintético, lo que los lleva a movimientos como los Gandalf, una "jihad contra las corporaciones de la distracción" que busca la existencia por fuera de las redes sociales.
"Hoy sabemos de que en 2026 hay más contenido creado en forma sintética en Internet que creado por seres humanos", alertó Cwaik. Ante esta realidad, reflexionó: "Si algo creado en forma sintética te emociona, te entretiene, te informa, ¿está mal que esté creado por inteligencia artificial?". En un mundo donde "la información estado bruto vale 0", la educación también se ve interpelada, priorizando el proceso por sobre el producto.
Para el 2027, Joan Cwaik pronosticó que la desinformación masiva será un tema muy preocupante, alimentada por tecnologías hiperrealistas, y que la inteligencia artificial será "mucho más fantasmagórica, mucho más mágica en nuestra vida cotidiana, sin que nos demos cuenta". También se espera una legislación más avanzada en temas de privacidad y alfabetización. El experto planteó una advertencia sobre el costo de los "tokens", el combustible de la IA, que actualmente está subsidiado: "Cuando todos estemos adentro, ¿cuánto va a valer ese token?".
A pesar de la promesa de libertad, el especialista concluyó: "La tecnología siempre promete más libertad y promete más liberación de tiempo pero al fin y al cabo nosotros terminamos trabajando más". Este escenario de dependencia, junto con la falta de previsibilidad en la política, genera un "miedo existencial" en la sociedad del siglo XXI, donde la capacidad de aprender y desaprender se vuelve fundamental.