La Rioja- El canto vocal tiene mucho de artesanal, de cosecha hecha a mano, de
esfuerzo realizado espalda con espalda. Y sus encuentros tienen el sabor de la amistad
recogida y cimentada en base al compartir, a intercambiar experiencias y modos de vidas, estilos
que sólo la gente que transita estos caminos es capaz de apreciar.
Ahora fue el turno de La Rioja, adonde varios de los buenos grupos vocales del país
acudieron ante la convocatoria de Librevoz y Aguablanca. El primero, uno de los referentes del
movimiento que impulsó el músico Damián Sánchez allá por 1992 y cuyo guante fue recogido por varias
agrupaciones que creyeron en la idea de que el canto vocal no estaba reservado a una elite, sino
que representaba la esencia misma del canto popular.
Fueron tres noches que intentaron dejar reflejado el gran esfuerzo que significa para estos
grupos recorrer, en algunos casos, miles de kilómetros para mostrar su producción en apenas 30
minutos de actuación. Porque, por ejemplo, no es menor el sacrificio de la gente de Formosa,
Necochea, Bahía Blanca o Posadas para asistir a estas juntadas.
“Cada vez cuesta más organizar los encuentros. Hay que darles alojamientos y comida a un
montón de gente y eso no es fácil en estas épocas. Lo que hace un par de años nos costó 8 hoy nos
cuesta 20. Encima, te encontrás con gente que está en la política y que se llena la boca pregonando
la cultura. Pero a la hora de brindar su efectivo apoyo, te da la espalda”, resume con un
dejo de tristeza Nicolás Carrión, uno de los integrantes de Librevoz y una de las caras visibles de
la organización.
Fueron tres noches a pura emoción en el nuevo teatro Víctor María Cáceres de la capital riojana.
Librevoz abrió el encuentro con su tradicional estilo y su vigencia después de más de 20 años de
trayectoria. Voz del Viento –una formación mixta en permanente crecimiento- trajo las
postales misioneras al escenario al igual que sus pares de Enarmonía, un grupo que si bien se sumó
a esta patriada en 2001, ya tiene un merecido lugar ganado por su trayectoria y por su calidad
interpretativa. También se produjo el regreso de dos grupos que ya habían tenido intervenciones en
los encuentros: la gente de Una más, de Necochea, y su línea vocal no tan cercana al folklore pero
no por eso atractiva y con un color particular, y la joven formación de Pirca, un quinteto
catamarqueño que se las trae.
Varios grupos locales dieron además de los organizadores su presente. Fueron los casos de
Alborada –un cuarteto formado por médicos- y Algarrobal, una formación que levantó el aplauso
sostenido por su calidad interpretativa.
El vocal Quintos de La Plata –ahora convertido en sexteto- demostró que el tiempo pasa
pero la calidad mantiene su vigencia, y Hernán Lattanzio y su Vocalcanto, de San Nicolás, se guardó
una ovación en el bolsillo con su particular estilo vocal.
También con dos nuevos integrantes se presentó el otro organizador, Aguablanca, dirigido por
Alfredo Romero.
Para el cierre del encuentro los chicos formoseños de Asayé dejaron una vez más demostrado sobre
el escenario su inmenso potencial y su calidez. Mientras que otro clásico de los encuentros, los
bahienses de Raíces, deleitaron con sus voces. Las chicas de Las Pacheco también aportaron sus
dulces voces en el cierre del encuentro.
Puro esfuerzo. Mucho sacrificio tras bambalinas. Demasiado para un hecho de la cultura que
sigue siendo ignorado en muchos aspectos. Lejos de cualquier elite y del conformismo cultural de
muchos sectores, pero increíblemente cerca de la gente. Una genuina expresión de música popular,
poco habituada a recorrer los circuitos comerciales o festivaleros.
Eso son en definitiva los encuentros de grupos vocales. Una reunión de amigos, una juntada de
gente que valora la cultura y le rinde su homenaje a través del canto, un movimiento que va contra
la corriente chabacana y burda que desde muchos medios se intenta permanente y sistemáticamente
vender y que está disfrazado de popular. Y que busca permanecer a pesar de la crisis, la desidia y
el desconocimiento.