El Papa Francisco ofició este sábado en el Vaticano la misa de Navidad con aforo reducido por el aumento de los contagios de coronavirus que sacude a Europa, en especial con la variante Ómicron. Lo hizo, como es tradicional, desde el balcón central de la Basílica de San Pedro.
El Pontífice hizo un llamamiento al diálogo en medio de una “tendencia al repliegue” durante la pandemia de coronavirus, en la misa Natividad del Señor Bendición Urbi et Orbi ante el nutrido grupo de fieles que se reunieron en la Plaza de San Pedro.
“En este tiempo de pandemia, se pone a prueba nuestra capacidad de relación social; hay una creciente tendencia al repliegue”, expresó Francisco, y añadió: “También en el ámbito internacional se corre el riesgo de evitar el diálogo. Sin embargo, sólo esos caminos pueden conducir a la resolución de los conflictos y a beneficios duraderos para todos”, agregó.
“Aunque el mensaje del nacimiento del Salvador, fuente de la verdadera paz, resuena en nuestros corazones y en el mundo entero, seguimos siendo testigos de un gran número de conflictos, crisis y desacuerdos”, dijo el Papa, y agregó: “Parece que no terminan nunca los conflictos y contradicciones”.
“Dios viene a colmar de dignidad la dureza del trabajo. Nos recuerda qué importante es dar dignidad al hombre con el trabajo, pero también dar dignidad al trabajo del hombre, porque el hombre es señor y no esclavo del trabajo. En el día de la Vida repitamos: ¡No más muertes en el trabajo! Y esforcémonos por lograrlo”, pidió.
Francisco, quien cumplió 85 años la semana pasada, destacó que el nacimiento en la pobreza del niño Jesús debería recordarle a la gente que servir a los demás es más importante que buscar estatus o visibilidad social o pasar toda la vida en busca del éxito.
“Es en ellos (los pobres) donde quiere ser honrado”, dijo el Papa argentino, quien hizo de la defensa de los pobres una piedra angular de su pontificado. “En esta noche de amor, que tengamos un solo temor: el de ofender el amor de Dios, herirlo despreciando a los pobres con nuestra indiferencia. Jesús los ama con cariño, y un día nos recibirán en el cielo”, señaló.
“Si él está ahí con nosotros, ¿qué nos falta?”, se preguntó Franciscoen su homilía, y demandó: “Entonces, dejemos atrás los lamentos por la grandeza que no tenemos. Renunciemos a las quejas y a las caras largas, a la ambición que deja insatisfechos”.