“Quien no tiene paciencia, no llega a su destino”, dice un proverbio chino, máxima
puesta a prueba para miles de conductores, en su mayoría camioneros, que se vieron presos de un
enorme embotellamiento que alcanzó más de cien kilómetros en el noroeste de Pekín durante dos
semanas. Finalmente pudo disolverse ayer, antes del mes que se preveía iba a durar.
La situación se complicó especialmente en la carretera nacional G-110 y
en la que une Huaian, en la provincia de Hebei, y Xinghe, en la Mongolia interior. “No puedo
hacer nada, sólo esperar”, se resignaba uno de los conductores. “La autopista está
atascada y también la carretera nacional”, se quejaba otro.
“Estoy realmente preocupada por la situación higiénica y el estado
de nuestra comida”, aseguraba la mujer de un camionero, que viajaba con su marido junto a sus
dos hijos pequeños. Ante la falta de baños, la gente aliviaba sus necesidades al borde de la
carretera. “Nos hemos acostumbrado”, apunta un conductor de la provincia de Shandong.
Ayer terminaron las obras de una autopista que provocaban el fenomenal
embotellamiento y se liberaron varios carriles. Otra de las causas del atasco fue el inicio de los
envíos de carbón desde Mongolia interior al resto del país, ante la cercanía del invierno.
El enorme atasco hizo vivir a los conductores singulares experiencias
interpersonales, tal como lo había imaginado el escritor Julio Cortázar varios años antes con su
cuento “La autopista al sur” que integró el libro “Todos los fuegos el
fuego”, en la que narra las visicitudes de varios automovilistas varados en Fontainebleau y
París (ver aparte).
En medio del calor, los conductores chinos estuvieron durmiendo estos 10
últimos días junto a sus vehículos o incluso debajo de ellos. Jugaban a las cartas para matar el
tiempo y se enojaban con los habitantes de los pueblos cercanos, vendiéndoles agua, fruta o comida
preparada a un precio mucho más elevado del habitual.
También la delincuencia se ha cebado con los viajeros, a pesar de los
400 policías que han fueron enviados para mantener el orden. “Un noche los ladrones atacaron
seis camiones y coches y huyeron con 60.000 yuanes (unos 7.000 euros)”, afirmó la mujer de
una de las víctimas.
Estos atascos son sólo parte de un gran problema de tráfico que vive
China, primer comprador de vehículos del mundo, donde la venta de coches aumentó un 45 % en 2009. l
(DPA)



































