Donald Trump llega a la Casa Blanca igual que entró en la campaña por la presidencia: desafiante, sin filtros, con plena confianza en el rumbo elegido y sin dejarse encorsetar por las tradiciones. En las 10 semanas que pasaron desde su inesperada victoria, Trump ha roto con décadas de protocolos diplomáticos establecidos, causado conmoción en juntas directivas de empresas, puesto a prueba antiguas normas de ética y mantenido su estilo combativo de responder a cualquier ofensa con un ataque personal, en Twitter y en persona. Sus predecesores describieron su primera entrada en la Oficina Oval como presidentes como una experiencia que les hizo pensar y les dejó claro su nuevo papel de custodios de la democracia estadounidense. Trump pasó buena parte de la transición de poder dejando claro que ve las cosas de otra manera: en lugar de cambiar para el cargo, afirma, el cargo cambiará para él.




























