Los hierros retorcidos fueron descubiertos en 2022 frente a las costas de Quequén, una playa cercana a la ciudad de Necochea. Podrían ser restos de un submarino nazi que escapando de la derrota de la Segunda Guerra Mundial buscó refugio en estas playas del sur de América.
¿Será? La duda está abierta y el paso para despejarla queda a un par de millas de la costa de la localidad situada 120 kilómetros al sur de Mar del Plata y a casi 30 metros de profundidad, en el sector de lecho marino.
Al puerto de Mar del Plata, en 1945, año de la capitulación de Alemania, habían arribado dos naves submarinas. Ambas protagonizaron una rendición entre junio y agosto de 1945, semanas después de la caída de Berlín. Cada submarino llevaba a bordo dos banderas con la esvástica: una de combate y otra de desfile.
Aquel suceso fue reflejado por la prensa de la época al mismo tiempo que se reproducían decenas de testimonios que hablaban de navíos similares divisados por testigos en el invierno de 1945, en un área que va desde Buenos Aires hasta casi Tierra del Fuego.
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Tercera nave
Estos restos serían de una tercera nave y confirmarlo es el objetivo que se decidieron a emprender los miembros de “Eslabón Perdido”, la agrupación que a partir de un dato logrado de un testimonio avanzó años atrás mar adentro hacia la ubicación señalada y certificó, en principio, que algo había en ese lugar que ninguna carta náutica había advertido y señalado jamás.
Las imágenes logradas en aquella oportunidad, video y fotografía, llegaron a manos de expertos europeos que a pesar de la escasa iluminación acompañaron en principio la hipótesis que abrazaban los impulsores de esta cruzada: podría ser una embarcación del tipo U Boot Clase IX que fue parte de la flota de la Kriegsmarine, la fuerza naval de la Alemania nazi.
“Estamos muy cerca de lograr una prueba contundente”, explicó al diario La Nación el miembro y vocero de “Eslabón Perdido”, Abel Basti, que tiene una amplia historia personal en materia de investigación de aquel potencial militar que tenía a Adolf Hitler como máximo líder. Basti es un verdadero fanático investigador de la figura del dictador alemán.
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El plan se había previsto para esta semana pero por razones operativas tuvo una postergación. Se trata de una expedición con unidades subacuáticas, en particular el uso de vehículos tipo ROV (Remotely Operated Vehicle) con los que se volverá a llegar hasta la pieza a analizar.
La acción cuenta con autorización de Prefectura Naval Argentina no solo para acceder sino además para generar un registro de imágenes que sume elementos para que quienes más saben del tema puedan llegar a una evaluación concluyente.
La misión está financiada y promovida por la Fundación Reitich y los trabajos en el mar y profundidades estarán a cargo de la empresa Deepwater -ROV Inspection Services, que dirige por el ingeniero Carlos Pane.
Según detalló Basti a La Nación, se utilizarán dos ROV que buscarán detalles más precisos sobre la estructura de casi 80 metros que se encuentra en el fondo del mar. Las operaciones contarán con apoyo de dos embarcaciones.
Material fílmico
El material fílmico y fotográfico que se obtenga quedarán a disposición de una Comisión Técnica Evaluadora que componen los ingenieros Hernán Sotero González, Jorge Pereda y Martín Canevaro.
Este último, que fue presidente del Consejo Profesional de Ingeniería Naval, es quien en el primer peritaje confirmó que no se trataba de restos de un buque tradicional y apuntó que se podría tratar de un sumergible, de acuerdo a determinadas condiciones de diseño y piezas que se advertían en ese casco.
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A la misma conclusión llegó Fabio Bisciotti, experto de la Liga Naval Italiana, quizás el profesional que más sepa de restos de embarcaciones náufragas de la Segunda Guerra Mundial ya que participó en decenas de expediciones para ubicar e identificar buques.
En diálogo con La Nación advirtió que en caso de confirmarse que se trata de un submarino alemán se convertiría en el “descubrimiento naval más importante de la historia argentina”.
Bisciotti no solo encontró indicadores más que sugerentes como para dar por seguro que se trata de parte de un submarino alemán. Arriesgó que por las condiciones que advertía en esa estructura, que llevaría décadas sumergida, su hipótesis es que pudo haber sido hundido y destruido mediante explosión de manera intencional por su propia tripulación.
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Durante el peritaje de las imágenes, Bisciotti identificó el periscopio del navío y también detectó una parte característica del sumergible al señalar que “se observa un cuerpo ferroso claramente de una torreta submarina debido a algunas características como la forma distintiva atribuible a un deflector de la torreta de los U-Boot”.
Basti, por su parte, anticipó que para esta nueva expedición se sumará desde Chile Gilberto Opazo, investigador y experto en criminología.
Desde “Eslabón Perdido” han tomado contacto con los distintos protagonistas, tanto particulares como el Estado.
También con autoridades alemanas, en busca de alguna información que permita relacional un posible resto de embarcación nazi en una zona tan alejada del foco del conflicto bélico de mediados del siglo pasado.
Citan respuesta de la embajada de Alemania en Argentina aportada por Constanza Corinagrato, responsable de la Sección de Política y Derechos Humanos de esa representación, en la que aseguran que “no hay indicios de que se trate de un naufragio de un submarino alemán”. Por ende, también aclaran que no son propietarios de esos restos.