Todo el hemisferio norte “arde” en una ola de calor que afecta a tres continentes. Estados Unidos, Europa y China son los más golpeados, pero el calor va más allá de sus fronteras. Este lunes, China y EEUU rompieron sus respectivos récords de calor: 52 y 56 grados, respectivamente.
En este escenario, un estudio sostiene que el calentamiento global cambiará por completo la habitabilidad de la Tierra. El trabajo, publicado en la revista “Nature Sustainability”, concluye que, sin una “protección drástica” del clima, unos 2.000 millones de personas se verán afectados por calor extremo y potencialmente mortal en menos de 80 años, lo que corresponde aproximadamente al 23% de la población global prevista para entonces. Países como Qatar, Mali o Burkina Faso podrían ser inhabitables para el 2100 si se mantienen las tendencias climáticas actuales.
Un aumento de la temperatura media global de 2,7 grados centígrados cambiaría radicalmente la “habitabilidad” de la Tierra y podría provocar una “reordenación a gran escala de los lugares donde vive la gente”, afirma el autor principal del estudio, Tim Lenton, de la Universidad británica de Exeter. En la actualidad, con un calentamiento global de 1,1 grados en comparación con la época preindustrial (1850/900), las olas de calor son más habituales, más graves y, por tanto, más mortales para millones de personas. La actual ola de calor en todo el hemisferio norte es una muestra.
En China se alcanzaron los 52 grados centígrados en el noroeste del país. En las islas meridionales italianas de Sicilia y Cerdeña se pronostican 48 grados para esta semana. Mientras, las autoridades japonesas, declararon la “alerta por insolación”. En el sur de Estados Unidos, 80 millones de personas se ven afectadas por un calor potencialmente mortal. Los meteorólogos señalan que hay un “domo de aire caliente” estabilizado sobre el subcontinente norteamericano. La temperatura récord se alcanzó en el Valle de la Muerte, en el interior de California, cuando este lunes se llegó a 56 grados, superando por décimas de grado el anterior registro, de 1913. Y las temperaturas también están subiendo en Europa; el verano pasado ya fue tan caluroso en muchos lugares que murieron más de 60.000 personas, según deducen expertos en salud pública.
En Estados Unidos, unas 12.000 personas mueren de forma prematura cada año a causa del calor. La ciudad californiana de Los Angeles, considerada la más vulnerable a las catástrofes naturales, incluidas las olas de calor, ha lanzado una campaña para construir más “centros de resiliencia”, zonas de sombra y refrigeración mediante energías renovables, al tiempo que se trabaja en un sistema de alerta temprana de olas de calor.
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En la ciudad de Phoenix, Arizona, cubren al pavimento con una pintura blanca para reducir la captura de calor durante el día.
Phoenix, ciudad de Arizona situada en pleno desierto de Sonora, ha emprendido una serie de medidas, entre ellas la construcción de aceras “refrigerantes” recubiertas de un impermeabilizante blanco que consigue que las calles no se calienten tanto como con el tradicional asfalto, además de permitir que el aire fresco de la noches permanezca más tiempo. Miami, en Florida, planea la plantación de árboles urbanos, al tiempo que ofrece ayudas económicas para cubrir las facturas de energía de los hogares de bajos ingresos. También ha gastado millones de dólares en aire acondicionado en viviendas sociales. Pero para Cristina Huidobro, encargada de la agenda del Gobierno Regional Metropolitano de Santiago de Chile, en la acción climática contra el calor el aire acondicionado debería ser un último recurso debido a la energía que consume. En su ciudad, Santiago de Chile, buscan plantar 33 “minibosques” que sirvan de refugios térmicos, especialmente cerca de escuelas y centros de salud. Es una alternativa, dice la funcionaria chilena, a los centros de refrigeración con aire acondicionado que se están desarrollando en Estados Unidos y Europa. “Durante una ola de calor, la gente puede acudir a estos centros de refrigeración en la naturaleza para encontrar sombra, descansar y beber agua”, explica Huidobro. Santiago de Chile sufre además de la contaminación que crea el tránsito en un valle sin buena ventilación. Los niveles de óxido nitroso (NO2) son crónicamente altos, lo que empeora las condiciones ambientales en caso de una ola de calor.