“¡Apúrense que se nos va!”, gritó el director general del Same (Servocop de Asistencia Médica de Emergencia), Alberto Crescenti, a las 11.30, cuando vio que cerraba los ojos un hombre que era cargado en una camilla en la salida de la estación ubicada frente a la plaza Miserere. Los enfermeros, de inmediato, bajaron la tabla sanitaria y un médico, desesperado, comenzó a efectuarle técnicas de reanimación, al tiempo que otros heridos pasaban a un lado en camillas del mismo sistema de atención de emergencias. Cuando parecía que había muerto, el pasajero reabrió los ojos y el profesional exclamó: “Lo recuperamos”. Surgieron en ese instante tal vez las únicas sonrisas de satisfacción de la jornada trágica, que comenzó cuando un tren de la línea Sarmiento con cientos de pasajeros, a una “velocidad anormal” para el último tramo de su recorrido, chocó contra uno de los paragolpes de la terminal a las 8.33.

































