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El increíble mensaje de una mujer que sobrevivió al genocidio de Ruanda

A 20 años de una masacre tribal en Africa. Immaculée Ilibagiza viene a Rosario para contar cómo superó el horror de perder a su familia a manos de una tribu rival, y cómo pudo perdonar.

Domingo 25 de Mayo de 2014

Immaculée Ilibagiza tiene 42 años. Esta bella ruandesa de la etnia tutsi sobrevivió a un infierno y desde la pérdida más dolorosa, la de su familia, levanta por el mundo su mensaje de perdón, de concordia, de reconciliación.

El miércoles 28, a las 19.30, en el teatro Broadway (San Lorenzo 1223) Immaculée contará cómo pasó 91 días encerrada en un baño de poco más de un metro por uno y medio junto a otras siete mujeres para escapar de la demencia homicida de los hutus, una etnia rival, quienes llevaron a cabo uno de los genocidios más pavorosos del siglo XX, exceptuando el perpetrado por los nazis. En cien días de guerra civil murieron 800 mil personas (en su mayoría tutsis) según los cálculos más conservadores.

El estallido fenomenal (el último de tantos otros, en realidad) de esa república de Africa central que tiene once millones 500 mil habitantes, se desató el 6 de abril de 1994, cuando el presidente Jubenal Habyarimana, un hutu moderado, muere al ser derribado su avión por una facción hutu radical que le achacaba su tolerancia hacia los tutsis.

A los tres días se forma un gobierno integrado sólo por hutus, pero ya el país ardía. Immaculée tenía entonces 22 años y vivía en un pueblito del sur, Mataba, junto a sus padres (docentes) y dos de sus hermanos. Un tercer hermano estaba estudiando en un país limítrofe, que fue lo que lo salvó de las hordas que arrasaron el poblado.

Ella, ferviente católica, se refugió junto a otra mujeres en la casa del pastor Murinzi, protestante. Desde un baño, del que no pudo salir en tres meses y donde recibía un plato de comida sólo por las noches, sentía los gritos de quienes la buscaban para matarla: "Donde está Immaculée, dónde está esa cucaracha?". Quien gritaba era Felicien, un hutu con cuyos hijos ella había jugado desde pequeña, y que trató de matarla luego de masacrar a su padre Leonard, su madre Rose, y descuartizar a dos de sus hermanos, Damascene y Vianney, para quedarse con la casa y el terreno familiar.

A él perdonó Immaculée cuando comenzó a pacificarse la nación y lo tuvo enfrente, en la prisión que purgaba sus asesinatos. Y con ese perdón comenzó su prédica de concordia que la llevó a escribir dos libros que rápidamente se convirtieron en best sellers mundiales. También le valió el reconocimiento de los principales diarios estadounidenses.

Immaculée estudiaba en la Universidad Nacional de Ingeniería Eléctrica y Mecánica de su país y tenía 22 años cuando los escuadrones de la muerte hutus la sorprendieron en la casa de sus padres, a quienes había ido a visitar por la celebración de la Pascua, el 7 de abril de 1994.

El último título, "Sobrevivir para contarlo", editado por Ediciones Logos, narra en forma pormenorizada el horror insondable que la rodeó el levantamiento hutu, que fue aplastado el 19 de julio de 1994 por el fundador del Frente Patriótico Ruandés, Paul Kagame, quien con tutsis expatriados tomó el poder y expulsó a los genocidas. El gobierno hutu se refugia en Zaire junto con dos millones de la misma etnia.

En cien días, entre abril y julio de 1994, fueron asesinadas más de 800 mil personas, muchas a golpe de machete, y entre ellas, unas 500 mil mujeres que antes habían sido violadas. En noviembre de ese año la ONU creó el Tribunal Penal Internacional para Ruanda. La última condena que impuso el cuerpo recayó en marzo de este año sobre el ex capitán hutu Pascal Simbikangwa a 25 años de prisión por complicidad de genocidio.

Immaculée salió de su largo encierro del baño (cuya puerta estaba tapada por un ropero) donde convivió con otras seis mujeres en un espacio donde apenas podían estar paradas, sin usar la ducha para permanecer en completo silencio. Se sentaban por turnos y vaciaban el inodoro en contadas ocasiones para no ser escuchadas desde afuera de la casa. Immaculée pesaba 32 kilos. Había entrado a ese cubículo con 52.

A raíz de los horrores vividos, se unió a las Naciones Unidas. Cuatro años más tarde se mudó a Nueva York. En 2006 escribió "Sobrevivir para Contarlo: Descubrir a Dios en Medio del Holocausto Ruandés", y el mundo pudo llegar a comprender qué había pasado durante un genocidio olvidado, peor aún, ignorado.

La escritora ruandesa sigue trabajando para las Naciones Unidas en Nueva York, donde se casó con Bryan Black, tuvo dos hijos, Nikeisha y Bryan Junior, y vive en Long Island. En septiembre tendrá una audiencia privada con el Papa Francisco. Sobre sus memorias, que inició con su libro "Guiada por la fe", Immaculée recordó que se decidió a plasmarlas en el papel tras conversar en sus oficinas neoyorquinas de la ONU con distintas personas que le expresaban sus problemas. "Me hace feliz ver cómo inspira a la gente la vida de mis padres, muertos hace 20 años. Me alegra saber que mi historia inspira a otros a perdonar", aseguró.

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