Rosario.- Por cuarto año consecutivo, ciudades de todo el mundo se sumaron a una acción simbólica promovida por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés): un apagón de sesenta minutos denominado "La hora del planeta", para exigir a los gobiernos acción contra el cambio climático. Rosario no fue ajena a la convocatoria y, exactamente a las 20.30 del 27 de marzo, el Monumento a la Bandera quedó a oscuras.
Australia y Nueva Zelanda habían iniciado el apagón mucho antes. Fueron los primeros de 125 países, donde unas cuatro mil ciudades resolvieron apagar las luces de sus edificios públicos y monumentos más representativos. Así, cuando el reloj daba las 20.30, fueron quedando a oscuras la Ciudad Prohibida de Pekín, las Petronas de Kuala Lumpur, la Acrópolis de Atenas, la Fontana di Trevi, el Coliseo romano, la Opera Garnier de París, la Torre Eiffel y el Arco del Triunfo, Table Mountain en Ciudad del Cabo, la puerta de Brandenburgo en Berlín, las pirámides de El Cairo, el Palacio de Buckingham, el Big Ben, el Empire State Building en Nueva York, el Cristo Redentor de Río de Janeiro y el Obelisco porteño, entre otros.
En Buenos Aires, la acción fue coordinada por la Fundación Vida Silvestre Argentina junto al Gobierno de la Ciudad. Además del Obelisco, apagaron sus luces el Monumento de los Españoles, el Puente de la Mujer, la Torre Monumental frente a la Estación Retiro, la Pirámide de Mayo en la plaza frente a la Casa Rosada y el de los Dos Congresos.
La acción central tuvo lugar en la Plaza de la República, donde representantes de la Fundación Vida Silvestre junto a autoridades de la ciudad encendieron cientos de velas que formaban el número 60, en referencia a la cantidad de minutos de duración del apagón.
En el país se sumaron a la iniciativa las ciudades de La Plata, San Fernando del Valle de Catamarca, Santa Fe, Ushuaia, San Carlos de Bariloche y Mendoza.
La iniciativa fue impulsada en Rosario desde el municipio por el programa Convivir Rosario y por la subsecretaría de Medio Ambiente. Si bien el Monumento a la Bandera quedó oculto en un cono de sombra y tampoco hubo luz en las fuentes del Parque Independencia, hubo escasa participación ciudadana, ya que en la mayoría de las zonas del centro no se notaron cambios en la iluminación de casas y edificios privados entre las 20.30 y las 21.30.
La iniciativa no perseguía un ahorro real sino apenas un gesto simbólico. De hecho, la mayor ciudad de Nueva Zelanda, Auckland, redujo su consumo en apenas un uno por ciento.
Peter Hardstaff, portavoz de WWF, sostuvo que no se trata sólo de ahorrar energía. “El punto central de «La hora del planeta» es darle a la gente la oportunidad de verse comprometida, darle a la gente la posibilidad de mostrar que se preocupan por el cambio climático y pueden hacer algo”, dijo.
En paralelo, Australia vivió una curiosa iniciativa contraria a la propuesta de WWF: "La hora del logro humano", impulsada por escépticos del cambio climático como el diputado Cory Bernardi, del Partido Liberal. “Mientras los activistas de «La hora del planeta» quedarán en la oscuridad, los participantes en «La hora del logro humano» irán al cine, disfrutarán una comida caliente, conducirán su automóvil o verán televisión”, explicó Bernardi, quien llamó a disfrutar del "milagro" de la energía eléctrica. En Melbourne hubo cine en pantallas gratis durante la hora dedicada al apagón y en Sydney se hizo un llamamiento a ver televisión a la luz de las velas.