Cuando Andrés nació hace seis años, la alegría era inmensa. Pero sólo cuatro meses después, los padres recibieron una noticia perturbadora: "Su hijo tiene beta-talasemia major", les informaron los médicos en Algeciras, en el sur de España.

Cuando Andrés nació hace seis años, la alegría era inmensa. Pero sólo cuatro meses después, los padres recibieron una noticia perturbadora: "Su hijo tiene beta-talasemia major", les informaron los médicos en Algeciras, en el sur de España.
Ninguno de los dos había escuchado nunca antes acerca de esta anemia congénita severa, causada por una anomalía genética. "Nos dijeron que la enfermedad era incurable y que su esperanza de vida no era más de 35 años. Aquello fue muy duro", recuerda el padre, Andrés Mariscal.
Para su hijo, el diagnóstico significaba tener que someterse regularmente a transfusiones de sangre, pero ahora el matrimonio abriga una esperanza. El domingo último nació su segundo hijo, Javier. Se trata del primer "bebé de diseño" en España y se espera que cure a su hermano mayor.
Tras un tratamiento de fecundación in vitro, los médicos del hospital Virgen del Rocío en Sevilla seleccionaron con ayuda de un diagnóstico preimplantatorio el embrión que no presentaba la anomalía genética y al mismo tiempo, el que era más compatible con Andrés.
Con las células del cordón umbilical de su hermano menor, Andrés recibirá ahora un trasplante de médula. Según los médicos, la posibilidad de curación se encuentra entre el 70 y 90 por ciento. Si todo funciona como se espera, Andrés estará totalmente curado en cinco años.
"Hay 11 millones de personas en el mundo dispuestas a donar su médula ósea, pero ninguno es compatible cien por cien con el caso de Andrés", dijo el jefe del Servicio de Hematología del Hospital Virgen del Rocío, Alvaro Urbano.
Los padres no quieren escuchar el término "bebé de diseño".
"Siempre hemos querido tener un segundo hijo, y no sólo porque nos informaron de la posibilidad que tenía nuestro hijo mayor de curarse gracias a su hermano pequeño", dijeron Andrés y Soledad.
Que Javier se pueda convertir en el salvador de la vida de Andrés se lo deben a la ley de reproducción humana asistida aprobada hace dos años. El gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero logró imponer la legislación pese a la férrea oposición de la Iglesia Católica y la oposición conservadora. España se sumó a países europeos, como Reino Unido y Suecia, donde la selección de embriones también está permitida.
"Reservorio vivo". Las críticas no se hicieron esperar tras el nacimiento de Javier.
La Iglesia Católica hizo referencia a una declaración de la Conferencia Episcopal del año 2006. "No se puede matar a un ser humano para salvar otro", dice el documento en referencia a los embriones que se descartan durante la selección.
Otros críticos hablaron de "reservorio vivo de recambios". "El método es denigrante para la dignidad del ser humano, al haber sido seleccionado (el bebé) como ganado", dijo Manuel Cruz, director de la Fundación Vida.
Sin embargo, en la Iglesia también hay voces moderadas. El jesuita Juan Masiá, uno de los máximos expertos en bioética, dijo que "hay una parte de la Iglesia que se opone. Yo no. Diría que hay que hacerlo responsablemente. Seguro que los padres lo han recibido con todo el cariño. Y el día de mañana tanto él como su hermano estarán orgullosos".
Los padres tuvieron que esperar dos años para recibir la autorización para el procedimiento, que es otorgada por una comisión de expertos que ya tomó decisiones sobre otros 31 pedidos. De ellos, seis fueron rechazados, ocho autorizados y en otros 17 casos se solicitaron informaciones adicionales.
El príncipe heredero Felipe y la princesa Letizia, tras el nacimiento de su primera hija Leonor, congelaron células de su cordón umbilical en una empresa especializada en Estados Unidos, para tenerlas en caso de que se presente alguna enfermedad grave.

