Un soldado estadounidense que combatió en Vietnam logró conocer y encontrarse con su hijo 40 años después de que él fuese obligado a retornar a su patria, debiendo abandonar a su novia embarazada y sus planes de casarse con ella.

Un soldado estadounidense que combatió en Vietnam logró conocer y encontrarse con su hijo 40 años después de que él fuese obligado a retornar a su patria, debiendo abandonar a su novia embarazada y sus planes de casarse con ella.
Jerry Quinn, un misionero de 64 años alto y delgado que vive y trabaja en Taiwán, quiso saber qué había sido de su novia Brandy y de su retoño. Movido por la culpa del abandono, según él lo admitió, pasó años llamando a conocidos y preguntando a las autoridades, hasta que, a través de Facebook, tuvo la primera pista confiable.
Jerry se trasladó a la ciudad de Ho Chi Minh. Aferrado a un álbum de fotografías y acompañado de un intérprete, Hung Phan, comenzó la búsqueda.
Según recogió Sue Lloyd Roberts, cronista de la BBC londinense, Jerry fue a la casa que compartía con su novia. Pero no pudo hallar la dirección. Cuando el Viet Cong entró a Saigón en 1975, no sólo cambió el nombre de la ciudad a Ho Chi Minh, sino que también cambiaron los nombres de las calles y las numeraciones.
Jerry Quinn es uno de los dos millones de soldados estadounidenses que fueron enviados para apoyar al ejército de Vietnam del Sur en la guerra contra el Norte. Durante ese conflicto, se cree que alrededor de 100.000 niños nacieron a partir de sus relaciones con mujeres vietnamitas. Ahora esos soldados están envejeciendo y algunos tienen sentimientos de culpa o simplemente curiosidad por saber qué pasó con sus hijos.
"Sin embargo, algunos padres simplemente no quieren saber", asegura Brian Hjort, quien junto a Hung Phan dirige la organización sin fines de lucro Fathers Founded, que se encarga de juntar a los padres con sus hijos amerasiáticos, como se les llama a los niños de madres asiáticas y padres que pertenecen a las fuerzas armadas estadounidenses.
En la década de 1980, cuando Hjort era un simple mochilero danés que viajaba por Vietnam, tuvo un encuentro con algunos de esos niños. "Estaban en la calle, mendigando comida y ayuda", recuerda. "Los mismos vietnamitas los trataban con crueldad, eran los hijos del enemigo".
Algunos conocían los nombres de sus padres y tenían fotos de ellos. Como el gobierno de EEUU mantiene un registro meticuloso de los soldados y veteranos, Hjort pronto fue capaz de vincular a decenas de niños con sus padres. Pero en varias ocasiones se horrorizó por las respuestas que recibió.
"¿Por qué me llamas? ¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué estás hablando de Vietnam? No quiero tener nada que ver con ese bastardo. "El no es mi hijo. Ella no es mi hija. ¡Deja de llamarme!", le gritaban del otro lado del teléfono.
Para Jerry Quinn, el hecho de que lo enviaran a trabajar de nuevo en Asia, era la manera en que Dios le daba la oportunidad de enmendar su pasado.
En 1973, su novia Brandy estaba embarazada, por lo que ambos intentaron conseguir los requisitos burocráticos para casarse. Al mismo tiempo, el secretario de Estado de EE.UU. Henry Kissinger estaba negociando una "paz con honor" con los líderes de Vietnam del Norte. El acuerdo final exigió que las tropas estadounidenses salieran de inmediato y Jerry Quinn de un momento a otro tuvo que embarcarse en un avión para regresar a EEUU.
"Traté de mantener el contacto", asegura. "Le envié 100 dólares mensuales durante un año. Nunca supe si los recibió", dijo. Brandy le envió tres fotografías que (40 años más tarde) muestra a las personas que conoce por las calles de Ho Chi Minh. Hay tres imágenes: un retrato de Brandy, la hermosa y espigada vietnamita en sus 20 años; una foto de ella con su bebé y una foto de ella de pie junto a una mujer de bata blanca.
Al tercer día de su recorrida por Ho Chin Minh, Jerry y su intérprete pidieron ayuda a la dueña de un restaurante, cerca de la casa donde Jerry y Brandy vivieron juntos. Cuando la mujer vio la imagen de Brandy y la mujer de bata blanca, se detuvo. "Ella era la partera de la zona. Ahora vive en EEUU, pero no nos olvida y a veces viene de visita. De hecho, ayer le vendimos un plato de fideos a su hija", dijo la mujer.
Al día siguiente, Kim, la hija de la partera, llegó al restaurante para reunirse con Jerry. Kim es una elegante mujer madura, que se aloja junto a su marido (un médico californiano) en un hotel del centro de Ho Chi Minh. Toma el álbum, hojea y de pronto gritó: "¡La recuerdo! Eramos buenas amigas y yo ayudé a traer a su bebé al mundo".
Kim identificó el nombre vietnamita de Brandy en una de las fotografías: Bui, pero no consigue hallar el nombre de su hijo. Cuando el Viet Cong entró en la ciudad, explica, amenazaron con matar a todos los que habían tenido alguna relación con el enemigo. "Mi madre hizo una gran hoguera y quemó los registros de los nacimientos, cuidadosamente guardados", recordó.
Jerry no se amilanó. Publicó las fotos de Brandy y el bebé en Facebook y explicó que está buscando a un hombre de 40 años llamado Bui. A más de 13.000 kilómetros de distancia, en Albuquerque (EEUU), Gary Bui reconoce las imágenes. El ex soldado tomó un avión rápidamente para allí.
Jerry llegó en un taxi a la casa de Gary, donde lo aguardaba en la vereda con su familia. "Eres demasiado parecido, eres casi como yo", exclamó Jerry y abrazó a su hijo. Se aferraron el uno al otro, golpeando sus espaldas y llorando; tenían a los dos nietos de Jerry como testigos.
Poco a poco, Gary compartió su historia. Brandy, al igual que tantas madres de hijos de soldados estadounidenses, abandonó a su bebé y huyó por su vida, pues las tropas del Viet Cong persiguieron a las mujeres y niños del enemigo. El bebé fue confiado a unos amigos que lo sacaron de Saigón, para que se escondiera hasta que la caza de brujas se calmara.
"Vivíamos en la selva, en chozas de barro", recordó Gary. "Nunca había suficiente para comer". Cuando tenía 4 años fue llevado a un orfanato y cuatro años después viajó a Nueva York como parte de un programa impulsado por el gobierno de EEUU para repatriar a miles de niños amerasiáticos. Fue criado por padres adoptivos, pero Gary mantiene copias de las mismas fotos que Brandy había enviado a Jerry.




Por Martín Stoianovich